23 años del primer adiós de Michael Jordan a la NBA


6 de octubre de 1993. Después de 9 temporadas en la NBA, tres anillos y la incipiente digestión de una nueva divinidad global del baloncesto, Michael Jordan cerró las alas: se retiraba del profesionalismo, de los Chicago Bulls y de la NBA. Era “una decisión muy sólida”, como admitió el propio M.J. en su anuncio oficial de adiós.

Lo que pareció la efímera historia de quien pudo ser el mejor, solo tenía 30 años en el año 93, terminó por convertirse en una interrupción pasajera. Un break obligatorio para que Jordan volviera a ganar tres campeonatos de manera consecutiva, años más tarde.

En el momento de retirarse, a la postre temporalmente, a Jordan le faltaba el componente que le llevó a coronar la liga. El apetito competitivo y el ansia por superar cada rival habían desaparecido. Tampoco había ayudado nada el asesinato de su padre, James, perpetrado recientemente. Como consecuencia y a pesar de que lo amaba, Michael Jordan creyó, y decidió, divorciarse del baloncesto.

“Siento que no tengo nada más que probar. El deseo (de jugar) no está ahí. Ese es mi deseo, y siempre he querido cumplir mis deseos. Siempre dije que cuando perdiera el deseo y la motivación de demostrar cosas en el mundo del baloncesto, me iría”, dijo Jordan en el momento de firmar su adiós.

Eso, un profundo sentimiento de desazón por la pérdida de su padre y la sensación (necesidad) personal de querer invertir más tiempo en sus seres queridos, le alejaron de más anillos NBA.

https://www.youtube.com/watch?v=TLqIYVgkAn0

La vuelta de Jordan

Sin embargo, en una relación como la de Jordan con la NBA, el desencuentro duró poco más de una temporada. Después llegarían todos los éxitos que el escolta de los Bulls parecía querer dejar atrás, y su leyenda reescribió los límites de cualquier deportista.

Hoy, 23 años después de que el mundo del baloncesto creyese vivir uno de los peores obituarios de su historia, se recuerda el primer adiós de Jordan con nostalgia.

Quizá fuera el episodio necesario que le hizo volver en la temporada 1994-95 con el ansia viva de ganar, superar, derribar y coronarse de nuevo. El sentimiento de querer demostrar al mundo quien era había vuelto. Derribaría a quien se le pusiera por delante para hacerlo. Y para desmemoriados, pregúntenle a los Jazz de Utah o Seattle Supersonics cuál fue el resultado.


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