Cavaliers: 180 segundos de sequía que pueden costar un título


Durante 45 minutos de partido, Cleveland pareció conjurar con éxito el recuerdo de 2016. Tras perder también entonces con contundencia los dos primeros partidos en Oakland, los Cavs se impusieron en el tercer duelo, lo cual serviría como impulso para ganar los tres últimos duelos de la serie y lograr el campeonato. Pero, esta vez, los Warriors salieron victoriosos. Tener a Kevin Durant fue un factor importante, pero fue la devastadora sequía ofensiva sufrida por los Cavaliers la que costó un partido y, quizás, sus opciones de revalidar título.

Esperanza rota

A 3:09 minutos del final, J.R. Smith anotaba su quinto triple del partido, colocando a sus Cavs con un 113-107 favorable. Era un simbólico momento de lo que había sido el partido. No solo LeBron James y Kyrie Irving rozaban los 40 puntos cada uno, sino que secundarios como el propio Smith o Kyle Korver daban un paso adelante necesario en partidos anteriores. Sumado a una defensa más física y efectiva, Cleveland soñaba con merecimiento con el triunfo y, al menos, evitar la barrida.

En la siguiente posesión, Kevin Durant fallaba un triple. Era el mejor momento para el equipo de Tyronn Lue, con todo a favor para consolidar el triunfo. Y fue aquí el principio del fin. Desde este momento, los Cavaliers fallaron todo lo que intentaron: 0/8 en tiros de campo (0/5 en triples, 3 de ellos desde las esquinas), además de 1 pérdida de balón. Los tres rebotes ofensivos recuperados, dos de LeBron James y uno de Kyrie Irving, no sirvieron de nada.

Tres minutos de contraste

Cleveland había pagado el gran desgaste del resto del partido, con LeBron James quizás notándolo de forma especial. En lo que llevamos de Finales, el alero ha promediado al menos un 70% de acierto en tiros de campo en los primeros dos cuartos de partido. Tras el descanso, sus porcentajes se hunden a 40% en el tercer cuarto y a 36,4% en el último. Sin un LeBron al 100%, sobrevivir a estas alturas y ante este rival es misión imposible.

Por contra, todo funcionó en los Warriors. 11 puntos anotados, con 3/3 en tiros de campo (incluyendo un triples) y 4/4 en tiros libres, sin pérdida alguna de balón. Los anotadores fueron los esperados: Kevin Durant (7 puntos) y Stephen Curry (4). Tener a los dos anotadores puros quizás más letales del planeta, combinandose para 62,7 puntos en lo que llevamos de Finales, volvió a ser un lujo que Golden State no desaprovechó.

Sin tiempo de recuperación

Si el cansancio fue un factor en este partido, el calendario no ayuda a Cleveland. Por primera y única vez en esta serie, solo habrá 48 horas entre partido y partido, con el Game 4 disputándose este mismo viernes. Si bien poder descansar en casa ayudará a LeBron James y a los Cavaliers, la exigencia será mayor sin margen de error. Si hubo una dolorosa lección a extraer del tercer duelo de las Finales, es que 45 minutos de gran baloncesto son insuficientes frente a estos Warriors.

 


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