Kevin Durant lanza a los Warriors a la gloria

La magnífica trilogía entre los y los terminó con otro partido memorable. Un último cuarto glorioso de sentenció un duelo de gigantes a favor de Golden State, que logró en el quinto y definitivo partido el triunfo por 129-120. El gran fichaje del verano fue el factor diferencial para superar a Cleveland. , otra vez el líder de los Cavs de principio a fin, vio así como el trono de la NBA volvía a manos californianas.

Arranque de rachas


Solo tres días después de no poder adelantarse ni por un segundo en Cleveland, la cara de los Warriors fue diferente desde el principio. Agresivos y efectivos en defensa, y con un Oracle Arena más ruidoso que nunca, Golden State arrancaba con ventaja. Incluso Draymond Green y Klay Thompson, irregulares en ataque en los primeros partidos, parecían entonarse rápido con sendos triples.

Los Cavaliers, para colmo, perdían pronto a Kevin Love por dos faltas, maniatado por un Zaza Pachulia efectivo de salida en la pintura. Pero la reacción no se hacía esperar. LeBron James (41 puntos, 13 rebotes y 8 asistencias) salía también con la intensidad de las grandes noches, forzando un 0-9 que cambiaba la dinámica del duelo. Encontrando autopistas a la canasta y aprovechando errores de circulación de Golden State, Cleveland encontraba oro.

El temporal dominio del Rey


LeBron James seguía haciendo maravillas, anotando 12 puntos en los primeros 6 minutos de partido. Para contrarrestar, Steve Kerr colocaba más pronto de lo habitual su “quinteto de la muerte”, con Andre Iguodala en lugar de Zaza Pachulia. El experimento, pero, no tendría demasiado recorrido, con Klay Thompson y Kevin Durant también visitando el banquillo antes de tiempo con dos personales.

El buen trabajo de los reservas de Golden State, y de un que se echaba sin miedo el equipo a la espalda evitaba apuros. Con LeBron James tomándose un descanso, ambos equipos jugaban un small ball casi extremo, cerrando el primer cuarto con Kyle Korver y Matt Barnes como los jugadores más altos en cancha. Tras 12 minutos, otro marcador cargado de puntos iluminaba la serie, con un 33-37 para Cleveland.

KD le daba la vuelta

Al regreso de LeBron James tras su breve refresco, los Cavs volvían a parecer el mejor equipo. El devastador dominio de los Warriors en los dos partidos anteriores en Oakland quedaba en el olvido. Sin un ataque fiable, y sin poder detener la velocidad de James y de Kyrie Irving (26 puntos), Golden State fue por momentos un equipo menor.

Pero recuperar a Kevin Durant fue mano de santo para los Warriors. Su regreso coincidía además con el descanso de Irving y los minutos más humanos de LeBron James. Un parcial de 27-4 volvía a cambiar los papeles. El equipo de Steve Kerr recuperaba la iniciativa del marcador, el Oracle Arena volvía a ser una olla a presión, y los Cavaliers eran el equipo encogido y sin ideas. Tardó un partido y unos cuantos minutos, pero los Warriors letales de los primeros partidos de la serie habían vuelto a lo grande.

Momento de tensión


Un encontronazo entre David West y Tristan Thompson (resuelto con técnicas para los dos interiores y para J.R. Smith, también involucrado) recordaba la tensión entre ambos equipos. Pero nada desconcentraba ya a los Warriors, con sus mejores minutos desde sus duelos anteriores de Oakland. Con manos extremadamente activas en defensa, y con las piernas vertiginosamente rápidas en ataque, la diferencia amenazaba con llegar a cotas casi inalcanzables para los Cavaliers. Incluso Andre Iguodala (20 puntos) recuperaba sus mejores piernas a base de mates. Solo los triples de J.R. Smith salvaban los papeles para Cleveland, 11 abajo al descanso por 71-60.

Entre Kevin Durant y Stephen Curry sumaban 41 puntos, su máximo combinado al final de la primera mitad en estos playoffs. Un ritmo que los Cavaliers tenían que cerrar o al menos compensar tras el descanso. De primeras, el objetivo era recuperar a Kevin Love, quien se quedó sin anotar un solo punto en la primera mitad. Pero J.R. Smith (25 puntos, con 7/8 en triples) seguía ocupando su lugar como tercera espada. Con Kyrie Irving y, especialmente, LeBron James más frescos tras el descanso, la ventaja de los Warriors se reducía.

Ganando el duelo de banquillos


En un partido en el que los jugadores altos parecían en vías de extinción (JaVale McGee ni salió a cancha), Tristan Thompson (15 puntos y 8 rebotes) tenía su mejor partido de la serie. Su finalización en la pintura era impecable sin un pívot puro incordiándole. Los Cavs reducían ventajas, pero volvían a sufrir en las rotaciones. El efectivo banquillo de lo Warriors, con un espléndido Andre Iguodala de líder, mantenía las ventajas. De nuevo, tenía que ser J.R. Smith, con su quinto triple sin fallo de la noche, el que mantenía el partido vivo al final del tercer cuarto, con un 98-93 para Golden State.

LeBron James redujo pronto la ventaja a solo 3 puntos, pero Kevin Durant reaccionaba con contundencia. Espléndidos minutos del alero, ya apuntando a terminar la noche como MVP de las Finales, volvían a abrir hueco. Un soberbio pase sin mirar de Stephen Curry (34 puntos y 10 asistencias) a Klay Thompson asistía para abrir una diferencia de 10 puntos a menos de 8 minutos del final. Los Cavaliers necesitaban una chispa especial para alargar su temporada otro partido más.

La sentencia del MVP


Al borde del agotamiento, LeBron James seguía siendo el que empujaba a Cleveland, pero Kevin Durant (39 puntos, con un 14/20 en tiros de campo y 5/8 en triples) afilaba jugada a jugada la guadaña. La única de las estrellas presentes en estas Finales sin un anillo llegaba absolutamente motivado para ser campeon NBA por primera vez. Cerrando la mejor anotación de su carrera en Finales, el alero rompía el partido frente a unos Cavs definitivamente hundidos, sin más armas afiladas más allá de LeBron James.

Un 3+1 de J.R. Smith daba un poco de aire a los Cavs, pero la frontera de los 10 puntos seguía firme a favor de Golden State, ya controlando el cronómetro a su antojo. La actuación final de Kyrie Irving, el otro gran héroe de Cleveland en 2016, era una sombra de sus mejores momentos. Pese a algunos fallos finales de los Warriors, el campeonato no se iba a escapar de la Bay Area, que por primera vez desde 1974 (los Athletics de béisbol) celebraban un campeonato de grandes ligas en casa (los otros campeonatos se cerraron a domicilio).


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De nuevo a la cima


Un triple de Stephen Curry en el último minuto era la sentencia definitiva. Los Warriors se imponían por 129-120, en una de las finales más anotadoras de las últimas tres décadas. El viaje de Kevin Durant, MVP indiscutible de estas Finales, a la Bay Area quedaba más que compensado. Incluso ante un LeBron James superlativo, Golden State recuperaba el trono de la NBA con su segundo campeonato en tres años. El equipo diseñado para dominar el mundo cumplió su destino.


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