La marihuana, ‘una más’ en la carrera de Stephen Jackson

Pocos jugadores se atreven a hablar con tan alto grado de sinceridad y transparencia aún con sus carreras finiquitadas y su vida resuelta. Pero no ha tenido miedo a manchar su nombre, y a ello gracias nos volvemos más conscientes que nunca de una realidad que ha sobrevivido, ladina, oculta —o encubierta— en la clandestinidad de la NBA.

Es conocido que el control de estupefacientes es más laxo en la NBA que en otros deportes. Desde su persecución hasta la dureza de sus sanciones. Cada vez se estrecha más el cerco, pero hasta principios de siglo, comprobamos por el testimonio de Jackson, la liga era poco menos que una feria sin puerta de entrada.

Un cómplice en el banquillo

“Estábamos en Utah, y por allí andaban los controladores antidopaje. Era el último que debíamos pasar y lo pasamos. Así que Baron (Davis) y yo empezamos a celebrar que por fin podíamos fumar hierba. Hasta nos chocaba la mano. Sí, era cojonudo que él supiera también lo que hacíamos fuera de la pista. Por eso éramos un gran equipo”.

Jackson coincidió con con Nelson —aún más mítico como entrenador que como jugador— en los Golden State de 2007 a 2009. En su primera temporada en Oakland, Jackson cuajó uno de los mejores años de su carrera deportiva y sus mejores playoffs de siempre, en los que promedió 19,9 puntos por partido. Esas caladas de más no lograban adormecer el juego del alero.

“No puedo hablar por nadie más que por mí. Hice muchas gilipolleces antes de los partidos y todavía era capaz de salir ahí y ser productivo. Más de una vez me presenté fumado y jugué de maravilla. Igual que otras, que estaba en el banquillo con todo el subidón y me decía ‘eh, cálmate, esto tiene que bajar un poco’, salir y lanzar un triple por encima del tablero y así, la verdad, vaya si me tenía que bajar”.

Un relajante “necesario”

¿Cómo de frecuente? ¿A qué escala de normalizado estaba el el consumo de hierba? La repuesta varía mucho en poco más de una década. El contexto, lo exhaustivo de los controles, ha cambiado radicalmente.

“Escucha, en el baloncesto [de ahora] no hay drogas ni esteroides ni nada de eso”, explica el jugador. “Por mi experiencia en la liga os diré que en mi época ha habido más jugadores que fumaban de los que bebían. Pero hubo un tiempo en el que todos fumaban. Cuando llegué a la liga, sólo había un test de drogas, y lo hacían al principio, en el training camp. Sabías cuando iba a tener lugar. Y luego podías fumar el resto de la temporada. Aquello eran buenos tiempos”, recuerda con añoranza —y dudosa moralidad— el tejano.

“Muchos chicos lo hacen porque es la mejor manera de relajarse”, continuó. “Tomas muchas cosas para aguantar el ritmo de partidos, y a los chicos no les gusta tomar todas esas píldoras y esos medicamentos de receta. Vete a casa y fuma en condiciones, colega. Y dormirás bien.”

Los tiempos cambian

Ya nada volverá a ser como antes, que nos cantaba El Canto del Loco. La barra libre cada vez está más cerca de cerrar. Lo vimos la temporada pasada con Mitch McGary, mientras que O.J. Mayo, se pasará al menos dos años sin pisar la NBA debido a ser delatado por un control de drogas. Los tiempos han cambiado, Beasley lo sabe; Jackson lo sabe.


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