¡Mágicos playoffs! Orlando da la primera sorpresa

Partido reñido y disputado en el que la Cenicienta salió como la reina del baile

Si durante la rueda de calentamiento os hubiesen pedido que eligieseis a un jugador de entre los diez titulares para que se erigiese en héroe del noche… ¿qué nombre, en vuestras cabezas, habría sido el primero a descartar? Os digo el mío. El de .

Y es que esto acaba de empezar y ya van dos de dos. Segundo revés (victoria de los Nets en Philadelphia) y primera gran sorpresa (104-101), estadística y baloncestística, de estos playoffs. Quizás hemos pasado demasiado por alto el hecho de que los Orlando vienen de cuajar una segunda vuelta sensacional. Y que han ganado doce de sus últimos quince partidos en una remontada increíble para hacerse con el séptimo lugar. El equipo de Steve Clifford es una fantástica sorpresa, sí, pero no es una casualidad. Y hoy han demostrado que no están en Canadá por turismo.

El encuentro se resume en una primera mitad preciosa, un tercer cuarto pegajoso y lento y un último periodo de los que hacen afición. Cuando todo indicaba que la vitola de héroe se la ceñiría su auténtico dueño, esto es, , (25 puntos) con dos canastas de MVP, llegó D.J. Augustin con un triple de los de ice in his veins que dejaba el Air Canada Center mudo, y a Leonard con 3,5 segundos por delante para mandar el encuentro a la prórroga.

Pero el papel de héroe no volvería a cambiar de bando. La defensa fue buena, el tiro precipitado, y Orlando ya sabe que la eliminatoria viajará rumbo a Florida con un 1-1 en el peor de los casos.

Sin un dominador claro

La velada empezó con un Fournier nervioso (fallando una bandeja fácil y regalando un par de veces la posesión al rival) y con lo que prometía ser un precioso duelo de marcajes individuales: por un lado el de Paskal Siakam frente a Jonathan Isaac (qué partido el de ambos), y por otro la refriega en la pintura y sus aledaños a cargo de Nikola Vucevic y Marc Gasol (enorme defensa del segundo, recordando a su año de DPOY).

Pero entonces a Fournier dejaron de temblarle las manos y DJ Augustin, –bien acompañado y suplido toda la noche por un Michael Carter-Williams trabajador (y al que cuando lo flotaron, la enchufó)– empezó a entrar en calor… y conforme avanzaron los minutos aumentó su descaro. El base, que cuenta a sus espaldas nada menos que ocho equipos en once temporadas, disputó, cual líder de vestuario, uno de los mejores partidos –por la trascendencia del mismo– de su carrera: 25 puntos, 6 asistencias y un 4/5 en triples, incluyendo el definitivo clutch.

No obstante el partido fue un toma y daca continuado, a pesar de las brechas no tan pequeñas que se abrieron en el marcador.

Mediado el segundo cuarto, los triples empezaron a entrar uno tras otro en el aro de los , y los Magic llegaron (con un parcial de 15-0) a ponerse 16 arriba. Acto seguido, tres acciones exitosas de los locales permitían afrontar el descanso con cierto desahogo (ocho abajo), y a la vuelta salieron mucho más concentrados que su oponente. Parcial de 12-0 y el mando de nuevo en su poder. Pero entonces los Magic lograron adormecer las posesiones y lograr su objetivo: entrar en los 12 minutos finales vivos… para salir coleando.

Ni sexto hombre ni base titular

El partido sólido de todos los titulares de Orlando –doble doble (10/10) de Aaron Gordon– pudo sobreponerse al horripilante de su mejor suplente, Terrence Ross. Si Guille Jiménez nos escupía, durante la retransmisión, el dato que reconocía a Ross como el suplente con más triples de la historia de la regular season (217… ninguno había superado los 200 hasta ahora), hoy se notó que la postseason, efectivamente, ya no contaba para el récord. 1/5 en triples y 2/11 en tiros de campo. Precipitado, mala selección (bien punteado siempre), y terco en la ejecución.

Si en Orlando Ross fue la cruz, Kyle Lowry fue para Toronto… el canto de la moneda.

El base, reminiscencia, emblema y survivor de un conjunto que tiene demasiado frescos los seis últimos fiascos en playoffs, recordó, en una versión más negra que nunca, al de las últimas postemporadas. Si bien no estuvo mal en la dirección, en acciones directas no dio pie (ni mano) con bola. Superado en cada 1vs1 frente a Augustin, fue incapaz de devolvérsela en ataque ni una sola vez. Cero puntos y 0/7 en tiros de campo.

Y decimos que fue el canto porque a su pésima actuación personal, le acompañó un balance en el +/- que desvela que, si bien todos los demás titulares cerraron el encuentro con balance negativo, él fue el único que sobresalió y con un +11 nada menos.

Las defensas ganan la partida

Son los playoffs. Donde los bloqueos se endurecen, los rebotes se disputan como los caramelos en las cabalgatas y las defensas se aplican con el doble de intensidad.

Por parte de Toronto faltó movimiento, con el balón siendo amasado en ocasiones demasiado tiempo bien por Kawhi, bien por Lowry o bien por Siakam. Sólo cuando Gasol acudía al poste alto el balón circulaba con mayor fluidez; pero las constantes ayudas en defensa (por ambos lados) se impusieron a la velocidad de pase; apenas pudimos presenciar un misero pick and roll.

El acierto desde el triple terminó siendo determinante, y el 48,3% visitante frente al 33,3% local hizo que el mayor dominio en la pintura de los Nick Nurse terminase inerte.

Primera barrida que ya no tendrá lugar, y primeros brackets que se despedazan en su letra pequeña. Ya podéis pasar por el perfil de Mariano Galindo a saludar.

Toronto continúa siendo, a pesar del jarro de agua, el gran favorito a disputar las Finales de la NBA por el cuadrante Este. Pero si alguien daba por hecho que la primera etapa sería un paseo, es que no recuerdan en absoluto cómo fue el viaje de Frodo de Hobbiton a Bree.

(Fotografía de portada de Vaughn Ridley/Getty Images)


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