Anthony Edwards: la gloria y la desdicha del super-héroe


“Podría haber sido jugador profesional de fútbol americano. Era muy bueno. Era el mejor running back de todo el país a los nueve o diez años. Dejé de jugar porque vi a mis hermanos jugar a baloncesto. Pensé que sería divertido.”

Anthony Edwards nació en Atlanta en 2001, ciudad que le brindó su cobijo y una temprana pasión por el deporte. Fue allí donde su padre le puso el apodo de ‘Ant-Man’ cuando era niño. O donde se enamoró del baloncesto, transformando el patio trasero de la casa de su abuela, Shirley, en una pequeña cancha improvisada.

Los veranos eran largos y tediosos, así que botar la pelota y lanzar a canasta se convirtió en un ritual para la familia. Sus hermanos le superaban en edad, centímetros y práctica, por lo que los primeros enfrentamientos se saldaban con humillantes derrotas. Una lección que sirvió para forjar una determinación inquebrantable que escribiría en lo más alto de su decálogo personal. “Nunca solía ganar. Así que me cansé de eso. Sabía que algún día les ganaría.”


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