Chandler Parsons: “Tenía muchas expectativas y presión; cualquiera en su sano juicio habría firmado ese contrato”


Un jugador capaz de poner en jaque todo un proyecto ganador y hasta de terminar obligando a desmontarlo. No por lo que hiciera sobre la cancha, sino más bien lo contrario, por lo mucho que se le echó de menos dentro de ella. 95 millones de dólares por cuatro años firmó Chandler Parsons con los Memphis Grizzlies en el verano del 2016, acuerdo que terminó por buscar la ruina deportiva tanto al jugador como a la franquicia con el paso de los años; y contrato que este curso verá sus últimos tramos hábiles dado que expira en junio del año 2020.

Los Grizzlies tuvieron que desmoronar su proyecto debido a la imposibilidad de tirar para adelante con un contrato de 25 millones anuales colapsando su presupuesto año sí y año también. Y él, Parsons, resolvió su vida y la de su futura descendencia en los despachos pero en la pista se dejó ver bastante poco. Según él mismo, las expectativas y la presión arruinaron aquel alero bastante cumplidor que pasó por Dallas y por Houston antes de mudarse a Tennessee para diluirse por completo.

“Tenía muchas expectativas y mucha presión sobre mí. Y no he sido el jugador más sano de la Liga. Creo que si pudiera llegar a un equipo el año que viene a través de un contrato positivo, cambiaría totalmente la opinión de los fans, de los medios y de todo sobre mí. Le ha pasado a muchos jugadores. Dwight Howard en un contrato máximo fue horrible. Dwight en un contrato provisional está fenomenal. O alguien como Andre Iguodala, si es que va a los Lakers por el mínimo, será un valor enorme para la gente y le van a adorar. Así es como funciona. No tengo queja sobre eso. He jugado a baloncesto en la NBA. Todavía pienso que puedo mostrar que puedo jugar. Todavía soy joven. Debería estar en mi prime. No estoy preocupado por ello. Solo quiero jugar”, podía declarar Chandler Parsons en una entrevista exclusiva para el portal Hoopshype.

No puede ser más curioso el caso de Parsons. De prometedor alero pasó a estrella incipiente. Un par de años decentes (tres como mucho) y a partir de ahí cuesta abajo y sin ningún tipo de frenos. Desde su llegada a Memphis, rendimiento pobre, lesiones importantes o hasta cierta fama en las escaramuzas nocturnas arruinaron su buena prensa en la NBA. Y sin duda, su paso por la Liga será recordado por la caudalosa cuantía de sus servicios firmados en 2016.

“Todo el mundo con un mínimo de cerebro en mi situación habrá firmado ese contrato. Es gracioso. La gente que me critica, si hubieran estado en mis zapatos o si lo hubiera estado su hijo, hubieran hecho lo mismo. ¿Debería haber predicho que me iba a lesionar y tenía que haber cogido la mitad de ese dinero? Eso es psicótico. Creo que lo mío fue mala suerte por el físico. Creo que estaba en el camino de ser un muy buen jugador. Pero la gente es juzgada por su salario y entiendo eso, que así es como funciona. Estaba fuera de mi control, como las lesiones. Es estúpido que la gente eche bilis sobre eso. Cualquiera en su sano juicio habría hecho lo mismo”.

Este pasado verano llegó a Atlanta en un traspaso organizado por los Grizzlies. Aunque eran cantidades importantes, ninguna de las dos franquicias ganaba demasiado en el movimiento. Memphis obtenía los contratos de Miles Plumlee (le cortaron) y Solomon Hill a cambio del expiring de Parsons. Básicamente, los Hawks se quitaban dos contratos algo tóxicos de encima (12 millones cada uno) para poder liberar una plaza en su roster y apostar por más gente joven. El dinero adeudado en el salary cap antes y después del traspaso era el mismo en Georgia, lo único que cambiaba era que se quedaba un hueco libre para otro jugador. Así, tragaban con asumir uno de los perfiles más tóxicos de la NBA a cambio de poder albergar otro hueco.

No todo era malo, pues ese contrato tan terrible terminaría en una temporada y por ello en 2020 podrían reorganizar sus filas a base de bien, con mayor holgura.

Luego, en los Hawks Parsons es el único jugador que se beneficia de un máximo salarial pero el tercero que menos minutos ha jugado (43). Paradojas de la NBA, sus mercados veraniegos y el paso del tiempo.

Estancia en Atlanta

Esta temporada solo ha disputado cuatro encuentros y un promedio intrascendente de 10,8 minutos en cada uno. No cuenta para Lloyd Pierce, técnico jefe del equipo, y encadena un empacho de banquillo detrás de otro.

“Eso apesta. Obviamente, quiero jugar. Quiero ayudar. Estoy sano y tengo contrato, así que quiero mostrar que estoy a tope y que puedo jugar, que puedo ayudar a este equipo a ganar. Y al mismo tiempo, entiendo el objetivo que hay aquí y entiendo la operación (de su fichaje) y ese desarrollo. Así que solo me mantengo preparado. Como he dicho, estoy siendo un líder y un buen tipo de vestuario. Cuando quieran que juegue, estaré listo”, agregaba Parsons.

De qué juega ahora Parsons

Confianza en su juego no le faltará al bueno de Chandler cuando le llegue la oportunidad, si es que lo hace, a pesar de haber promediado nada más que 7,5 y 7,9 tantos por choque en las últimas dos campañas (en esta 3,5).

“Con estas alineaciones de ahora en la Liga, puedo hasta jugar de cinco. Podría jugar del dos al cinco. Puedo subir la bola, tirar, mido 6 pies y 10 pulgadas. No hay mucha gente que pueda moverse como yo en con esta altura. Soy alto, tío. En mi caso, lo malo siempre fue mi estado físico y ahora estoy más sano de lo que nunca estuve en mucho tiempo”, completaba Chandler Parsons.

La historia de cómo arruinar una carrera cuando lo mejor estaba por venir. Mala fortuna y gestión de los obstáculos las de Chandler Parsons, el alero de Florida que iba para anotador exterior de élite y quedó atrapado en un contrato por encima de su figura.

(Fotografía de portada: Kevin C. Cox/Getty Images)


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