Las dudas acerca del impacto de LeBron James en estos Lakers parecían legítimas hace unas semanas. Durante sus tres partidos de ausencia, los de Redick lograron tres victorias transmitiendo mejores sensaciones que en casi cualquier otro tramo del curso, pues casi por primera vez mostraron un nivel de actividad defensivo que les hizo competir contra equipos de la zona alta. Pero tras su vuelta, es difícil seguir dudando del alero y de sus prestaciones.
Y menos aún después de lo ocurrido esta madrugada en Houston.
Como hace dos días, los angelinos han vuelto a ganar a los Rockets, esta vez por 116-124 y con un guion de partido muy diferente. Esta vez con Sengun en pista, con un Durant más activo, sin un colapso total de los texanos que diese lugar a un último cuarto de escasa anotación. Pero, eso sí, con la misma sensación de control y de equipo con ánimos renovados. Con el mismo Luka Doncic estelar y la misma capacidad para tumbar a cualquiera en el clutch. Y con LeBron reivindicándose como pieza clave en el sistema.
Pero reivindicándose de una forma particular. Porque, pese a terminar con 30 puntos y un escandaloso 13/14 en el tiro, el de Akron adoptó el papel más bien secundario en ataque que viene ejerciendo en los últimos encuentros. Con menos peso en la creación, con más tiempo simplemente abierto en una esquina, con más juego sin balón ejerciendo de facilitador y bloqueador. Y logrando que, una vez que recibe, sea para finalizar la jugada.
LEBRON REACHED ALL THE WAY BACK FOR THE SLAM 😱 pic.twitter.com/u8sQZVPAtU
— ESPN (@espn) March 19, 2026
LeBron encontró sus puntos por tanto en las pequeñas cosas: en alley-oops tras un corte a la espalda, en un palmeo ofensivo, corriendo en transición para castigar la agresividad de los Rockets en el rebote ofensivo, tras una continuación en pick & roll, recibiendo en la esquina para un catch & shoot… Y ahí se forjó su eficiencia. No en culminar acciones individuales con canastas imposibles, sino en encontrar en generar acciones en las que ya no le quede más que rematar la jugada.
Porque para los tiros imposibles y las acciones individuales ya está otro.
Luka no falla
Y es que aunque hayamos arrancado (merecidamente) con James, el líder de estos Lakers lleva el 77 a la espalda. Si LeBron puede permitirse este nuevo rol es porque Luka Doncic está listo para asumir el protagonismo y para crear para sí mismo y para el resto, y últimamente lo está haciendo mejor que cualquiera en la NBA. Al fin y al cabo, el factor común en estas siete victorias consecutivas de los Lakers es el soberbio nivel del esloveno.
El base terminó esta madrugada con 40 puntos, 10 asistencias y 9 rebotes, y pasó por tramos de un dominio absoluto del encuentro. Entre ellos, cómo no, el clutch. Este no fue necesariamente un triunfo arrollador y de dominio total, pero sí uno que demostró que, si consiguen llegar en condiciones a los minutos finales, las opciones de victoria de los de Redick son inmensas. Y hoy, sobre todo en comparación a unos Rockets que volvieron a evidenciar sus problemas, quedó claro por qué.
O más bien por quién, pues el show de Doncic una vez se llegó a las últimas posesiones fue sencillamente para enmarcar. Empezó con una canasta en uno contra uno ante Eason, siguió con una asistencia a Hachimura y empezó a decantar el duelo con un lejano triple sobre Thompson. Fue entonces cuando Houston buscó lanzar dos defensores para contenerlo, pero fue una decisión estéril. La primera vez, Luka respondió dejando atrás a ambos y colgando un alley-oop a Hachimura.
La segunda, hizo lo mismo pero con LeBron como destinatario. Una acción que sirvió de colofón y de ejemplo perfecto de cómo puede llegar a funcionar esta conexión con el nuevo rol del alero.
Doncic tuvo tiempo incluso para rematar la faena con un nuevo triple en step-back, culminando un parcial de 6-15 en el que cada punto angelino llegó anotado o asistido por él y con el que confirma lo que ya se sabía sobre esta plantilla. El talento siempre ha estado ahí, pero había que llegar a un nivel adecuado de energía y agresividad en otros aspectos para que saliera a relucir. Y ahora que lo ha hecho, la cosa pinta mucho mejor en Los Ángeles.
(Fotografía de portada: Thomas Shea-Imagn Images)





