‘El Tío Dirk’, el mejor regalo de Navidad


Tal vez, el mejor regalo de Navidad es una gran sonrisa.

Nos adentramos en el Centro Médico Infantil de Dallas. Recibimos a un individuo mucho más alto que la media de los que allí trabajan, y además gana otro puñado de centímetros gracias al gorro de Santa Claus que luce sobre su cabeza. Con un pequeño matiz; éste es azul en lugar de rojo, y el logo del caballo de los Mavs destaca fuertemente sobre el ribeteado.

Es Navidad, y más que nunca los niños que no están pasándola en sus casas porque la salud no se los permite, necesitan un empujón de felicidad. Dirk Nowitzki lleva dándoselos desde hace una década. Es uno de sus rituales navideños. Él, su guitarra, sus regalos, su pésima voz que contagia alegría a todos aquellos que la escuchan. Robin Hood, aún más grande fuera de las canchas que dentro de ellas.

Dirk se presenta como una especie de familiar lejano para esos 19 niños que encuentran en el teutón, ese carisma y comodidad inmediata que tan bien se le da generar, por su ausencia de pretensiones y el aire humilde que siempre le acompaña. The Uncle Dirk (El Tío Dirk) como le gusta que le llamen en estas visitas.

Compartiendo momentos

La realidad que viven los pequeños dificilmente puede ser más complicada. Los que vistia el Tío Dirk son niños con tumores cerebrales; niños que esperan trasplantes de médula ósea para combatir la leucemia y la anemia de células falciformes; también hay un paciente aguardando un trasplante de corazón; tres de esos diecinueve, con apenas de 6, 8 meses y 2 años de edad, nunca han vivido todavía un solo día fuera de un hospital. Con Dirk, sus problemas se esfuman por unas horas.

¿Cuántos años necesitaste para ser tan alto?, le preguntaba Legecy Allen, una risueña paciente de siete años de edad. Los 2,13 de Nowitzki siempre es lo primero que impresiona a los chavales nada más verle. “¡Apenas puedes pasar por esa puerta!”, decía asombrada.

Legacy lleva hospitalizada desde el 7 de septiembre, siempre con Roseland junto a su cama, su madre. “¡Lo sé! Pues creo que alcancé los 2,13 cuando cumplí los 18 años, así que me hizo falta todo ese tiempo para conseguirlo. Ahora tengo casi 40”.

De hecho son 38, y se empiezan a notar. No ha podido apenas aparecer todavía en lo que llevamos de temporada y el equipo de su vida lo está echando mucho de menos. Pero esto no es algo que importe demasiado a los chicos del Hospital. Dirk, la estrella de la NBA, el más humano y menos mediático, está con ellos.

Durante las cuatro horas maravillosas que el jugador de los Mavs les visita, ese récord de 7-21, difícil de digerir, también es algo que pasa a un tercer y cuarto plano para Dirk. “Estamos pasando por un momento difícil. Pero estos ratos le apartan de la mente a uno el baloncesto”, reconoce el ala-pívot.

Enorme en la sombra

Es la primera vez que Nowitzki permite que haya vídeos y fotografías acompañándole e inmortalizando estos momentos. Durante todo el tiempo que lleva haciéndolo es algo que siempre ha evitado y excluido. No quiiere ningún ruido mediático de esto. Su filantropía es algo que le gusta practicar gratis et amore. Sin comunicados de prensa, sin tuits, sin fotos. Esta vez ha hecho una excepción. La historia, cortesía de Sportsday Dallasnews.

Finalmente, tras muchas deliberaciones, ha permitido que en esta ocasión la historia vea la luz; sólo con un requisito. Que la historia sea sobre los niños “valientes”, sus familias “asombrosas” y los “increíbles” doctores y enfermeras.

Un don con los niños

“Tiene la capacidad de conectar con los niños en todos los niveles, ya sea un niño en edad escolar o un chaval adolescente”, nos cuenta Thresa Belcher, directora del centro. “Es asombroso”. Lo comprobamos fácilmente. Dirk ya nos ha demostrado que es un gran aficionado a la guitarra en más de una ocasión. Y aquí nos regala esta primicia. Un brindis por el alemán y por todos esos niños, sus familias y los médicos y enfermeras que luchan por darles una vida mejor.

 


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