Los Lakers aprenden a ganar en el barro

Los angelinos vencen en Houston en un partido de baja anotación y marcado por las defensas

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Por Aitor Darias

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Durante muchos tramos de la temporada, Los Angeles Lakers han ido aprendiendo por las malas que de nada sirve tener una plantilla muy talentosa si se pierde la batalla física prácticamente cada noche. Y justo cuando parecía que ya no había tiempo de hacer nada al respecto, la lección parece haber calado. Los angelinos han despertado con la llegada del mes de marzo y han empezado a exhibir por fin virtudes en esta materia, lo que les ha llevado a doblegar por 92-100 a unos Rockets a priori diseñados para apabullarlos a nivel de energía e intensidad.

Y de hecho así ocurrió durante algunos tramos del encuentro, en el que, a pesar de que los texanos llegaban sin Alperen Sengun, parecían decididos a llevarse el triunfo. En el segundo cuarto y el arranque del tercero, los de Redick fueron sobrepasados en el plano atlético y vieron como el choque se les ponía muy cuesta arriba por sus problemas para cerrar el rebote, defender en la pintura e incluso generar buenas oportunidades ante una defensa muy agresiva.

Pero cuando parecían contra las cuerdas, llegó la reacción. Y con ella, un nuevo gramo de esperanza en que este sea un equipo capaz de hacer ruido en postemporada.

Un nuevo contexto

Los Lakers acumulan ahora mismo seis victorias consecutivas, una racha que no solo es ilusionante en lo numérico sino también en cuanto a sensaciones. En ella, han doblegado a equipos de la zona alta como Knicks, Timberwolves, Nuggets o estos Rockets, algo que les había costado horrores hacer hasta ahora, y lo han hecho con tramos de buena defensa en los que han demostrado ser algo más que un equipo con mucho talento anotador.

Aunque nunca lo han demostrado tanto como esta madrugada.

Con Luka Doncic y sus 36 puntos como único faro ofensivo, los de Redick tuvieron que responder a los Rockets con sus armas, haciéndose grandes en la pelea por el rebote, apretando sobre balón y línea de pase para forzar pérdidas, y llegando antes que nadie a cada balón dividido. Si Houston quería bajar el partido al lodo, estaban dispuestos a remangarse y ganarlo sin glamour. Y eso hicieron en un último cuarto que fue de todo menos una oda al baloncesto de ataque.

Porque eso tienen estos partidos, que funden las piernas en un lado y hacen que no respondan en el otro, lo que dio lugar a una procesión de tiros fallados y a tramos de absoluta sequía en ambos lados. Con ambos equipos combinándose para un 11/40 en tiros de campo, los Rockets forzaron un contexto en el que son habitualmente más eficaces y en el que suelen ganar por pura obstinación. Fallando mucho, sí, pero ganando la guerra de las posesiones. Siendo quizás más ineficientes pero lanzando más.

Pero no hoy. Hoy los Lakers forzaron más pérdidas y capturaron más rebotes ofensivos en el último cuarto, y de mano de Doncic, Smart y Ayton acabaron encontrando formas de acabar con su tramo de casi nueve minutos sin anotar un solo tiro de campo. Así, un equipo que contaba con un balance de 2-18 cuando anotaba menos de 110 puntos y que no sabía lo que era ganar sumando menos de 105, se llevó su victoria menos anotadora de la temporada.

Así, los Lakers aprendieron a ganar en el barro.

Durant contra el mundo

El encuentro, eso sí, habla tan bien de los Lakers como mal de los Rockets. Porque si la defensa visitante pareció tan efectiva y logró dejar a Houston en 35 puntos en toda la segunda parte (12 en el último cuarto) fue en parte porque los de Udoka siguen teniendo una cantidad flagrante de problemas en esta materia. Problemas que se hacen más evidentes cada vez que llega el clutch.

Los texanos pecaron de una rigidez y previsibilidad alarmantes, tratando de hacer que todo su juego pasara por un Kevin Durant que, defendido siempre por dos jugadores en el tramo final, cortocircuitó. Y con él, el resto de sus compañeros. El plan no funcionaba y nadie parecía dispuesto a buscar una alternativa, lo que dio lugar a tramos de posesiones increíblemente pasivas, malas lecturas, pases a la grada y, en general, un despropósito que puso de manifiesto las carencias del equipo.

Afectó en cierto modo el nivel de cansancio con el que KD llegó a estos últimos minutos, pues se vio al alero extenuado e incapaz de encontrar una solución. No solo estuvo poco agresivo y determinante, sino que llegó a cometer errores infantiles como una pérdida por tardar ocho segundos en pasar a campo ofensivo que cuesta no relacionar con la alta exigencia del choque, en el que tuvo muchos choques y encontronazos con un Marcus Smart que lo fue mermando hasta dejarlo sin gasolina.

«Siento que el partido lo he perdido yo» afirmó el alero, que pese a todo no quiso buscar excusas. » Así de simple. Claro que podíamos haber metido más triples, pero en general es culpa mía. Es decir, yo soy el ataque y el equipo rival va a usar todos sus recursos para no dejarme estar cómodo. Tengo que ser más inteligente. Tengo que abrirme, jugar más catch & shoot, poner bloqueos… Ser un recurso para mis compañeros y generar espacios. No tenía que haber acaparado tanto el balón».

Durant no necesitará demasiado tiempo para poner todo esto en práctica, pues Rockets y Lakers volverán a verse las caras mañana en el mismo terreno. Veremos si ya con Sengun de vuelta y con Houston aplicando lo aprendido esta madrugada.

(Fotografía de portada: Troy Taormina-Imagn Images)

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