Los San Antonio Spurs habían elegido el que iba a ser el backcourt que arroparse el despegue de la era Victor Wembanyama. En medio de una temporada de sí, pero no, el francés dejó claro a quien quisiese saber que esperaba que el equipo fuese a por todo en el mercado. Que cualquier esfuerzo por competir hasta donde su talento les llevase llegaba tarde.
La deriva por la que caminaban los Sacramento Kings abrió la oportunidad de De’Aaron Fox. Y los Spurs se lanzaron de cabeza. Chris Paul había sido el primer base de Wemby y el experimento había estado bien como mentoría (acabó jugando 82 partidos como titular), pero Fox era una apuesta decidida por el ya que solo los problemas de salud del interior galo retrasaron. Casualidades que solo parecen ocurrir en un punto determinado de Texas, ese obligado preludio a competir supuso sumar un tercer cuerpo a esa línea exterior. Todo iba a cambiar.
Quien más quien menos, dudó de sumar a Dylan Harper a la dupla que ya formaban Stephon Castle y De’Aaron Fox. No porque al hijo de Ron no se le intuyese talento, sino precisamente porque su potencial podía quedar opacado y no tener el hueco esperado en un conjunto que pretendía, como mínimo, luchar por los playoffs. Sobre todo, porque era una carta que jugar en la puja por Giannis Antetokounmpo o cualquier otra estrella que asomase al mercado. Por suerte, Gregg Popovich, RC Buford y compañía no leen Twitter.
Obligaciones de un talento especial
Al principio, Harper podía parecer destellos aislados y premonitorios. Para diciembre ya se entendía que esa facilidad para pisar pintura y resolver era un don. En unos pocos meses caímos en la cuenta de que era uno de esos perfiles de exteriores modernos a los que situar en cualquier contexto para que él solito se imponga. Que toma el balón, trabaja sin él, ataca el rebote y defiende con los fundamentos de un veterano y la intensidad de un recién llegado. Y con pedigrí de estrella.
El Fox-Castle es una estructura que se ha demostrado ganadora en infinidad de ocasiones en la historia del juego. El clásico ‘perfil creativo conoce perfil destructor’, teniendo en cuenta que el baloncesto actual huye de la especificidad para aspirar a jugadores que lo abarquen todo. Harper rompe con esto porque es un punto medio entre ambos. Mitch Johnson siempre ha preferido tener a dos bases en cancha por la seguridad que le otorga para poder acelerar el ritmo sin perder excesivo control. Esquema en el que Harper por norma ha partido como manejador secundario, lo que hace que sorprendan aún más los galones autoadquiridos a base de tramos en los que levanta la mano se lo pidan, aunque el juego lo demande.
Según datos de Cleaning the Glass, el rookie ha disputado un 71% de sus minutos como escolta, 21% como base y 2% como alero. De las 32 alineaciones con las que más posesiones ha compartido, solo en cinco de ellas parte como organizador primario.
Sin embargo, a pesar del gusto de Mitch Johnson por ese control que le da tener dos organizadores en cancha (los hechos demuestran que ve a Castle como un organizador puro que casualmente también puede partir sin balón), ha hecho poquísimas probaturas con las tres cabezas de la hidra. Durante la temporada regular, el trío Castle-Harper-Fox ha compartido pista un total de 25 minutos repartidos en 18 partidos. En playoffs, ya son 25 minutos en 10 partidos.
Probaturas a la desesperada
Es lógico que Johnson piense que hacer coincidir a los tres no resulte en los quintetos más equilibrados del mundo. Especialmente a nivel espacial, por mucho que Harper metiese casi un 48% de sus triples tras el All-Star y Stephon Castle registre un sólido 36% en estos playoffs. Owen Phillips, analista de datos para los Denver Nuggets, dijo en sus tiempos de bloguero que no es tirador aquel que mete el 40% de sus lanzamientos exteriores. Sino aquel que intenta 5 por partido de forma consistente. Esos cuya mera presencia estresa y estira a las defensas porque no necesita de rachas o de sentirse con más o menos confianza una noche dada.
Ahora bien, hacerles coincidir 25 minutos durante una temporada de 82 partidos en la que han sacado ocho partidos de ventaja al tercer clasificado en el Oeste…
Estos días, al respecto de haber encontrado el rol ideal de Karl-Anthony Towns, Mike Brown dejaba unas declaraciones impecables:
“Para mí la temporada regular trata de encontrar tu camino para estar preparado para este momento del año. Y va haber muchas subidas y bajadas. Y espero que sea incómodo, y espero que sea un infierno, porque debo ver si somos lo suficientemente fuertes. Porque una vez llegamos aquí, todo lo que vemos ya lo hemos conquistado”
No es que Johnson haya sido inmóvil. Ahí están las probaturas con Harrison Barnes y Julian Champagne o la gestión de Carter Bryant hasta incorporarle en la rotación. Extraña, eso sí, que se haya cerrado ante la posibilidad de unir a sus cuatro mejores jugadores en cancha más allá del 0,006% de la temporada regular y que ahora esté acudiendo a ellos como fórmula para resolver los partidos.
De esos 25 minutos que el trío ha disputado junto en playoffs, 22 han sido durante los últimos cuartos de las finales. Con resultados dispares.
San Antonio contra el muro del clutch
En el primer encuentro, Dylan Harper estaba siendo el mejor de los tres, protagonizando los arreones iniciales que metieron a los Spurs en partido y le dieron la ventaja a su equipo en la primera parte. Sin embargo, en el último cuarto salió a pista restando siete minutos y medio, se comió el inicio del calentón de Jalen Brunson y terminó los últimos 4 minutos viendo dese la barrera cómo los suyos se comían un parcial de 11-5 en contra.
En líneas generales, los texanos son un equipo al que se le han atragantado las situaciones en el clutch durante estos playoffs. Han perdido 6 de los 9 encuentros en los que han llegado igualados a cinco minutos del final y están anotando tan solo un 40% en tiros de campo y 24% desde el triple. Ante estos datos, es normal que su técnico piense que de perdidos al río y que quizás venga mejor poner toda la capacidad de generación de juego que tiene sobre pista sin renunciar a un tiro exterior del que ya de por sí está careciendo en esos momentos. De cara al segundo encuentro de las finales, Johnson confió ciegamente en Harper (también por el susto que tuvo Castle con su tobillo) dentro de un partido en el que a San Antonio le estaba costando horrores generar a media pista.
Que los Spurs acabaran perdiendo ese partido como lo perdieron fue un accidente al igual que era un milagro haber llegado vivos hasta la fatídica pérdida orquestada por Wembanyama y castle y la posterior falta sobre Brunson para darle la ventaja a Nueva York porque habían decidido hacerle falta sin necesidad en la posesión anterior. Pero en ese 14-0 de parcial cuando el partido parecía estar fuera de su alcance, los Spurs sintieron haber encontrado algo. Después de lo del Game 7 ante OKC y ese tramo de esperanza, a Harper no se le podía sacar de pista en los momentos calientes. Y a Fox, por impopular que parezca, tampoco.
El ex de los Kings está siendo el principal blanco de crírticas cuando a los Spurs le vienen mal dadas. Pero su segundo partido deja a las claras que es el que mejor lleva las riendas del equipo y que solo con él San Antonio puede optar a jugar al ritmo que mejor les venga. Porque es el único que sabe pararse una vez ha generado la primera ventaja a media cancha para reevaluar situación y volver a decidir. El tercero, a pesar de los malos porcentajes (4 de 14) y sin tener en cuenta el tiro que mata el partido, también.
De entre los tres manejadores, es el que más variedad encuentra a la hora de involucrar al resto. Casualidad o no, en el tercer encuentro Castle repartió sus 5 asistencias a Wemby y ninguna de las 4 de Harper fueron a parar a las manos del francés. Fox dio cuatro al alien y cuatro al resto. Johnson tiene pocas dudas de que debe ser él quien tenga el balón en las manos en los momentos límite.
No fue bonito, no fue holgado, no fue ningún crisol de sinergias pero los Spurs ganaron el primer partido de toda la postemporada en el que jugaban el tramo final completo con sus tres bases en pista (exceptuando posesiones específicas en las que priorizar el rebote. Jugando mayormente a través del aclarado o el bloqueo directo con Wemby, un triple a la desesperada de Castle desatascó el partido para darle a San Antonio su primera victoria en las finales.
Cuando dio comienzo el curso allá por octubre, la convivencia entre Fox, Castle y Harper parecía un asunto a resolver a futuro. Los Spurs tenían tanto tiempo como dura el contrato del primero para ir repartiendo jerarquías. Pero un talento histórico y la realidad de un equipo que ha madurado en tiempo récord le pone en una situación tan privilegiada como incómoda. Durante 100 partidos, Mitch Johnson no pensó en unir a los tres para resolver encuentros. El número 101 le mostró que era posible. Ahora está en su mano decidir si con la obligación de ganar tres de los próximos cuatro partidos cree poder mantener bajo control el caos del dilema de los tres cuerpos.
(Fotografía de portada de Scott Wachter-Imagn Images)





