Un heroico Damian Lillard estropea la fiesta en Denver


Era noche de alegría en Denver. Dikembe Mutombo aparecía en el Pepsi Center para recibir el mayor homenaje: ver retirado su número en lo más alto del pabellón. Para honrar todavía más a uno de sus jugadores más emblemáticos, los Nuggets llevaron el uniforme emblemático de la franquicia durante los años 80 y 90, con el arco iris y la silueta de la ciudad con las Montañas Rocosas de fondo. Pero un indeseado invitado estropeó la fiesta. Damian Lillard tenía demasiada hambre de victoria como para permitir sonrisas en Denver.

Enchufado desde el principio

El base no tardó en dejar clara su presencia en Denver. Lanzados por su estrella, los Blazers dominaron durante gran parte de la primera mitad pese al buen trabajo del dúo balcánico interior de Denver formado por Jusuf Nurkic y Nikola Jokic. El juego ofensivo poco trenzado de los Nuggets sufría ante unos Blazers con las ideas más claras y que dominaban al descanso por 54-63.

Los locales necesitaban un empujón de moral para volver al partido, y Dikembe Mutombo apareció en escena.

Homenaje de gigante

El pívot congoleño recibía de la afición de Denver y la franquicia un sentido homenaje en honor a un jugador especialmente querido, parte vital de uno de los momentos más inolvidables de la historia del equipo como la serie de Playoffs ganada a Seattle (el mejor equipo del Oeste en temporada regular) en 1994. Quizás espoleado por la presencia de Mutombo, o quizás por unos Blazers adormecidos por el largo descanso, los Nuggets recuperaron aire en el tercer cuarto.

Reacción y contrarreacción

Al contrario que en la primera mitad, Emmanuel Mudiay se sintió cómodo en su duelo de bases con Damian Lillard. 13 puntos del compatriota de Mutombo (ambos nacieron en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo) le dieron la vuelta al partido. Denver pareció tener el partido encarrilado hasta los minutos finales, cuando la garra de los Blazers y un parcial de 2-11 mandaron el partido a tiempo extra. Una remontada culminada por un magistral saque de banda dibujado por Terry Stotts, asistido por Mason Plumlee y rematado, por supuesto, por Lillard.

Y el final fue dolorosamente parecido para los Nuggets. Nikola Jokic, quien acabaría con 23 puntos y 17 rebotes, abría un pequeño hueco para Denver, pero Portland reaccionaba. Primero a través de C.J. McCollum (23 puntos y 10 rebotes) y, al final, por el de siempre.

Tiempo de héroes

Damian Lillard tomaba el balón en la última posesión, aprovechaba un favorecedor emparejamiento con Kenneth Faried, y se marchaba como una exhalación a canasta para dejar una bomba explosiva en la ciudad más elevada de la NBA. Era la canasta del triunfo para rematar un partido de ensueño: 37 puntos, 7 asistencias, la canasta que forzó el tiempo extra y la definitiva que borró las sonrisas en una noche que debía haber sido solo para el gran Dikembe Mutombo


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