Paul George, Kawhi Leonard y la felicitación que terminó en alianza para jugar juntos en los Clippers


Todo comenzó con una llamada para felicitar a Kawhi por el anillo con Toronto y terminó gestándose en una mansión del rapero Drake

Por nada del mundo a Doc Rivers, técnico de los Clippers, le hubiera gustado jugar o entrenar para el público de la ciudad en la que creció. Chicago, hogar de los ilustres Bulls. “Sería una distracción. Amo Chicago, pero no tengo interés en jugar allí. Ni de broma. Toda la gente, las solicitudes de entradas para ver los partidos…”. Pero uno de sus actuales discípulos, uno de los destacados, Paul George, optó por todo lo contrario a esa doctrina. Cerca de cumplir la treintena y después de haber encontrado raíces inesperadas en Indiana y Oklahoma, el alero movió Roma con Santiago para poder volver a casa. A Los Angeles, cerca de donde él había residido desde que tuvo uso de razón (Palmdale, en Southern California).

“Él quiso venir a casa y sumergirse en todas esas distracciones en lugar de huir de ellas”, añadía Rivers. Y la maniobra de Paul George estuvo atestada de amor por sus orígenes; tanto a su familia como al entorno que él tuvo que dejar como adolescente para presentarse al draft e ir a parar a los Pacers.

Lo curioso del caso de Paul George es que su vuelta a casa llegó en un momento inesperado. Después de haber firmado un contrato de cuatro años en Oklahoma, en 2018, y haber jurado bandera con los Thunder, surgió la oportunidad. No para jugar en los Lakers, como todo el mundo (hasta él mismo) imaginaba cuando quiso marcharse de Indiana, sino en los Clippers; en el eterno vecino acomplejado que parece no serlo ya nunca más.

El coqueteo de Paul George con los Clippers comenzó de manera totalmente fortuita. De pura causalidad y amplias dosis de chiripa. El entonces jugador de OKC conocía a Kawhi Leonard desde que ambos compartieran canchas, época y partidos (como rivales) en su época de instituto. Mantenían una buena relación y alguna vez en el pasado habían comentado la posibilidad de jugar juntos. George ya quiso terminar en San Antonio tras su rebelión en los Pacers, en 2017, pero no pudo ser. Ambos contemplaban la posibilidad como sumamente atractiva pero complicada de anudar. Así, todo empezó con George llamando por teléfono a Kawhi para felicitarle por el reciente campeonato conseguido con los Toronto Raptors. Sí, de la manera más inocente imaginable, como pudo destapar un artículo de la periodista Ramona Shleburne para ESPN publicado este miércoles.

“Era una llamada solo para felicitarle por su victoria. Así es como empezó. Luego todo empezó a cobrar vida propia. Todo empezó desde ahí”, reconoce Paul George. Dos jóvenes en su prime profesional que se conocían desde adolescentes, mucho antes de la NBA, eran amigos y estaban decididos a jugar juntos. Saltó la chispa, el flechazo.

En casa de Drake

Desde ese chispazo inicial —continúa el artículo de ESPN—, hubo incontables mensajes de texto, llamadas y encuentros cara a cara en una casa (mansión) que el rapero Drake posee en Hidden Hills, California. El archiconocido artista había entablado amistad con Leonard durante su año en Toronto y le había dejado realizar algunas reuniones relacionadas con la agencia libre en su territorio; por aquello de evitar el rastreo mediático. Así, George y Kawhi se veían en territorio neutral y cercano al domicilio familiar de ambos.

Después de todas esas interacciones, para el 1 de julio ambos habían decidido ya que querían poner su plan en marcha. No había vuelta atrás. Kawhi Leonard, que era agente libre, dijo a los Clippers que quería jugar para ellos pero solo si conseguían a un jugador de calibre All-Star, alguien como Paul George. El entonces general de los Thunder, después de una última reunión en Los Angeles con Kawhi, comunicó a Oklahoma, a través de su representante, que quería un traspaso para poder jugar al lado de Leonard.

Sam Presti, directivo al mando de los Thunder, no dio crédito a lo que oía. Se quedó aturdido, pasmado, helado; pero dijo que consideraría la propuesta. Lo haría no sin antes llevar a cabo una última intentona cara a cara para convencer a George de que su sitio estaba en OKC. No lo consiguió y aceptó ponerse manos a la obra para encontrar un acuerdo satisfactorio para su franquicia. Habiendo pasado casi seis meses desde aquello, de veras que lo fue, dado que el equipo que prepara Billy Donovan vive una reconstrucción en la que ocupa la séptima plaza de la Conferencia Oeste. Nada mal para haber empezado el proyecto casi desde cero, quitando algunos mimbres como Steven Adams y el propio entrenador. Además, estos Thunder se hicieron de rebote con una gema engarzada, una que se llamada Shai Gilgeous-Alexander.

Jugar en casa

El caso es que Paul George quería jugar junto a Kawhi pero, más que eso, quería volver a casa, jugar en Los Angeles, como había deseado siempre desde niño.

El contacto entre ambos jugadores siguió fluyendo, también las reuniones clandestinas en territorio Drake, y finalmente los Clippers consiguieron el traspaso que les otorgaba a dos de los mejores jugadores two-way de toda la competición. “Nosotros éramos optimistas. Pero no estábamos del todo seguros de que pudiera ser”, reconoce George.

Cuando el ex de Oklahoma se enteró de que volvía a casa solo le salió llamar a sus padres. Él había estado siempre muy unido a su madre, a quien vio sufrir un derrame cerebral severo cuando él jugaba a baloncesto delante de casa y solo tenía seis años.

“No puedo explicar lo que sentí. Desde niño, siempre has visualizado esto. Imaginaba a mis padres pudiendo verme jugar en el Staples. Me imaginaba jugando en L.A., siendo All-Star, siendo una gran estrella”, alega Paul George.

Pudo cumplir su anhelo de infancia y todo comenzó con una llamada para felicitar a Kawhi por su segundo anillo de campeón. Esta es una parte de la crónica oculta sobre cómo montar un equipo aspirante a todo desde las sombras. Más si cabe porque toda la negociación de los Clippers con Leonard se llevó en la más absoluta de las discreciones. Era eso o todo se iría al limbo. No lo hizo y Doc Rivers y compañía entrenan la mejor plantilla de la historia de la franquicia. Puede que nunca vuelvan a ser el pariente pobre de Los Angeles; no al menos durante los próximos dos cursos, en los que tienen contrato tanto Leonard como George.

(Fotografía de portada: Jayne Kamin-Oncea/Getty Images)


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