Un grandioso Jimmy Butler aferra a los Heat a las Finales


Hay vida en Miami. De nuevo sin Dragic ni Adebayo, el cuadro de Spoelstra logró llevarse el Game 3 por 115-104 y se mantiene con vida en unas Finales que amenazaban con terminar por la vía rápida. Y es que, cuando Jimmy Butler está un equipo, hay que dar por hecho que ese equipo va a dar la cara hasta el último momento.

La actuación del alero alcanzó cotas históricas por sí misma, pero gana en trascendencia y epicidad al haber tenido lugar en un contexto totalmente desfavorable. Con todo en contra, el de los Heat se adueñó del encuentro de principio a fin y firmó un choque brillante en absolutamente todas y cada una de las facetas del juego. Fue el eje en torno al que orbitó el ataque de los suyos, la principal referencia defensiva, el encargado de dar la cara cuando el partido se apretaba, quien marcaba el ritmo que convenía a los suyos… Se jugó a lo que Butler quiso. Y Butler quería ganar.

Con 40 puntos, 13 asistencias, 11 rebotes, 2 robos y 2 tapones, Jimmy terminó con una hoja estadística que refleja su dominio y que le sitúa en los libros de historia de las Finales de la NBA, pues se convirtió en el tercer jugador en la historia en firmar un triple-doble de 40 puntos en ellas tras Jerry West y LeBron James. Todo ello, con un 70% de acierto en tiros de campo y sin lanzar un solo triple en todo el encuentro, pues fueron su constancia y su efectividad atacando la pintura las que le hicieron brillar por encima del resto.

Con todo, Butler no estuvo solo. Hombres como Kelly Olynyk o Tyler Herro, que terminaron con 17 tantos cada uno, fueron también determinantes en algunos tramos, y en líneas generales los de Florida funcionaron a la perfección en defensa. Esta vez Spoelstra apostó por la defensa individual, tratando de que las constantes ayudas y coberturas sirvieran para alejar a los Lakers de la pintura y obligarles a abusar del triple o a ejecutar tiros muy forzados, lo cual funcionó a la perfección. El gran trabajo colectivo dio lugar a tramos de auténtico atasco para los angelinos, algo que ni LeBron ni Davis supieron solucionar.

Estrellas apagadas

Al contrario que Butler, las dos grandes figuras de los de Vogel vivieron una noche bastante gris. LeBron James arrancó a buen nivel y firmó una gran primera parte, pero con el paso de los minutos fue poco a poco hundiéndose y acabó jugando un último cuarto de un nivel anormalmente bajo para él. Sus 25 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias le hacen destacar en lo numérico, pero lo cierto es que cuando llegó el momento decisivo todos sus intentos de dar un paso adelante acababan siendo fallidos, lo que impidió a los suyos llegar con opciones reales al cierre del encuentro. Con todo, el de Akron fue el mejor de los suyos, aunque más por deméritos ajenos que por mérito propio.

Porque si LeBron estuvo mal, Anthony Davis no estuvo. No es que estuviese desacertado o cometiendo errores, es que su presencia en algunos momentos fue intrascendente a niveles que cuesta imaginar en alguien que ofreció una versión absolutamente dominadora hace solo dos días. El ex de los Pelicans terminó con 15 tantos, 5 rebotes y 3 asistencias, y si bien sus problemas de faltas en la primera mitad explican su baja aportación no justifican lo desaparecido que estuvo cuando llegó el clutch. En sus 32 minutos en pista el parcial fue de -26 para los suyos, una cifra que refleja lo que fue a todas luces una noche para olvidar.

Con 19 puntos cada uno, solo Markieff Morris y Kyle Kuzma destacaron para bien, y se encargaron de liderar a una segunda unidad que dio la cara por el equipo en más de una ocasión y que se encargó varias veces de recortar la distancia que el quinteto titular perdía. No obstante, otros hombres de rotación como Danny Green o Kentavious Caldwell-Pope no estuvieron ni siquiera cerca de jugar un buen partido, lo que contribuyó al hundimiento generalizado de un equipo que, al contrario que en los dos partidos anteriores, no pareció especialmente preocupado por el resultado. Veremos si otro gallo canta en el Game 4. De lo contrario, estas Finales acabarán siendo mucho más emocionantes de lo que cabía esperar.

(Fotografía de portada: Douglas P. DeFelice/Getty Images)


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