Booker, Young y Morant: noche de estrellas debutantes en playoffs


La nueva generación ya está aquí. La de ayer no fue otra noche más en la inmensa historia de los playoffs de la NBA, sino una en la que tres chicos destinados a hacernos disfrutar durante muchos años vivieron los primeros minutos de postemporada de sus respectivas carreras. El destino ha querido que Devin Booker, Trae Young y Ja Morant (tres jugones) dieran su salto a la pelea por el título coincidiendo no solo en la temporada, sino en el día. Escalonados con unas tres horas de diferencia, vivieron ese baloncesto diferente que se siente cuando se lucha por el anillo y, de paso, nos recordaron que su talento no es solo alimento de hightlights de regular season, sino de hacernos vibrar en el sofá cuando solo los mejores se muestran como tal.

Booker, brillando ante los campeones

Phoenix debía tener miedo. Eso es lo que se ha ido palpando en las últimas semanas ante la posibilidad (muy real) de que se viesen abocados a cruzarse en primera ronda con los actuales campeones: Los Angeles Lakers. Y así ha ocurrido. Desde que los californianos eliminasen a Golden State en el torneo play-in, se certificó un choque que rememoraría aquellos años en los que Steve Nash era el MVP de la NBA. Conocida tal realidad, muchos se han aventurado a anunciar la rápida eliminación de los Suns. Aún puede suceder así. Quizás lo de anoche sea solo la antesala de una remontada angelina. Pero si así termina pasando no será porque Devin Booker no haya dejado su sello en la serie, el de un jugador diferencial que anoche se desempeñó subrayando las dos palabras que deben guiar a Phoenix: respeto y descaro.

A Booker le ha costado seis largos años estar en playoffs. Llegó a unos Suns en reconstrucción que estaban lejos de competir con los mejores, y eso que este chico formado en la Universidad de Kentucky poco tardó en destacar. En su curso de novato promedió 13,8 puntos por partido. Al segundo ya eran 22,1 los que endosaba a sus rivales –cómo olvidar su noche de 70 puntos en el TD Garden ante los Celtics–. Todo eso es parte de su historia, una brillante en la que ha llegado a ser All-Star en dos ocasiones (2020 y 2021) antes de conseguir que su temporada no acabase cuando tiene lugar la división entre aspirantes y vacaciones. Ahora ha cambiado de bando. En la burbuja de Orlando apuntó a ello. Anoche, un 23 de mayo de 2021, ha hecho su debut en playoffs. ¡Y qué debut!

En casa, ante su público, contra los Lakers (campeones), con LeBron James como rival… Ingredientes había muchos y todos servían para justificar que un mal primer paso no se le tuviese en cuenta. No fue así. Booker salió a la carrera, pero con pausa. Haciendo gala de una madurez hasta cierto punto inesperada, el shooting guard de Phoenix dejó que el partido llegase a él. No forzó, no necesitaba demostrar en el primer minuto quién era. El baloncesto simplemente fluyó entre sus manos, unas que en el primer cuarto ya habían dado nueve puntos a los Suns, unas que cuando se complicaban algo las cosas estaban dispuestas a dar un nuevo impulso a los suyos. No parecía un debutante, sino más bien que Booker estaba donde debía, en su hábitat natural.

Phoenix ganó y Booker brilló. No fue un partido vistoso, tal y como refleja el 99-90 final, pero entre tanta batalla fue este chico de 24 años el que puso el toque de clase. Suyos fueron 34 puntos que adornó con 8 asistencias y 7 rebotes. Suyo fue el primer golpe en la eliminatoria. Es solo un día, uno de tantos que quedan por llegar, pero justo por ello no se puede dejar pasar. Booker no ha llegado a playoffs para celebrarlo, sino para pelearlo.

Young, silenciando al Madison

Si hablamos de escenarios míticos, el Madison Square Garden se sale de la escala. Allí han tenido lugar conciertos históricos como el de Led Zeppelin en 1973 o Michael Jackson en 2001, y combates legendarios de boxeo como ‘The Battle of the Century’ en la que pelearon Joe Frazier y Muhammed Ali en 1971. Es un lugar sin igual, uno en el que tuve el placer de estar en diciembre de 2019 para presenciar un New York Knicks-Boston Celtics. Allí se respira historia, y justo anoche se escribió un nuevo capítulo con el regreso de los Knicks a playoffs ocho años después. Debía ser una fiesta, y lo fue, pero solo al principio. Por allí pasaban los Hawks, y al frente de ellos un tal Trae Young que tenía otros planes. A sus 22 años este chico de Lubbock (Texas) debutaba en la postemporada pisando la meca del baloncesto. ¿Le podría la presión? Un game winner fue su tajante respuesta.

Comparado desde su llegaba a la NBA en 2019 con Luka Doncic –no por estilo de juego, sino por impacto inmediato– Young es uno de esos chicos que tan pronto como aterrizan en la competición norteamericana parecen llamados a marcar una época. Debutó con Atlanta promediando 19,1 puntos y 8,1 asistencias –geniales números para un novato–, pero nadie esperaba lo que tenía preparado para su segundo año: 29,6 puntos por noche y All-Star. Cuando alguien hace tales estadísticas no puede pensar que después se le pedirá menos que eso, y quizás por tal obligación su actual curso ha pasado por momentos de irregularidad. ¿Ha tenido malos partidos? Por supuesto, pero lo importante no es caerse, sino levantarse. Y así lo ha hecho Young.

Con un juego de esos en los que el talento vive muy por encima del orden establecido, Young ha llevado a los Hawks a su primera participación en playoffs desde 2017. Ya es un logro en sí mismo, sobre todo porque incluso ha conseguido evitar ser equipo de play-in al acabar en la quinta posición de la Conferencia Este. Se podría dar por contento. La temporada es ya un éxito sean eliminados o no en la primera ronda de la postemporada. La cuestión es que la palabra conformismo no aparece en el diccionario de Young. Anoche, en el Madison, en su debut donde los mejores de la historia han forjado su leyenda, él empezó a escribir la propia con letras de oro.

En un ambiente preparado para gritar a los cuatro vientos que los Knicks han vuelto, la voz que sonó más fuerte fue la de este chico de escasos 1,85 metros de estatura. 32 puntos, 10 asistencias y 7 rebotes llevaron su firma, números que le convirtieron en el man of the match, pero que hubiesen perdido gran parte de su lucimiento si no fuese por lo que hizo en los últimos instantes del partido. Empate a 105 puntos, 10 segundos para el final, última posesión, todo el Madison mirándote fijamente (deseando que te equivoques)… Ahí, en ese escenario, Young tiró de naturalidad. Cogió el balón, dribló justo cuando los Knicks iniciaban la doble defensa sobre él, atacó el aro y anotó con tanta clase como tacto para dejar que el balón entrase suavemente en el aro. Primer día de playoffs, primera hazaña.

Morant, tumbando al mejor de la temporada

La historia de los Grizzlies es la de un equipo en continua superación. Abocados a un mercado pequeño (tanto en Vancouver como en Memphis) sus éxitos llegan siempre como consecuencia de un enorme trabajo –para ellos la agencia libre y los traspasos importantes casi no existen– que ha dado lugar a algunos grandes equipos como aquel que llegó a las finales del Oeste contra San Antonio en 2013. Con ese contexto, los de Tennessee iniciaron tras la salida de Marc Gasol y Mike Conley (entre otros) lo que era una profunda reconstrucción que parecía enviarles a una larga travesía por el desierto. Pues bien, travesía ha habido, pero ni mucho menos tan extensa como esperaban. Ja Morant, número dos del draft de 2019, se ha encargado de que así sea.

Por segundo año consecutivo, los Grizzlies están donde casi nadie esperaba. En 2020 solo la pandemia les frenó cuando con el descarado Ja Morant iban lanzados a playoffs (en la burbuja de Orlando perdieron tal condición), y ahora, en 2021, la historia ha sido incluso mejor, ya que por el camino han dejado a los Warriors de Stephen Curry en el play-in, por supuesto con partidazo de Morant. Como decíamos, Memphis es superación, pero no solo en los despachos, sino también sudando en la pista. Memphis es un equipo de esos que no parecen topar con el techo. Cuando más les exiges, más dan.

Tal cual fue anoche. Los Grizzlies han entrado a las eliminatorias por el título como octavo de la Conferencia Oeste; es decir, a priori les toca bailar con la más fea. Utah ha ganado hasta 52 partidos en temporada regular y ha concluido la misma siendo el cuarto mejor ataque y la tercera mejor defensa. Sí, el reto anoche era mayúsculo aunque los de Salt Lake City no contaban con Donovan Mitchell. ¿Qué hicieron Memphis y Ja Morant? Aceptarlo y superarlo.

Era la primera noche de postemporada para Morant, pero el hecho de debutar batiéndose en cancha de los mejores no fue ni mucho menos un rookie wall. Pese a que el partido no empezó bien para el equipo, este chaval de 21 años nunca desesperó y siguió picando piedra (desde su talento) para concluir su primera actuación entre los mejores certificando que no ha llegado a la NBA para ser un actor secundario, sino protagonista. 26 puntos, 4 rebotes y 4 asistencias fueron sus números mientras el electrónico reflejaba un 109-112 en un partido que acabó con sorpresa (no para Morant). Este chico formado en la Universidad de Murray State puede y debe mejorar, sobre todo en tiro exterior, pero a estas alturas de película, cuando aún estamos en la introducción, no podemos sino sentir el deseo de querer ver más.

Memphis está ahora por delante con el factor cancha recuperado. ¿Pueden completar la hazaña de tumbar al cabeza de serie número 1? Ya lo hicieron en su momento en aquella serie ante los San Antonio Spurs en 2011. Seguro que Morant y compañía (anoche Dillon Brooks también estuvo de cine) tienen entre sus planes conseguirlo.

(Fotografías de Christian Petersen, Stacy Revere y Kevin C. Cox / Getty Images)


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