Habían pasado más de 10 años desde la última vez que los San Antonio Spurs habían logrado encadenar 10 victorias consecutivas. Por aquel entonces, los texanos eran aspirantes a todo y cada año se consolidaban aún más como la regularidad hecha franquicia, como ese equipo que siempre iba a estar ahí. Y aunque desde aquel lejano 2016 en adelante la dinámica fue descendente, esta nueva generaciones de jóvenes está dando motivos para soñar con volver a ese estatus.
Y el enésimo argumento ha sido el triunfo por 107-110 en Toronto, el décimo consecutivo de los de Mitch Johnson. El que termina de hacer obligatorio, si no lo era ya, tomarse esta racha muy en serio.
Porque fue además un triunfo peleado y sufrido, de esos que durante muchos minutos parece que no van a llegar. Los Raptors, de forma similar a los Pistons hace unos días, plantearon un partido muy físico, fueron muy agresivos y pasaron por tramos en los que tuvieron realmente contra las cuerdas a San Antonio. Pero al final, como siempre en el mes de febrero, los Spurs prevalecieron.
Muro contra Wemby
La agresividad de los canadienses estuvo focalizada sobre Victor Wembanyama, con quien la Conferencia Este no está siendo especialmente amable. Después de que los Pistons los recibieran con muchos hombres encima y contacto continuo, los Raptors usaron también su amplia gama de incómodos defensores para complicarle la vida y sacarlo de la pintura. Lo cual esta vez limitó su aportación ofensiva incluso más que en el Little Caesars Arena.
Esta vez sí vimos a un Wemby algo más frustrado, más propenso a forzar determinados tiros y más propenso al error (3/12). Lo cual, sin embargo, no significa que se viera un Wemby menos determinante. Porque después de que un arreón al final del tercer cuarto pusiera a Toronto 15 arriba, cuando tocaba responder de inmediato o aceptar la derrota, ahí estuvo él.
San Antonio abrió el último cuarto con un parcial de 2-15, un parcial en el que sus pequeños detalles en ataque pero sobre todo sus increíbles virtudes en defensa fueron fundamentales. Su gigantesca presencia secó a unos Raptors que no anotaron su primera canasta del cuarto hasta que él se fue al banquillo a descansar, y revitalizó a unos Spurs que, tras verse casi doblegados, recuperaron la delantera a base de tiro exterior y de la inspiración de un De’Aaron Fox al que le entraron hasta milagros como este.
Toronto, mientras, se iba apagando y evidenciando una vez más las carencias que hacen que les cueste tantísimo tumbar a los mejores equipos de la liga. Sin ideas y con el choque cada vez más en contra, ninguno de los hombres importantes de Rajakovic era capaz de producir algo en ataque de forma sostenible, y aunque los continuos errores de los visitantes desde el tiro libre les dieron opciones para aferrarse a la vida, la reacción nunca llegó.
Y qué mejor prueba de ello que el triple que Brandon Ingram estrelló contra el canto del tablero cuando buscaba poner el empate en el marcador. Un perfecto epítome del colapso final de los canadienses.
Este fallo permitió por fin celebrar a los de Johnson, que dieron una buena muestra de su capacidad para encontrar formas de ganar incluso en terreno hostil. Hay días en los que todo sale acorde al plan y días en los que tienes que activar a Wemby en su versión más stopper y anotar seis triples en el último cuarto para que todo caiga de tu lado. Pero, sea como sea, hace ya casi un mes que el resultado siempre es el mismo. Y la duda ahora es cuándo dejará de ser así.
(Fotografía de portada: John E. Sokolowski-Imagn Images)





