La nueva generación estadounidense triunfa en un excelente All-Star Game

El Team Stars, formado por Cunningham, Edwards, Duren, Booker, Maxey, Johnson, Barnes y Holmgren se lleva un memorable All-Star Game

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Por Aitor Darias

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El All-Star es un evento extrañamente mirado con lupa desde hace algunos años. El discurso a su alrededor se ha vuelto enormemente tóxico, y miles de aficionados parecen seguirlo con el único propósito de encontrar problemas que criticar para poder recordar con nostalgia pasadas ediciones que no fueron en realidad tan maravillosas como dicen.

Pues bien, ni siquiera ese sector tendrá demasiadas cosas que echar en cara al evento esta temporada.

Tras varios años de notable decepción, el All-Star Game ha brindado una divertida y emocionante noche de domingo en el estreno del nuevo formato de Estados Unidos contra el resto del mundo, que se ha saldado con la victoria de uno de los combinados norteamericanos. En concreto, el vencedor ha sido el Team Stars, conformado por Cade Cunningham, Anthony Edwards, Jalen Duren, Devin Booker, Tyrese Maxey, Jalen Johnson, Scottie Barnes y Chet Holmgren, que se impuso en la final al otro cuadro local.

Pero en realidad, los verdaderos ganadores fueron los aficionados que dieron un voto de confianza al evento y encendieron la televisión. Porque, por primera vez en años, los jugadores ofrecieron un nivel de intensidad que dio lugar a un baloncesto, uno divertido de seguir. La implicación era notable y, sobre todo, contagiosa, y lo que empezó como una pachanga con algunos protagonistas tomándoselo a broma fue poco a poco creando un ecosistema de competitividad que se trasladó a todos los presentes.

Y todo comenzó con el hombre que prometió que la cosa cambiaría este año.

Wemby marca el tono

El evento arrancó con el encuentro entre el Team World y el Team Stars, un duelo que fue creciendo en intensidad de la mano de un claro protagonista: Victor Wembanyama. El francés, que claramente quería tomarse en serio el choque, marcó un nivel de seriedad al que el resto fue poco a poco subiéndose, dando lugar a un cara que, con el paso de los minutos, se convirtió en el tipo de partido que muchos esperan de un All-Star.

La brevedad del choque permitió además que las diferencias fueran siempre cortas, lo que llevó a un final parejo en el que tiro exterior decantó la balanza del lado norteamericano. Con 29-32 en el marcador, Anthony Edwards convirtió el triple que puso el empate y llevó el partido a la prórroga, que se decidía al mejor de cinco puntos, y en ella fue Scottie Barnes quien, también desde el triple, dio a los suyos la primera victoria de la noche.

Wembanyama, enfadado al ver a sus compañeros cerrarse en la pintura cuando a su rival solo le valía un triple para ganar, terminó el choque notablemente frustrado. Esto no es a lo que él había ido. Si quería ganar, había que dar un paso más.

Pero antes era el turno del cara a cara entre los dos combinados locales, que no fue menos vibrante que su predecesor. Quizás sí algo más acelerado y libérrimo, con un estilo más propio del de pasados All-Stars, pero con el compromiso y voluntad de los jugadores como factor más importante. Y sobre todo, con otro final apretado y otro lanzamiento ganador.

Este corrió a cargo de De’Aaron Fox, que dio sobre la bocina la victoria por 42-40 a los veteranos del Team Stripes sobre las promesas del Team Stars tras un final caótico. Cuando parecía que Anthony Edwards, con cinco puntos consecutivos, había decantado el choque en favor de los jóvenes, el base de los Spurs definió con temple y sobriedad una excelente última jugada del cuadro de Mitch Johnson, que arrancó en las manos de LeBron, pasó por Durant y Mitchell en una gran circulación de balón, y acabó llegando a un Fox que no perdonó.

Kawhi da más

Y con el tono ya establecido, empezó el verdadero show. El tercer partido, a vida o muerte entre el Team World y el Team Stripes, llevó aún más allá el buen nivel que se estaba viendo y realmente elevó el evento a un nuevo estatus. Por si quedaba alguna duda, aquí había muchas ganas de brillar y de ganar.

Con su equipo contra las cuerdas, Wembanyama arrancó de nuevo el encuentro como el jugador más activo e implicado, y durante un tramo pareció que iba a conseguir comandar al cuadro internacional a la final. Pero entonces apareció el verdadero protagonista. Uno que llegó al All-Star de rebote después de no ser elegido inicialmente, el único local en el Intuit Dome. Un Kawhi Leonard que en solo 12 minutos hizo más de lo que muchos pueden soñar con hacer en un partido entero.

El de los Clippers ha pasado por muchos momentos en los que parece imparable, pero pocos estuvieron a la altura de lo que se vio en el tercer partido. Con 31 de los 48 puntos de su equipo, Leonard protagonizó una exhibición que es historia instantánea del All-Star Game. Y que, como colofón, coronó con un increíble game winner que hizo más justificados que nunca los cánticos de ‘MVP’ que llevaba recibiendo varios minutos.

Y es que el angelino hizo de todo en este tramo. Estuvo infalible desde el triple (6/7), anotó desde la media distancia, atacó el aro, robó balones para anotar en transición… Si alguien podía usar este All-Star a modo de reivindicarse, de preguntar a los votantes en qué estaban pensando cuando decidieron que no merecía estar aquí, ese era él. Y lo que es más importante, lo hizo con una defensa que de verdad estaba intentando detenerlo. Algo que hace mil veces más disfrutable cualquier highlight del evento.

Todo pudo alcanzar cotas aún mayores de la mano de Wembanyama, que dispuso de un triple sobre la bocina para llevar el partido a la prórroga, pero, tras un encuentro fantástico, no pudo rematar la faena. Lo cual no quita que, cuando recordemos la gran noche de domingo que hemos vivido, haya que señalarlo a él como el primer jugador en ponerse serio, marcar el tono, y llevar al resto al nivel de competitividad que todo fan deseaba.

Lo peor, el postre

Por desgracia, ese nivel de competitividad no se mantuvo en la final, que dejó en regusto amargo en lo que por lo demás estaba siendo un torneo muy disfrutable. Y no por falta de ganas, sino porque, por primera vez en toda la noche, la diferencia en el marcador se hizo lo suficientemente grande como para que el choque quedara resuelto antes de tiempo. Y ello dio lugar a un cierre de All-Star bastante anticlimático.

Quizás por el cansancio acumulado al tener que jugar su tercer partido consecutivo ante unos jóvenes más frescos, pero el Team Stripes fue totalmente sobrepasado y cayó por un abrumador 47-21 en lo que fue la única nota negativa de la noche. Sin acierto exterior (4/19) y desbordados por la velocidad del Team Stars, comandado por Tyrese Maxey, simplemente no pudieron competir. Lo cual fue decepcionante viniendo de lo que veníamos.

Sin embargo, sería injusto que este mal sabor de boca final marque en exceso lo que, de resto, fue un excelente All-Star que trajo la intensidad que muchos demandaban y que regaló grandísimos momentos. Parece obvio que la NBA ha encontrado algo con este formato. Y si los jugadores siguen con este nivel de compromiso, quizás vayamos camino de empezar a revertir la narrativa del fin de semana de las estrellas.

(Fotografía de portada: Kirby Lee-Imagn Images)

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