Han pasado ya más de 24 horas desde que Nikola Jokic dejó el que puede ser el pase de todos los tiempos. Al menos, de los que han quedado grabados. Ya lo habéis visto todos, pero por si acaso:
Obviamente, para ser contendiente real a mejor pase de la historia, hay que tener en cuenta el contexto. Y Jokic regala esta delicatessen en el primercuarto del primer partido de pretemporada de los Denver Nuggets. ¿Puede seguir siendo la mejor asistencia que se haya dado nunca en NBA? Sí, puede.
Sobre todo porque a nivel técnico es un pase inmejorable. Sin un solo adorno, el gesto necesario (que no es poco) para poner el balón donde toca con el ángulo necesario para sortear tres defensores y la velocidad/engaño gestal para pillar a la defensa a contrapié. Además, la combinación de visión de juego, habilidad y fuerza física que requiere hacer viajar el balón a esa velocidad y con esa precisión sin levantar los pies del suelo, está a la altura de poquísimos en la historia del juego.
Ahora bien, lo de tener en cuenta o no el contexto competitivo en el que se encuadra una acción es interesante en cuanto a cómo evaluamos el arte del pase en el baloncesto. Porque una canasta, un robo o un tapón necesitan del marco competitivo para ascender al olimpo de las mejores jugadas de la historia. El tapón de LeBron James, el The Last Shot de Jordan, el robo de Gerald Henderson… ¿Pero cuál es el mejor pase de la historia? Ahí se vienen a la mente muchas más secuencias sucedidas en jornadas aparentemente mundanas de temporada regular (el alley-oop de Kobe a Shaq en las finales del Oeste del 2000 podría ser un pretendiente). Porque en lo referente a la asistencia, pondera más lo puramente estético que lo decisivo.
Así que sí, igual estamos ante el mejor pase de la historia. Suficiente como para rescatarlo una y mil veces.
(Fotografía de portada de Ron Chenoy-Imagn Images)





