Miami tampoco puede parar a los Warriors

Los californianos se hacen con su sexta victoria consecutiva

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Por Aitor Darias

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Menos de dos semanas ha tardado Golden State en convertir en sonrisas lo que parecían problemas. Del 0-3 que hizo saltar más de una alarma los californianos han pasado esta noche al 6-3 tras tumbar por un contundente 120-100 a Miami, que han sido presa del que es, contra todo pronóstico, el equipo más en racha de la NBA. Uno que ha resultado tener una cantidad de recursos y herramientas que era difícil de anticipar y que esta madrugada ha resultado ser imposible de parar para unos Heat que, ellos sí, empiezan a estar en problemas de verdad.

Y es que los de Spoelstra no dieron la sensación de poder competir casi en ningún momento. Quitando el buen inicio que les hizo colocarse 10 arriba nada más empezar, el cuadro de Florida lució inferior a los Warriors en todo momento, y de hecho lo iba pareciendo cada vez más a medida que los minutos avanzaban. Mientras que su pólvora empezaba a escasear, los locales no paraban de correr y de hacer daño. Y, lo que es más importante, lo hicieron de la manera más coral posible.

Todos suman…

Es difícil entender el gran momento que atraviesa Golden State sin poner en valor la profundidad que está demostrando su plantilla. Kerr está pudiendo contar cada noche varios hombres de rotación que, al margen de lo que hagan las estrellas, suman cada vez que salen a la pista; algunos como George Niang con sus triples, otros como Charles Bassey con su presencia en la pintura, otros como Al Horford con su veteranía y conocimiento.

Y todos ellos con su velocidad e intensidad.

Los Warriors no son precisamente uno de los equipos más rápidos de la competición, pero sí saben beneficiarse como pocos de los momentos en los que pueden acelerar tanto el choque como a su rival. Repletos de hombres capaces de volar en defensa, llegan a ratos a resultar asfixiantes, y su continuo movimiento en ataque les permite transmitir una sensación de torbellino que les hace pasar por encima de quien no pueda seguirles el ritmo. Y hoy los Heat fueron incapaces.

De hecho, la confianza de Kerr en el bloque es tal que el técnico se permitió cerrar el último cuarto con un quinteto lleno de suplentes, confiando en que podrían mantener la ventaja que se había abierto y viendo recompensada su fe. Pero es cierto que, para abrir esa ventaja, fue fundamental la aparición del hombre que da sentido a este equipo.

… pero manda Curry

Resulta innegable que el factor diferencial es un Stephen Curry que ha arrancado el curso a un nivel excepcional. No así este encuentro, en el que tardó varios minutos en empezar a sentirse cómodo, pero una vez que lo hizo se encargó de dinamitar el choque y de impedir que volviese a parecer igualado. El resto se había encargado de mantener a los Warriors, pero fue él quien los aupó por encima del rival.

Steph terminó el choque con 29 puntos, 22 de los cuales llegaron en una segunda mitad en la que los de San Francisco mejoraban cada vez que la acción pasaba por él. Sus triples (5/7 tras el descanso), su movimiento sin balón y su gran lectura de juego llevan más de una década siendo el eje de uno de los ataques más complicados de frenar del mundo, pero en este inicio de curso parecen encajar en el bloque cono llevaban años sin hacerlo. En parte por cómo funciona el resto. Y en parte por cómo está él.

Con este, Curry acumula cuatro encuentros consecutivos con al menos cinco triples anotados y se va hasta el 45,7% de acierto desde el perímetro en lo que llevamos de temporada, una cifra que, de mantenerse, sería la mejor de su carrera. Y aunque en otros aspectos pueda no estar tan cerca de su mejor versión, la sensación sí es de seguir viendo a un Steph en su prime. Lo cual, ahora que todo lo que lo rodea parece volver a funcionar, empieza a resultar aterrador.

Los Heat, por el contrario, siguen transmitiendo la sensación de que la cosa no da para más. Hubo ratos de Giannis, ratos de Adebayo, e incluso buenas contribuciones de algunos secundarios, hasta el punto de que Davion Mitchell terminó como máximo anotador visitante con 22 tantos, pero nula sensación de continuidad. Más bien fogonazos seguidos de tramos de inconsistencia y de dudas que, tras el descanso, fueron mayoría. Y así, resulta difícil alzar el vuelo.

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