Ricky Rubio apaga el fuego turco

cumplió con el guión; eso sí, con algún apuro más de los previstos. Turquía, haciendo eco del rugido por jugar en casa, demostró que la pasión y la intensidad pueden recortar distancias hasta hacer sudar a una de las favoritas para conseguir el título. Pese a sus ganas y al gran partido de (20 puntos para ilusionar aún más a Philadelphia), la selección española se acabó imponiendo por 73-56.

Cinco triunfos seguidos pueden hacer que el más diligente acabe pecando de cierta relajación. No es el caso de España. Hambrienta de triunfos y con el único objetivo de mantener su trono europeo, los de Sergio Scariolo saltaron al Sinan Erdem Arena decididos a marcar distancias… y lo consiguieron pese a la espesura que se respiraba en su ataque.

Cerrando las vías anotadoras del jugador de Cleveland Cavaliers -se fue al vestuario con solo tres puntos y concluyó con ocho-, España fue encontrando soluciones esporádicas para ponerse nueve puntos arriba tras diez minutos (19-10), e incluso 12 al comienzo del segundo cuarto (24-12).

Todo parecía controlado, pero los turcos, ante su afición, no tenían intención de poner la alfombra. Dirigidos por un Korkmaz que desde el banco se fue hasta 12 puntos al descanso, y apretando los dientes bajo aro propio, fueron cerrando las vías hasta hacer que en más de una ocasión España estuviese a punto de comerse la posesión. No lo hacía, pero los lanzamientos forzados se sucedían sin acierto. Así, con un 3 de 13 en triples, la selección española se marchaba a vestuarios con ocho puntos de ventaja pero con la sensación de que quedaba muchísimo trabajo por hacer.

Poco cambió el panorama en los segundos 20 minutos. Turquía, con el partido en su terreno -ese en el que pelear cada rebote importa tanto o más que acertar un tiro-, fue dando zarpazos de ilusión mientras España vivía lejísimos de sentirse nimiamente cómoda. Tan duro estaba siendo el partido para los de Scariolo que al acabar el tercer cuarto (49-43), solo Sergio Rodríguez (excelente como siempre) alcanzaba la decena de puntos, exactamente 11, al anotar un triple sobre la bocina. , bien defendido, iba por 9, y , ídem, por 8.

El nuevo Ricky

Con España acercándose peligrosamente a un final apretado (56-50 a falta de poco más de cinco minutos) sacó a relucir su clase para demostrar no solo ha cambiado de look. Para aquellos que hasta hace poco dudaban de su tiro, el base de Masnou guardó en el cajón los intangibles para anotar 12 puntos en el último periodo (dos triples incluidos). Desde su liderazgo, España construyó una renta superior a la decena de puntos que le sirvió para vivir sin sobresaltos los últimos minutos. Ahora espera Alemania en cuartos de final.


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