Irving se disculpa por sus afirmaciones ‘terraplanistas’


Cuando Jaylen Brown dio el salto a la NBA, lo hizo rodeado de una doble expectación, no siendo fácil decir cuál repercutió más. Porque al guard de la Universidad de California le acompañaban dos connotaciones: la de enorme promesa del baloncesto (Nº3 del Draft) y la de ser una persona intelectualmente superdotada. Lo primero abunda, lógicamente, a raudales en la NBA. Lo segundo, puede que un poco menos.

Un modelo educativo en jaque

El imperante sistema de becas que promueve el aparato educativo estadounidense, hace que todo lo que sea más de un cinco raspado sea visto, a menudo, como una pérdida de tiempo de ocio… o de entrenamiento.

Dunkers, ball handlers, pitchers, running backs, quarterbacks, wingers… todos ellos deportistas de precoz y escandaloso talento cuya única obsesión es jugar para el equipo ‘X’ de la universidad ‘Z’, y en un panorama donde la universidad ‘Z’ está generosamente abierta a trabajar esa reciprocidad.

Ser un genio de la astrofísica o el crossover es algo que se mide a la par, en una promoción diáfana del talento y constante búsqueda del prestigio y hedonismo institucional. El formato cumple y responde (con el March Madness como prueba sólida de ello), las cuentas cuadran, y todos salen ganando… menos el informe PISA, principal y pobre malparado.

El año mínimo de college al que (por ahora) obligan las reglas de la NBA antes de poder presentarse al Draft, no es más otro ejemplo de politico-correctismopostureo barato. Un año interesante en lo baloncestístico y estéril en lo académico. Sobre todo para aquellos que afrontan la temporada freshman como un obstáculo insalvable y un aro por el que, simplemente, deben pasar… para alcanzar su sueño de convertirse en profesionales.

Quizás por esto, cuando Kyrie Irving afirmó pensar que la Tierra era plana, le creímos; y cuando algunos meses después, viendo el alboroto que había montado, quiso convencernos de lo contrario, nos costó algo más hacerlo.

La primera confesión vino en febrero de 2017, todavía como jugador de los Cavs –”Me han inculcado que el planeta es redondo, pero si uno piensa en la forma en la que viajamos y nos movemos por él, ¿de verdad creéis que rotamos alrededor del Sol?”–. La coartada de que todo había sido un troleo, llegó unos siete meses después.

Marcha atrás

Y ahora, con las aguas todavía revueltas y siendo de nuevo preguntado por el tema, ha optado por zanjar el asunto y disculparse.

Incluso si crees en ello, no salgas y lo digas de esa forma. Es algo que debe quedar para las conversaciones privadas, porque el modo en el que tú lo dices y cómo la gente lo percibe, es distinto. Y yo no soy muy listo que digamos –ha dicho el base de los Celtics para ESPN–. En ese momento no calibré el alcance; estaba más como diciendo: ‘Soy un gran teórico de la conspiración. No podéis decirme nada’. Así que pido perdón por todo ello. A todos los profesores de ciencia que han venido y me han dicho que han tenido que rehacer su currículum, les pido perdón”.

Irving, víctima colateral

No obstante, no sería justo descargar todo el peso de la guillotina sobre el presunto culpable (modelo de becas) y la singular víctima (Irving). Pues aunque suene irreal y anacrónico, el movimiento terraplanista congrega fieles acólitos a lo largo y ancho del globo terráqueo planeta.

Y van en aumento. Las raíces de un fracaso generacional, se hunden profundas y ramificadas.

El pasado mes de noviembre, la ciudad de Raleigh, Carolina del Norte, acogía la primera conferencia internacional de defensores del terraplanismo ‘Flat Earth International Conferency (FEIC)’ — algo estupendo para tener la tontería identificada—.

Tras la primera hubo una segunda, y luego el germen hizo eclosión, polinizando Europa. Los días 27, 28 y 29 de abril de 2018, se celebró en Birmingham la primera Convención de Tierra Plana del Reino Unido, “Flat Earth Convention UK”.

Youtube, como no, ha reaccionado convirtiéndose en un festival de mamporros dialécticos donde los escépticos, potreros de la falacia y la creatividad argumentativa, resisten con aplomo el baño de ciencia y empirismo.

Además, cuidado, Irving puede que haya sido el único valiente (o insensato) de la NBA en reconocer lo que más de uno reflexiona en celoso secreto.

Porque si bien al conocer sus declaraciones El Comisionado Adam Silver bromeó diciendo que “Los dos fuimos a Duke, pero debemos haber ido a clases diferentes”, jugadores como Draymond Green (“Yo hago fotos esféricas con el IPhone…”) o Shaquille O’Neal (“Conduzco de Florida a California todo el tiempo y es plano para mí”) le mostraron –no sabemos si con o sin sarcasmo– su apoyo.

En todo caso bien por Irving. No será ningún erudito; jamás lo ha necesitado. Pero rectificar, y eso le honra, siempre será de sabios.


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