Los Warriors han dado un golpe sobre la mesa con la gran machada de la noche. Con Butler fuera, Curry aún esperando para regresar, Porzingis de vuelta a la lista de bajas tras su debut, Draymond Green de descanso… Con solo nueve jugadores disponibles, no parecía que los de Kerr tuvieran demasiado que hacer en la visita de los Denver Nuggets al Chase Center. Pero la NBA tiene estos encuentros que te recuerdan que el noveno jugador de la rotación tiene un talento enorme cuando le dejan sacarlo.
Y hoy, le tocó a toda la plantilla de Golden State demostrar que no son simples NPCs alrededor de Steph.
Los californianos se impusieron por 128-117 a Denver en toda una actuación que les sirvió para demostrar muchas cosas. La primera, su fe en sus opciones con una salida que dejó claro que no habían ido simplemente de paseo. La segunda, la capacidad de resistencia ante un gran tercer cuarto de los Nuggets que les ponía todo cuesta arriba. Y la tercera, que hay un jugador que, aunque discutido, puede echarse el equipo a la espalda si la situación lo requiere. Uno llamado Brandin Podziemski.
Despertar en el clutch
En una jornada en la que prácticamente todos los locales estaban encontrando formas de sumar, Podz pasó los tres primeros cuartos siendo absolutamente incapaz de encestar el balón en el aro. Anotó su primer lanzamiento, sí, pero de ahí en adelante no parecía saber hacer otra cosa que fallar. Uno, y otro, y otro. Nueve lanzamientos errados consecutivos, un problema que no era tan grave mientras sus compañeros estaban infalibles de tres pero que empezó a hacerse más flagrante cuando los porcentajes empezaron a bajar a la tierra.
Y entonces, una penetración a canasta nada más abrir el último cuarto le permitió romper la maldición. No sin que el balón diera un par de vueltas en el aro para aportar algo de suspense, el escolta sumó una canasta que él mismo celebró con gestos de «por fin». La sequía había acabado. Lo que no sabía aún ninguno de los presentes es que era la hora del chaparrón.
Porque de ahí en adelante Podziemski no volvió a fallar un tiro en todo el partido, sumando 16 de sus 18 puntos en el último cuarto. Y los sumó de todas las formas y colores. Triples, media distancia, floaters, palmeando un rebote ofensivo. Lo que hiciera falta. Una irrupción que impulsó un parcial de 20-2 para los Warriors y que cambió por completo la dinámica del choque de tal forma que ni la vuelta a pista de Jokic y Murray, que entraron con empate en el marcador y recibieron un 10-0 de salida, pudo cambiar.
Brandin Podziemski was ELECTRIC in Q4 💯
— NBA (@NBA) February 22, 2026
15 PTS (6-6 FGM)
8 REB
2 AST
2 3PM
Warriors win an exciting game at home! pic.twitter.com/FsgchbKZbN
Pero sería injusto atribuir solo a Brandin este cambio radical. La reacción de los de Kerr comenzó desde su agresividad defensiva, que puso freno al ataque de los Nuggets, les permitió recortar la diferencia y dio pie a este despertar. De’Anthony Melton estuvo absolutamente desatado en la mitad trasera, y a su alrededor todo el quinteto local parecía volar para meter manos sobre pase, ralentizar la circulación de los de Colorado y tratar de volar en transición.
Así, antes de que Adelman y los suyos pudieran darse cuenta, los Warriors estaban ya con una ventaja de dobles dígitos y no había opción a nada. Ni siquiera Jokic, dominante durante el resto del encuentro, pudo hacer nada en el tramo final, dejando un sabor bastante amargo a su triple-doble de 35 puntos, 20 rebotes y 12 asistencias. Números que sirvieron de poco ante la incapacidad colectiva para frenar a un equipo que llegaba muy mermado en cuanto a personal pero no en cuanto a confianza.
(Fotografía de portada: David Gonzales-Imagn Images)





