Yao Ming: 38 años y un legado corto pero inmortal

es dos meses y seis días más joven que Pau Gasol. Sin embargo, mientras uno emboca su decimoctava temporada en la NBA, el otro lleva más de siete años retirado del baloncesto; un fin apresurado que, por otra parte, le ha servido para que diera carpetazo, hace apenas dos meses, a sus estudios de grado en Economía por la Universidad Jiao Tong de Shanghai.

Asco de lesiones.

A día de hoy puede ser sostenible el debate de hasta qué punto Ming es merecedor de haber ingresado en el Hall de la Fama —no llegó ni a las ocho temporadas—; pero hay algo que sí está fuera de toda discusión: el pívot fue dignísimo número uno de su promoción.

Cierto es que el de 2002 es de los Draft más mediocres en lo que llevamos de siglo, pero no lo es menos que Ming hubiese estado inmerso en conversaciones de top-3 en cualquiera de los últimos dieciocho.

La competición jamás había presenciado algo así. Un 7,6 pies (2,29 metros) con una movilidad, técnica, agilidad y fundamentos sobrenaturales para alguien de su tamaño. Y por si fuera poco, chino.

2002: la NBA abre sus puertas

Con el anticipo de su llegada, la prensa NBA se dedicó a vomitar durante semanas un alud de titulares baloncestísticos, biológicos y mediáticos, de una magnitud colosal. Yao abría las puertas de las canchas norteamericanas al mundo internacional como nadie antes había logrado.

Su impacto fue, mire desde donde se mire, como él. Gigantesco.

Y eso que el prólogo amenazaba con torcer el que estaba destinado a ser un glamuroso guión. Tres años antes de responder a los cantos yanquis de sirena, Yao empezaba a pagar, desde muy temprano, el precio de su inusual envergadura. Segunda rotura del pie con tan solo 19 años. Esta segunda lesión lastraba enormemente su físico, haciéndole perder, de por vida, hasta 14 centímetros de elevación en su salto vertical. Pero ni esto frenaría su creciente cartel en USA.

Los fueron los agraciados con el número 1 de aquel Draft 2002, y decidieron que gastarlo en Yao –también con el presunto condicionante de que ser ‘Nº1 del Draft’ era condición sine qua non para que la CBA permitiera al center salir del país– era la mejor decisión.

Yao y McGrady: un combo efímero y disfrutón

Houston daba la bienvenida a Yao con una esperanza harto imposible: que sustituyera a quien bailase en su pintura durante los 17 últimos años: Hakeem Olajowon.

Desde luego jamás lo hizo, pero el singular y poco ortodoxo tándem que formó con Tracy McGrady, aunque nunca triunfó más allá de la RS (estrellados una y otra vez en primera ronda de playoffs), regaló noches preciosas e irrepetibles a los aficionados de cualquier equipo.

En 2011, tras más de un año inactivo y aplazando lo que todos temían oír y leer, Yao copaba, por última vez, las portadas de los diarios deportivos. La Gran Muralla se retiraba del baloncesto.

Como tuvo a bien recordarnos Ramón Trecet hace un tiempo, la misma lesión que negó a Joel Embiid el número 1 del Draft fue la que terminó de retirar a Yao. Hasta lo más pequeño puede cambiar el curso del futuro.

Gigante, fino y elegante

Por el camino, un álbum plagado de reconocimientos y varias grandes actuaciones. Entre ellas, rescatamos aquel Game 1 de 2009, ante Los Angeles Lakers, en las que fueron sus únicas semifinales de conferencia. Capaz de hacer frente, no en solitario pero si como indiscutible líder, al mismísimo Kobe Bryant en todo su prime, en un sensacional duelo de altura y que sería el primero de una espectacular serie de siete partidos.

Ni Pau Gasol ni Andrew Bynum lograron ser rivales en las entrañas del aro. 28 puntos, 10 rebotes y 2 tapones. Imprescindible en pista aquella noche para su entrenador, Rick Adelman, quién le mantuvo en ella durante 40 minutos.

De Yao no solo sorprendía lo evidente. A su tamaño, monstruoso, unía un variopinto arsenal de recursos, opuestos a lo esperado en alguien de su condición y fuerza.

Yao era fino, elegante y archimaestre en pista. El fake, el gancho, la bandeja, el jump shot y el fade away eran movimientos habituales en el libro actuaciones del pívot de los Rockets.

Sus mates, cuando los ofrecía, mostraban su otra cara, la feroz, de un jugador que cuando la situación lo demandaba, también era capaz tirar de genética.

Si había que batirse las castañas al poste con Shaq, pues se hacía. Aceptar el duelo ante el jugador más dominante del planeta y no salir humillado en el cruce, ya era toda una hazaña.

Un fijo en el All-Star Game

Yao Ming, posiblemente y en aras de la verdad, fue considerado en todo momento más grande (incluso) de lo que realmente era.

Llevado en volandas desde que el parquet y la prensa lo dieron a conocer, la maquinaria propagandística, amparada en su país de origen, funcionó a la perfección; las titularidades en el All-Star (ocho) se sucedieron sin descanso.

Por aquel entonces las votaciones ya estaban abiertas al público de todas partes, y como decía Andrés Montes: “Hay mucho chino en China”.

En el cofre del botín, entre otros éxitos, debemos depositar también su presencia en el Quinteto de Rookies (tarea sencilla), tres apariciones en el Tercer Quinteto de la NBA y una (2007) en el Segundo.

Todo ello aderezado numéricamente por 19 puntos, 9,2 rebotes, 1,6 asistencias y 1,9 tapones en una trayectoria que no alcanzó la década pero que dejó una huella imborrable, inmensa e imprescindible para las generaciones venideras, tanto de EE.UU como de las cuatro esquinas del Atlas… y un dorsal ’11’ pendiendo, at eternum, de la bóveda del Toyota Center.

Imprescindible

Muchos no quisieron dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas palabras en el día de su adiós.

David Stern: Yao es un testimonio de la globalización de nuestro juego. Su juego dominante y su conducta entrañable, junto con sus esfuerzos humanitarios llevados a cabo, han hecho de él uno de los jugadores favoritos entre los fans internacionales, proporcionando un puente extraordinario entre los aficionados al baloncesto de Estados Unidos y China“.

Kobe Bryant: “Con Yao comenzó la apertura de puertas para muchos jugadores chinos cuyo sueño es jugar en la NBA“.

En 2016, en compañía de Allen Iverson y el propio Shaquille O’Neal, condicionaba el encuadre y posaba para la foto en el día que accedía al Olimpo del baloncesto. Hall of Famer. Porque sí, porque sobran los motivos. Yao Ming, enorme jugador, mejor persona. Embajador mundial y grato miembro del Hall de la Fama desde 2016. Feliz 38 cumpleaños.