Los Lakers se apuntan el primer punto de las Finales tras arrollar a Miami


No hubo apenas interés. O mucho menos emoción. Y ya no hablemos de constantes cambios de liderato o un final apretado. Quien esperaba un interesante e igualado arranque de las Finales de la NBA deberá esperar, como mínimo, al Game 2. Porque el primer partido de la serie solo tuvo un color. Más bien dos: el oro y púrpura de la camiseta de los Lakers. La franquicia angelina aplicó un duro correctivo (98-116) a los Miami Heat en el duelo que abrió una eliminatoria inédita hasta la fecha. Una seria advertencia que ahora tendrán que digerir, interpretar y contrarrestar los de Florida si quieren mantener su llama intacta más allá del cuarto encuentro. Eso sí, el duelo terminó siendo bastante accidentado para sus intereses.

La primera gran batalla de estas Finales se dividió en pequeñas confrontaciones más delimitadas en forma de capítulos internos de la misma. Quienes asumían que los primeros minutos serían una muestra de cómo medir fuerzas se llevaron una gran decepción. O una alegría, según se mire.

El partido dio comienzo a un ritmo muy alto en el que se empezaron a vislumbrar los primeros movimientos de la partida de ajedrez que han planteado Frank Vogel y Erik Spoelstra. El técnico de Miami concentró inicialmente en Jae Crowder la defensa de Anthony Davis y se confirmó el duelo estelar entre Jimmy Butler y LeBron James.

Por su parte, el head coach angelino salió con Dwight Howard como ‘5’ pero rápidamente se vio obligado a modificar el planteamiento. Adebayo aprovechó este emparejamiento para castigar desde la pintura, ya sea organizando el juego o ejecutando el mismo. Los Lakers no respondían en defensa y las rápidas manos de Miami para cortar las líneas de pase y neutralizar los balones a la pintura les permitía responder con rápidas transiciones. Los Heat tomaron el control rápidamente y un parcial de 13-0 hizo saltar las alarmas.

Inmediatamente, Vogel situó a Davis como único hombre alto y echó mano de la segunda unidad para revertir la situación. Rajon Rondo, Alex Caruso y Kyle Kuzma insuflaron vida a su equipo mientras LeBron contemplaba la reacción de su equipo desde el banquillo. Caldwell-Pope redujo las distancias con dos triples consecutivas y dos faltas de Adebayo permitieron a Davis (34 puntos y 9 rebotes) campar a sus anchas por ambas zonas.

El ritmo frenético de los primeros minutos dio paso a un segundo cuarto de un mayor trabajo de desgaste y una mayor concentración. Los constantes cambios defensivos limitaban la aportación anotadora de LeBron, quien se dedicó a cumplir funciones de playmaker junto a Rondo. El propio Rondo, junto a Caruso, mantenían a raya a Tyler Herro, conocedor de su potencial de fuego. Una artillería que sobraba en Los Angeles. Los Lakers sumaban sin cesar desde el perímetro –un 11 de 17 en triples al descanso– mientras Anthony Davis mantenía su trabajo de desgaste en la pintura. Y con ello el dominio del rebote. Así, la férrea insistencia de Jimmy Butler (23 puntos) y los fogonazos de Jae Crowder fueron insuficientes para evitar que Miami afrontara el paso por los vestuarios 17 abajo (65-48).

Los Lakers aumentaron la intensidad tras al descanso, decididos a finiquitar la velada cuanto antes. El aro rival recibía los triples angelinos como si fuera una piscina y la asfixiante defensa de Frank Vogel desmanteló por completo la ofensiva de Miami. El técnico potenció el dominio interior con un Howard ahora sí determinante y entre LeBron James (25 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias) y Anthony Davis continuaron el asedio hasta rebasar los 20 puntos de diferencia. Los Heat no eran capaces de generar con cierta regularidad y en defensa no ofrecían resistencia. Por si fuera poco, una lesión en el pie apartó del encuentro a Goran Dragic. El mismo camino seguiría Adebayo poco después por unas molestias en la mano. En apenas unos minutos, los de Erik Spoelstra perdían a sus dos principales catalizadores ofensivos.

“Estos Heat no son los del otro día. Nos los han cambiado”, afirmaba el periodista Guille Giménez a mediados del tercer cuarto después de que los Lakers superaran la barrera de los 30 tantos de ventaja. Sin referentes de peso en la pintura, ahogados por la defensa rival, asediados en transición y sin dos de sus principales jugadores, Miami intentó mantener la compostura y su juego habitual mientras miraba de reojo al reloj. Por su parte, los Lakers levantaron el pie del acelerador y Vogel ofreció unos valiosos minutos de descanso a sus estrellas.

Los últimos doce minutos se convirtieron en un mero trámite del que solo Kendrick Nunn sacó partido para maquillar el resultado. La serie es muy larga y quizá este doloroso varapalo pueda ser interpretado como un pequeño borrón puntual que sirva como revulsivo. Los Heat tienen ahora dos frentes abiertos: qué ajustes hacer y qué ocurrirá con los jugadores tocados —Jimmy Butler también terminó con problemas físicos—. Mientras tanto, LeBron James, Anthony Davis y compañía han dado el primer paso hacia el 17º campeonato en la historia de la franquicia angelina. Eso sí, tras un partido muy raro dentro de una burbuja ya de por sí bastante insólita.

(Fotografía de portada de Kevin C. Cox/Getty Images)


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