Bernard King y Klay Thompson: el dolor y la superación del ‘killer’


Bernard King tuvo la mala –o buena, según se mire– fortuna de aterrizar en la etapa de máximo esplendor en la NBA. La llegada de Magic Johnson y Larry Bird alejó a la competición de los turbulentos y oscuros años 70. Una inercia que recogería Michael Jordan para elevarla a una nueva dimensión, desconocida hasta entonces.

King había demostrado ser un anotador muy dinámico y peligroso, muy explosivo en su primer paso, con un giro letal y un jump shot muy difícil de neutralizar. Sin embargo, en aquella época coincidió con otros grandes killers como Alex English, Adrian Dantley, Julius Erving o Clyde Drexler, quienes disfrutaron, además, de una mayor estabilidad durante su estancia en la liga.

En 1974 había abandonado el instituto Fort Hamilton de Brooklyn como una auténtica leyenda de los aros de la ciudad de Nueva York. En su próxima escala, la poca tradición baloncestística de la Universidad de Tennessee no supuso ningún obstáculo para brillar y ser elegido en tres ocasiones Jugador del Año de la Southeastern Conference. Ya entonces había dejado parte de la misma misiva con la que firmaría en su salto al profesionalismo: 25,8 puntos por velada con un acierto del 59%.


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