El Rey James regala a Cleveland su primer título NBA

regresó a Cleveland con un objetivo: darle a la sufrida afición de los su primer campeonato NBA casi 5 décadas después de la fundación de la franquicia. Tras fallar en su primer intento en 2015 y ponerse con un 3-1 en contra en 2016, sus opciones parecían evaporarse. Pero de la mano de su monarca, los Cavs consiguieron una remontada única. Apoyado por un decisivo, LeBron James cumplió su promesa. En la cancha de los , terriblemente decepcionantes al final, Cleveland consiguió lo que llevaban soñando desde hacía varias generaciones. Su triunfo, por 89-93, rompía además cualquier duda sobre el puesto de LeBron James en el Olimpo de la NBA.

Igualdad casi absoluta

Antes de empezar el partido, hacía un último retoque a su quinteto inicial, saliendo con un pívot puro como y devolviendo a Andre Iguodala a su rol de sexto hombre. Un cambio con el objetivo de arrebatar el control de la pintura a . Pero, de nuevo, Cleveland se hacía fuerte por dentro, aunque lo ganado ahí se perdía permitiendo demasiados triples fáciles a los Warriors. LeBron James salía agresivo, pero sin la efectividad de los últimos partidos. Sin ningún equipo capaz de dominar fuera de sus recursos habituales mínimos, el primer cuarto terminaba con un marcador de 22-23 para Cleveland.

La energía de y desde el banquillo le dio un punto de efectividad extra para los Warriors al inicio del segundo cuarto. La igualdad continuaba pese a un colosal tanto en defensa como en ataque, compensado por un LeBron James que calentaba motores por Cleveland. Ambos jugadores, cuyo escaso amor mutuo era visible en cancha, convirtieron el segundo cuarto en un duelo particular de muchos quilates que Green llevó a su terreno. Los 22 puntos (5/5 en triples) del ala-pívot y un terrible 1/20 desde fuera de la pintura de los Cavs marcaban al descanso la aún escasa diferencia, 49-42 para los Warriors, con todo aún por decidirse en la segunda mitad.

En busca de héroes

Draymond Green fallaba su primer triple al abrir el tercer cuarto. Para desgracia de los Warriors, la inspiración desde fuera del arco la encontraba . Dos triples consecutivos del díscolo escolta lanzaban  los Cavaliers para devolver la igualdad al partido. El terrible partido de Festus Ezeli y Anderson Varejao castigaba la pintura de Golden State y Kyrie Irving, silencioso en la primera mitad, empezaba a hacer magia con sus entradas a canasta. Pero otra vez aparecióa un héroe para equilibrar el duelo, y Shaun Livingston, recordando brevemente su exhibición del primer partido, era el elegido por los Warriors. Su magnífica distribución y ejecución daba una diferencia mínima para Golden State a 12 minutos del final, 76-75.

A estas alturas, con las energías cada vez más escasas, ambos equipos necesitaban a sus estrellas. Kyrie Irving seguía agresivo aunque irregular en sus entradas a canasta, Stephen Curry aparecía de forma demasiado intermitente, y LeBron James acusaba el cansancio pese a completar su 7º triple-doble. En los minutos calientes, las defensas decidían. Curry quedaba ahogado en varias acciones tras bloqueo y conitnuación por un sorprendente , y James rompía la mejor oportunidad de Golden State de adelantarse con un tapón de antología a Andre Iguodala.

Irving y LeBron sentencian

Tras una racha de 4 minutos sin que ningún equipo anotara un solo punto, con empate a 89, Kyrie Irving anotaba la canasta más importante de las Finales y de su carrera profesional. Un triple magistral a 53 segundos del final ponía la puntilla al partido ante el atasco de unos Warriors que acabaron encogidos en el momento más importante de la temporada. LeBron James estuvo a punto de cerrar sus maravillosas Finales con un mate de antología sobre Draymond Green, aunque la jugada acabó en falta defensiva y con susto tras una mala caída. James anotó el tiro libre que sería, al final, la sentencia definitiva. La sequía de casi cinco minutos sin anotar de Golden State acabaría con todas sus opciones y Cleveland conseguía celebrar un campeonato, el primero de la historia de los Cavaliers.

27 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias. Con estos números, LeBron James completaba una de las Finales más espectaculares a nivel individual de la historia de la NBA. Su gran actuación se vio complementada con los 26 puntos de Kyrie Irving, incluido el triple que acabó siendo el que separaba a sus Cavaliers de los Warriors,  y los 9 puntos y 12 rebotes de un Kevin Love que firmó su mejor partido de las Finales. Por Golden State, el mejor partido de la carrera de Draymond Green (32 puntos, 15 rebotes, 9 asistencias) quedó sin premio, mientras que ni Stephen Curry (17 puntos) ni (14) acabaron marcando diferencias. La histórica temporada regular de los Warriors pasa a la historia con sabor amargo. Solo hubo un Rey y un MVP unánime en las Finales: LeBron James.

Los datos de la jornada

Mágico LeBron. Con su 27+11+11, LeBron James conseguía su séptimo triple-doble en Finales NBA, quedándose a solo uno de Magic Johnson (8) como el líder histórico en esta clasificación. Para entender la magnitud de este hito, los siguientes cinco jugadores de la lista, todos integrantes de pleno derecho del Salón de la Fama, no han pasado de 2: Bob Cousy, Bill Russell, Wilt Chamberlain, Wilt Frazier y Larry Bird.

La tristeza de Draymond. Si los Warriors aspiraron al título hasta el último minuto fue fundamentalmente gracias a un inmenso Draymond Green. El ala-pívot completó una de sus mejores actuaciones individuales de su carrera en el escenario más grande posible. Desde James Worthy en 1987, ningún otro jugador había alcanzado en un séptimo partido de Finales los 32 puntos, 15 rebotes y 9 asistencias que firmó Green.

El Game 7 cambia de tendencia. Cleveland ha conseguido que el resultado del séptimo partido de unas Finales deje de ser previsible. Las seis últimas veces que el título se decidió a vida o muerte, el equipo local había sido el campeón. Tras asaltar el Oracle Arena, los Cavs se convirtieron en el primer equipo que gana un Game 7 a domicilio para proclamarse campeón de la NBA desde los Washington Bullets de Wes Unseld en 1978 contra Seattle.


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