Andre Ingram: premio a toda una carrera en la G League

A sus 32 años y después de toda su carrera en la G League, lo que menos esperaba Andre Ingram era que en la entrevista final con los South Bay para cerrar su 10ª campaña en la temporada le fuera a suceder lo que le pasó. Y lo que le sucedió es que los , los de verdad, los de la NBA, tenían uno de los detalles más grandiosos del año. La entidad californiana convertía la reunión de fin de curso de Ingram en una firma de un contrato hasta el final de temporada con los angelinos.

Ingram y la G League, sinónimos

Licenciado en 2007 la American University, Ingram dio el salto a los Utah Flash ese mismo año. Empezaba su andadura en la entonces llamada D-League, territorio que una década después domina a la perfección este escolta de Virginia, un jugador anónimo para muchos pero que entre su estancia en Utah y en el vinculado de los Lakers, primero con su denominación de D-Fenders y luego con la actual de South Bay, llegó a hacerse un nombre en la liga menor que vive a la sombra de la NBA.

Precisamente la NBA, el sueño de ir allí fue el que abortó posibles fichajes del escolta por equipos del extranjero en sus primeros días como profesional. Profesor eventual de cálculo durante los veranos para completar salarios que rara vez superaban los 20.000 dólares anuales, Ingram se quedó en California en lugar de mirar hacia el extranjero. De hecho, en su currículum solo hay un experiencia fallida de apenas unos días en Australia, allá por 2016. El resto de su vida profesional, casi al estilo de otros mitos como Renaldo Major, se lo ha pasado en la G League. Si bien es cierto que el caso de Major es diferente, porque a él le llamaron de la NBA (1 partido) relativamente pronto dentro de su carrera profesional, Ingram supo aguantar el momento, la década que ha transcurrido desde su debut en la 2007-08 hasta la llamada de los Lakers.

En todo ese tiempo, que incluye tres duelos de la extinta Orlando Summer League 2009 con los Jazz, ha podido convertirse en el máximo anotador de triples de siempre de la competición (713), en el quinto máximo anotador (3.901 puntos), en el segundo con más partidos (384), solamente por detras de Major, y en el ganador de dos Concursos de Triples, el de 2010 y 2016. En el afiliado de los Lakers desde 2012, no ha tenido siempre una presencia continuada en el equipo, con apariciones y desapariciones. Incluso así, acumula casi 400 partidos en la G League, que para muchos es un torneo de paso pero que él convirtió en su hogar.

Una llamada inesperada

Así que seguramente Ingram no esperase nada de lo que le venía cuando fue a charlar con Koby Carl y compañía para cerrar el curso. Fue ahí cuando el GM de los South Bay Lakers le dijo que el contrato era suyo, con los Lakers, que le firmaban un par de días, justo los dos últimos de la Temporada Regular. Deportivamente, para la franquicia, nada serio, un favor y un gesto a alguien que siempre ha estado ahí y que si todo va bien tendrá sus primeros minutos oficiales, y quizá únicos de siempre, en la NBA. Ante los Rockets o ante los . O en ambos.


El vídeo habla por sí solo. Y los Lakers, por cierto, han sabido vender la historia como tiene que venderse. Es el premio a toda una vida, el esfuerzo para un jugador que quizá no tenga ya el nivel para jugar de forma continuada en la NBA, pero al que los Lakers han querido premiar con un contrato, un puñado de dólares (unos 14.000, más o menos la mitad del contrato máximo anual  para un jugador de la G League, sin contar los contratos duales) y la ocasión de jugar con los Lakers. A , Rob Pelinka y no les costaba nada tener ese gesto. Y quizá de ello puedan construir algo. Nunca se sabe. Sea como sea, para Ingram es el sueño de toda una existencia. Y seguro que lo disfrutará. Porque lo merece.