Pascal Siakam, un enamorado de las sesiones interminables de trabajo

Titular en el All-Star 2020, general al mando del vigente campeón de la NBA y segundo mejor equipo (42-15) de la Conferencia Este. Pocos esperábamos que llegase, a sus 25 años, donde se encuentra en el momento actual. Y si un elemento contribuyó a su eléctrica ascensión fue la constancia. El deseo infinito de ser mejor, de optimizar su catálogo de movimientos, de bondades, hasta ser un jugador portentoso en la Liga.

“Siempre era el primero en las instalaciones de entrenamiento. Siempre volvía al gimnasio por la noche. Él trabajaba duro en todo lo que hace hoy en día”, podía expresarse sobre Siakam su antiguo compañero y líder, DeMar DeRozan, en un artículo de ESPN.

Siakam y DeRozan coincidieron en los Toronto antes de que el escolta fuera triste peaje para poder ganar un campeonato en Canadá.

En las dos primeras temporadas de Pascal Siakam en la NBA, en las que coincidió con DeRozan, el jugador africano apenas levantó la voz en la rotación del equipo canadiense (promedios de 4,2 y 7,3 puntos por noche). Se intuían unas capacidades, sobre todo atléticas, de élite; un futuro y grácil galgo de carreras que podría ser muy, muy útil en los próximos años. Pero pocos imaginaron que en aquel corcel indomable habitaba un futuro titular de All-Star, un jugador que promediaría 23,7 puntos. Su saldo anotador actual es 16 tantos superior al que tuvo hace dos años. Una escalada relámpago, del todo inesperada, a la primera plana de la Liga.

Y para llegar a ello, trabajo y más trabajo en sus piernas. Sobre todo en sus capacidades técnicas, que no estaban tan desarrolladas cuando llegó a la Liga, en el año 2016.

“Me encanta el hecho de no ser capaz de hacer algo e invertir muchas horas de trabajo para poder ser bueno en ello. Me siento bien con eso. Me siento genial y me gusta mucho ese proceso. Así que quiero esa sensación. Me encanta esa sensación de estar en la pista, hacer un par de movimientos, darme la vuelta para tirar y que el defensor diga ‘mierda’; y lo estoy consiguiendo. Me encanta porque él no puede hacer ese tiro pero no sabe cuántas horas invertiste tú en poder llegar a hacer ese tiro”, podía declarar el propio Siakam.

Mucho físico, un deseo inagotable de progresar y un depósito de facultades todavía por descifrar techo. Todo eso llevó a Pascal Siakam a firmar un contrato máximo el pasado verano que algunos calificaban como excesivo. Y la realidad dicta que fue del todo procedente viendo el rendimiento posterior, de esta temporada, que está dejando el jugador original de Camerún. La historia de Pascal, otra de sesiones infinitas de trabajo de las que terminan saliendo los mejores frutos.

(Fotografía de portada: Kevin C. Cox/Getty Images)


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