Gigante y matagigantes

Una exhibición de Wembanyama permite a los Spurs volver a tumbar a los líderes del Este. Los de Mitch Johnson acumulan un balance de 6-1 ante los primeros clasificados de ambas conferencias

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Por Aitor Darias

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Cuando cualquier equipo joven llega a sus primeros playoffs, existe siempre una razonable dosis de escepticismo. No es lo mismo rendir durante la liga regular que cuando te juegas la vida en cada partido, y habitualmente es necesario llevarse al menos un duro revés en postemporada antes de aspirar de verdad a lo más alto. Algo que, no obstante, los San Antonio Spurs parecen decididos a poner en duda. Porque los texanos se han confirmado como la pesadilla de los dos líderes de conferencia.

Después de firmar un arrollador 4-1 en su serie de encuentros ante los Thunder, los de Mitch Johnson han logrado esta madrugada cerrar con un 2-0 su cara a cara frente a los Pistons después de imponerse por 121-106. Un resultado que ha llegado después de tramos de verdadera exhibición y de dominio aplastante de un equipo que se siente listo para ir a por todas. Uno que ha pasado por encima de los dos gigantes que dominan Este y Oeste respectivamente. Lo cual lo convierte en gigante por derecho propio.

Hoy sí, Wemby

Y no hay nadie más gigante que Victor Wembanyama, que si en el duelo disputado en Detroit se encontró con muchos problemas, hoy el problema fue él. Uno demasiado grande para unos Pistons que no pudieron encontrar la forma de reducir su impacto en ninguno de los dos aros y que acabaron siendo demolidos por sus 38 puntos, 16 rebotes, 5 tapones e infinitas barbaridades.

El alto nivel físico que en tantos problemas puso al francés en Michigan jugó hoy en contra de los de Bickerstaff, pues, como si de un veterano se tratase, Wemby supo usarlo a su favor. Sabiendo el nivel de contacto con el que se le iba a defender, Victor manipuló la defensa para meterla en problemas de faltas, algo de lo que fue presa un Jalen Duren que pasó más tiempo en el banquillo que sobre el parqué. Y sin el cual, los Pistons perdían gran parte de sus recursos en la defensa interior.

Pero lo cierto es que esta vez su dominio llegó incluso con Duren en pista tratando de hacerle la vida imposible. Es más, fue uno de esos días en los que habría llegado incluso con siete defensores delante. Wemby abrió el choque con un triple desde más de 8 metros y dejó claro que era una de esas noches en las que su muñeca está fina y en la que el tiro de media y larga distancia es un recurso a temer. Y cuando eso ocurre, ya sí que no hay manera.

De ahí en adelante, una sucesión de lo que le pidieras. Triples, lanzamientos desde el poste, canastas tras rebote ofensivo, alley oops, penetraciones a canasta. Encontró la manera de hacer de todo y todo le salía. Casi como si hubiese estudiado mil veces el partido anterior para saber cómo atacar a la defensa que tantos problemas le dio. Todo mientras su impacto atrás seguía siendo igual de monstruoso.

Y es que para un equipo que depende tanto de su anotación en la pintura como Detroit, pocas condenas hay mayores que tener que intentar anotar delante de Wembanyama durante 48 minutos. Hoy Cade Cunningham, voluntarioso y empeñado en hacer funcionar el ataque de los suyos, logró terminar con 26 tantos y 8 asistencias, pero lo hizo con una baja eficiencia (10/26), toda la que te permiten la insistencia de Castle y la amenaza del tapón de los brazos más largos de la liga.

Sin respuesta

Lo mejor para San Antonio, no obstante, es que no todo fue Wemby. Hubo ratos de brillar para todo el mundo, empezando por De’Aaron Fox y sus 29 puntos, por Carter Bryant y su recital de defensa e intensidad, por Julian Champagnie y sus triples o por el esfuerzo colectivo para convertir la defensa en ataque mediante velocísimas transiciones. Un conjunto de virtudes que les hicieron llegar a contar con 22 tantos de ventaja y ser claros dominadores del encuentro.

Cierto es que Detroit logró reaccionar a esta desventaja y volver a llevarla por debajo de los dobles dígitos, pero los Spurs respondieron con un rigor y un temple impropios de un equipo que lleva siendo competitivo apenas cinco meses. Sin entrar en pánico, sin perder el control de partido, sin dejar de hacer lo que saben que funciona. Con la confianza de que los tiros volverían a entrar y de que su defensa volvería a imponerse.

Y eso ocurrió. Como lleva ocurriendo todo el año y como seguirá ocurriendo si el resto no le ponen solución.

(Fotografía de portada: Scott Wachter-Imagn Images)

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