‘Los tres segundos’, la regla más discrecional de la NBA


Además del Golpe de Estado que tuvo lugar contra el gobierno español de La Segunda República, a cargo del general Emilio Mola, otro hecho totalmente ridículo en comparativa en términos antropológicos, pero de tremendo impacto en el lenguaje del baloncesto, sucedía ese mismo año, en 1936, al otro lado del océano.

El origen

Leroy Edwards forma parte de ese estrecho elenco de superdotados (George Mikan, Bob Kurland, Wilt Chamberlain, Lew Alcindor) que, por su forma de jugar y sus dimensiones atléticas, provocaron algún cambio sustancial en las reglas que regían en sus épocas el deporte de la canasta.

La aportación de Edwards al libro de reglamento, en concreto al apartado de las “prohibiciones“, fue la norma de los tres segundos ofensivos.

Nos situamos en la NCAA. Por aquel entonces, Edward era un pívot de 1,96 —uno altura muy considerable para la época— que triunfaba con la camiseta de los Wildcats.

El estilo de juego impuesto por Adolph Rupp, técnico de los Wildcats, consistía en meter balones al poste, bajo el aro, donde se situaba Edwards, quién se encargaba de distribuirlos o de jugarse él mismo el lanzamiento. Kentucky se aprovechaba de la superioridad física de Edwards para hacer efectivo este juego en ataque, que además no se encontraba limitado aún ni por el reloj de posesión ni mucho menos por la regla de los tres segundos.

Con estos antecedentes, los Wildcats de la Universidad de Kentucky llegaban con 29 victorias en los últimos 30 partidos al Madison Square Garden para enfrentarse a los Violent Violets de la New York University. El partido despertó una enorme expectación y 16.500 espectadores se congregaron en las gradas del viejo Garden aquel 5 de enero de 1935.

A diferencia de los Wildcats, los Violets basaban su juego en el contraataque y en posesiones cortas, tratando además de robar balones en defensa. Y además, su labor aquella noche en la defensa, se centró en tratar de impedir que Edwards campase a sus anchas bajo su tablero.

Distinta vara de medir 

Un aspecto importante que marcaría el partido es que por entonces, no existía un criterio arbitral unificado aún, y los árbitros de la conferencia Este de la NCAA (NYU) y los de la Midwest (Kentucky) a menudo pitaban de modo muy diferente. Esto hacía habitual que cada equipo pusiera su propio árbitro en los enfrentamientos entre conferencias, pero aquella noche Kentucky no lo hizo, arbitrando el partido dos colegiados del Este. A poco de empezar el choque, a Edwards ya le habían pitado tres faltas en ataque en tres bloqueos…

Por contra, los jugadores de los Violets repartían estopa a discreción, con el consentimiento de los árbitros. La pelea en la zona se volvió extremadamente violenta y, mientras a Kentucky se le pitaban faltas en ataque en casi cada bloqueo, a los de NYU se les permitía todo tipo de juego subterráneo. A pesar de todo, Kentucky llegó a los últimos 10 segundos con 22-22, para ver cómo los árbitros señalaban la cuarta falta a Edwards, que quedaba expulsado (entonces el límite era 4 faltas y no 6) y concedía un tiro libre a Sidney Gross.

Los Wildcats perdieron esa noche 22-23, pero el espectáculo fue tal que la Liga decidió revisar la grabación del partido, quedando horrorizados ante las imágenes, más propias de un combate de lucha libre que de un partido de baloncesto. Los jugadores de NYU confundían a Edward con un corcel, según cuentan, llegando a subirse a sus espaldas para evitar que tirara a canasta.

Y sorprendentemente, la decisión adoptada no fue la de limitar el juego duro, sino intentar prohibir el juego desmesurado al poste. Así nació la regla de los tres segundos:


‘Ningún atacante con o sin balón, podrá permanecer en la zona que delimitan las líneas de tiros libres, incluido el semicírculo exterior, más de tres segundos’.

 

Medio siglo después

En la temporada 1983-84, esta regla creaba su homólogo en el distrito defensivo (con un ligero matiz en cuanto a las distancias entre el defensor y el atacante), ahondando en su delimitación. Hoy día, la regla de los tres segundos defensivos se aplica dentro de los siguientes parámetros.


Ningún jugador del equipo que no tiene el control de la pelota, podrá permanecer en el área restringida (la cual se corresponde con la zona de la pintura) de su canasta por más de tres segundos, siempre y cuando no se encuentre defendiendo activamente a un oponente. Para ser considerada esa “defensa activa”, el oponente debe estar al alcance del defensor (a menos de un brazo de distancia). Por lo tanto esta regla no entra en juego cuando: 

  • Un jugador está ejecutando un lanzamiento
  • El equipo atacante pierde la pelota
  • El defensor está protegiendo activamente a un rival
  • El defensor sale de la pintura
  • La situación de “defensa activa” es inminente

A veces sí, a veces no

¿Y a qué ha venido todo este repaso histórico sobre esta regla en concreto? Pues a una situación que se dio hace dos noches en el Barclays Center en el partido entre L.A. Clippers y Brooklyn Nets.

Una situación que, por otra parte, se repite con demasiada frecuencia en la NBA y deja patente el amplio margen de discrecionalidad que tienen los árbitros en este tipo de acciones y lo mucho que pueden condicionar el juego si así lo desean, con una aplicación del reglamento más o menos severa.

A día de hoy, consultando el portal Nbaminer, podemos comprobar que esta temporada 2017/18, los jugadores que más han sido presa de la violación de los tres segundos defensivos son Taj Gibson (8 veces), Dwight Howard (7) y Tyson Chandler (7). Lista que, presenciando escenas como la del 12 de febrero, en ningún caso copará jamás Jahlil Okafor.

https://www.youtube.com/watch?v=-zrHrU3nFsY

El pívots de los Nets, como podemos ver, se entregó ciegamente a la laxitud arbitral, acampando durante diez segundos en el interior de la botella. Siete segundos, por lo tanto, de invasión antirreglamentaria que pasaron desapercibidos, que no fueron condenados ni tampoco protestados por absolutamente nadie. Así es esta regla.

Por fortuna, siempre hay algún aficionado anónimo, atento para detectar este tipo de anomalías tan habituales, y ponerlas a nuestro alcance en la red, para posteriores análisis y tertulias.

*Extracto histórico de Pablo Jouve en Jordanypippen.es

 


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