Ya hemos hablado en varias ocasiones de lo imprevisible que son los Minnesota Timberwolves. Viéndoles en la parte alta de la Conferencia Oeste se podría entender que son un gran equipo, y lo cierto es que en muchos momentos lo parece; sin embargo, tampoco faltan los días en los que aparentan que se les ha olvidado jugar al baloncesto. Pues bien, el choque ante los Warriors, con Anthony Edwards como estilete, ha estado a caballo entre ambas situaciones.
La estrella de la organización de Minneapolis se hizo cargo en San Francisco del delicado momento que vivía su equipo, uno que se medía por cuatro derrotas consecutivas. Ante tal escenario, el All-NBA de los Wolves respondió con 42 puntos merced a un 13 de 22 en tiros de campo y un impoluto 12 de 12 desde la línea de tiros libres. Además, añadió a su hoja estadística 8 rebotes y 5 asistencias.
La actuación de Edwards habla por sí sola; sin embargo, su constante brillo –acumula nueve partidos de al menos 40 puntos– poco tiene que ver con el funcionamiento colectivo de un grupo que hace tiempo que perdió esa seña de identidad que era su defensa. Más claro, en la 2023-24 tuvieron el mejor rating defensivo de la Liga, en la 2024-25 bajaron al sexto puesto y en la actual ya van por el undécimo…
Si hablamos de que los de Minneapolis no están bien, qué decir de Golden State. La espera para el regreso de Stephen Curry se sigue alargando y mientras suman derrota tras derrota, siendo ya cuatro tras la sufrida contra los Timberwolves.
Unos Warriors descabezados… y sin destino
No por haber más avisos se ha atajado en caso alguno el tema. Se hablaba desde hace varias campañas de que el final de Stephen Curry podría ser triste al no pelear por nada y cada vez está más cerca de cumplirse. Sin Jimmy Butler ni él, los californianos viven sin rumbo pese al regreso de Kristaps Porzingis, quien anoche se fue hasta los 20 puntos en tan solo 22 minutos.
(Fotografía de Cary Edmondson-Imagn Images)





