Sería a todas luces excesivo decir que, tras la derrota del Game 5, empezó a sentirse miedo en los Lakers ante la posibilidad de ser el primer equipo que perdiese una serie de playoffs tras empezar ganando 3-0. Pero que la idea empezaba a pasarse por la mente de alguno sí es una realidad. Con la dinámica de la serie inclinándose a favor de los Rockets y Doncic lejos de estar recuperado, el «¿y si…?» empezaba a sonar más de la cuenta y el sexto partido se presentaba como una prueba de fuego para LeBron y compañía.
Una vez concluido, puede decirse que la han superado con nota.
Los angelinos no solo han cerrado su clasificación a las semifinales de conferencia, sino que, con su victoria por 78-98, lo han hecho sin sufrir y con un control del encuentro prácticamente absoluto. Tras el parcial de 1-15 con el que abrieron la brecha al comienzo del segundo cuarto, la noche transcurrió sin sobresaltos para los de Redick: siempre al frente, siempre con diferencias de dos dígitos, y siempre llevando la batuta. Se jugaba a lo que ellos querían y no había amago de reacción local. Fue, en cierto modo, como si la serie hubiese vuelto a sus dos primeros partidos.
El drama de siempre
De hecho, la imagen del cuadro de Udoka fue aún peor que en el arranque de la eliminatoria, especialmente en la mitad ofensiva de la cancha. Las buenas sensaciones de las últimas noches desaparecieron por completo, y los texanos se quedaron en su peor anotación del curso después de no exhibir ninguna de las virtudes que les habían reenganchado a la serie.
Ni Amen Thompson generando desde el uno contra uno, ni un mejor acierto exterior, ni agresividad en el rebote ofensivo. Cualquier atisbo de identidad se esfumó y generó la madre de todos los atascos para Houston, especialmente en una primera mitad en la que no superaron los 35 puntos. Lo cual hizo que los Lakers no necesitasen un recital ofensivo para imponerse.
LEBRON'S GOT 18 PTS AT THE BREAK 👏
— NBA (@NBA) May 2, 2026
Lakers up 18 in Game 6! pic.twitter.com/RVeUaPwbaJ
De hecho, les bastó con la insistencia de un LeBron James que, con Reaves más acertado que en el Game 5 pero aún un tanto discreto, tomó de nuevo las riendas del equipo y se encargó tanto de abrir la brecha en la primera parte como de mantenerla en la segunda. Sus 28 puntos y 8 asistencias le hicieron guiar a los angelinos con poca ayuda más que la de Rui Hachimura, una vez más finísimo desde el triple, algo posible por el gran trabajo en la mitad trasera. Justo en la que nadie creía que este equipo pudiera funcionar.
Al matadero o a la guerra
Los Lakers se citan por tanto con los Oklahoma City Thunder, que serán su rival en unas semifinales del Oeste que se presentan enormemente cuesta arriba. Con Doncic pudiendo perderse incluso toda la serie y ante un equipo que viene de dominar en su eliminatoria ante Phoenix y durante todo el curso, se hace difícil tener fe en los de oro y púrpura, que incluso con Luka en sus filas serían claros underdogs ante los claros favoritos a repetir anillo.
Pero no es menos cierto que, debido a las bajas, también llegaban a la serie ante los Rockets con todo en contra. Y dos semanas después, aquí estamos.
Será ahora el momento de intentar confirmar de forma definitiva la mejora que se ha percibido en el equipo en los últimos meses a nivel de energía y defensa. Es más, harán falta más que esos dos atributos si quieren mirar de tú a tú a un equipo al que parece difícil que alguien pueda no ya batir, sino plantar cara. Pero estos Lakers parecen haberle cogido el gusto a remar a contracorriente y LeBron ha decidido que ejercer como número 1 se le sigue dando bien. ¿Hay opción a otra machada?
(Fotografía de portada: Erik Williams-Imagn Images)





