C.J. McCollum sentencia un gran final entre Mavs y Blazers

La breve jornada NBA del martes tuvo su momento cumbre en Dallas. Dos rivales directos por el disputado octavo puesto del Oeste, el último que daría acceso a playoffs, tuvieron que esperar casi hasta la bocina final para decidir ganador. Dos triples de dieron ventaja a los Mavs, pero un otra vez decisivo decantó el duelo para Portland por un apretado 113-114.

Roles definidos


Hasta entonces, el partido no había sido especialmente brillante, con ambos equipos mostrando en ocasiones su potencial, y en otros porque siguen sin tener nada clara su superviviencia más allá de temporada regular. Eso sí, al menos sus principales referentes funcionaban. Los Blazers se agarraban a McCollum (32 puntos) y Damian Lillard (29), mientras sus interiores aprovechaban las debilidades en la pintura de Dallas (18 rebotes ofensivos de Portland por 2 de sus rivales).

Los Mavs, por su parte, se sobreponían a las excesivas segundas oportunidades permitidas a Portland con sus líderes habituales de las últimas semanas. Harrison Barnes (26 puntos) y Wesley Matthews (23) volvieron a ser los ejes del ataque de Dallas, con apariciones de un Dirk Nowitzki que va recuperando la forma física tras empezar entre algodones la temporada. El ala-pívot terminó con 25 puntos en 30 minutos, y dejando lo mejor para el final.

El gran final de McCollum y Nowitzki


El último minuto de partido fue una delicia, con 15 puntos anotados entre ambos equipos. Dos impecables triples de Dirk Nowitzki, incluyendo uno a solo 3 segundos del final, separados por una entrada a canasta de Devin Harris, ponían por delante a los Mavericks. Pero C.J. McCollum respondió a cada golpe sin miramientos. El escolta metió 7 puntos sin fallo en el minuto final, y dejó la sentencia con décimas de segundo por jugarse.

McCollum superaba la pegajosa defensa de Yogi Ferrell, en su primer partido tras renovar por dos años, y se marchaba hacia la canasta, flotando el balón desde la línea de tiros libres hasta caer mansamente en el aro de los Mavericks. Sin tiempos muertos, Devin Harris tuvo que intentar una canasta a la desesperada desde su propia cancha que se quedó lejos de entrar. Los Blazers conseguían así asaltar Dallas y acercarse un poco más al octavo puesto del Oeste, actualmente en posesión de Denver.


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