Brad Stevens comenzó la pasada offseason con una misión clara: quitarse millones a paladas moviendo algunos de los contratos más abultados de la plantilla. Una empresa que, así pronunciada, podría parecer sencilla, pero que el General Manager de los Boston Celtics ha ejecutado a las mil maravillas quitándose de en medio casi 400 millones de dólares en salarios, quedando incluso por debajo del umbral del impuesto de lujo.
Aun así, este hecho no explica que la NBA y sus votantes designados le hayan otorgado el premio al Ejecutivo del Año. Normalmente reservado a gerencias que se muestran agresivas y lo rentabilizan a nivel deportivo o a ejecutivos que firman buenos jugadores por debajo de su precio de mercado. Sucede que a Boston le ha dado por perder a Jrue Holiday, Kristaps Porzingis y Al Horford de un año para el otro (más la lesión de Jayson Tatum) sin ver afectados sus objetivos deportivos. Quizás esto signifique que, ya que a Joe Mazulla desprecia el premio, hayan preferido dárselo a su ‘jefe’.
Esto le ha bastado a Stevens para quedar por delante de Onsi Saleh en Atlanta o Trajan Langdon en Detroit. Candidatos no demasiado serios. El de los Celtics ha recibido 69 puntos con 11 elecciones como mejor ejecutivo por parte de los votantes.
Es la segunda vez que se hace con este galardón, dos años después de embolsarlo por construir el equipo que terminó ganando el campeonato en 2024 con los fichajes de, curiosamente, Jrue Holiday y Kristaps Porzingis.
(Fotografía de portada de Winslow Townson-Imagn Images)





