Lakers: ¿es comparable la llegada de LeBron a la de Shaq en 1996?

De ahogarse antes de los playoffs en los últimos cinco cursos a ser, desde ya, un aspirante a equipo puntero en la Conferencia Oeste. Quizá no estén los 2018-19 para discutir el dominio pacífico de Warriors o Rockets pero sí para sembrar el embrión y ser alternativa muy realista en uno o dos años. La llegada de ha sido la resurrección absoluta de la segunda franquicia más laureada de la historia de la NBA (16 títulos, por los 17 de Boston Celtics).

, la mandamás en clave púrpura y oro desde que su hermano Jim se precipitase de la cúpula de la entidad, se aventuró a comparar la llegada de James a los Lakers con la de Shaquille O’Neal en 1996.

Rebobinemos hasta aquellos Lakers pre-Threepeat. La entidad buscaba reverdecer las ascuas dejadas por Magic Johnson a comienzos de la década de los 90 y necesitaba una súperestrella que encabezase el proyecto en el que militaba aquel osado rookie de nombre Kobe Bryant. Los nombres de James Worthy, Byron Scott, Vlade Divac, Kareem o el propio Magic habían quedado ya atrás.

Shaq llegaba tras cuatro temporadas meteóricas en Orlando Magic, con quien se había consagrado no ya como un talento emergente del tamaño de los Estados Unidos, sino como toda una súperestrella desde su año número dos en la liga. Promedios superiores a 29 puntos y 13 rebotes en sus primeros años dan buena fe de ello. Dominio aplastante y optimizado desde la pintura pero trabajado desde un talento y fuerza sobrehumanos. Eso era el Shaquille que llegó a los Lakers en el año 96, y parece que la sensación con LeBron James, aunque no en fondo y forma, es similar.

“Fue una sensación familiar, como cuando firmamos a Shaquille O’Neal en 1996. Fue algo parecido. Esa es la fórmula, como al Dr. Buss (su padre, Jerry) le gustaban hacer las cosas, ir a por los mejores y reunir el mejor equipo posible para que represente a los Lakers”, opinó Jeanie Buss, la líder de la franquicia y pudo recoger el medio Clutch Points.

LeBron, una leyenda

Decimos que no en forma y fondo dado que James es considerado uno de los dos mejores jugadores de la historia, le contemplan ya 15 años como profesional y un legado inigualable en la competición. No llega, pues, un talento con predisposición a la leyenda, sino que LeBron es ya una deidad haga lo que haga en los cuatro años que firmó con los Lakers.

La sensación de poder a reclutar a los mejores, no obstante, sí es la misma que con Shaq. Los Lakers podrían volver a albergar un MVP entre sus vestuarios con la llegada de James.