Calderón: algo tendrá el agua cuando la bendicen

No tiene que ser casualidad, no lo es, que persista en la NBA, que siempre tenga una franquicia a la que acudir, que los Warriors, por ejemplo, lo quisieran fichar para dar lustre y profundidad a su segunda y tercera unidad. Tampoco lo fue que los lo contrataran el pasado verano. En pocos meses, el base extremeño había estado en la órbita de los luego campeones de la NBA, a los que realmente llegó a pertenecer una hora, y en nómina de los subcampeones. Pues sí, algo tendrá el agua cuando la bendicen, que dice el refrán.

Cuando Calderón firmó por los Cavaliers en julio de 2017, todavía no había salido Kyrie Irving, todavía no había llegado y todavía el asunto de la cadera de era algo que pasaba de largo para Cleveland. Luego, Irving pidió el traspaso, Rose recaló por el mínimo y a finales de agosto Thomas aterrizaba, cadera lesionada incluida, en Ohio para empezar una nueva vida profesional.

A la vez que sucedía todo esto, a la vez que iban y venían jugadores llamados a tener todos más minutos que Calderón, el base iba a los suyo, dispuesto a que su fichaje por los Cavaliers sirviera para que Cleveland fuese la séptima franquicia a la que prestaba servicios. Conforme se acercaba la pretemporada los rumores sobre su posible salida crecían, debido principalmente al exceso de jugadores en la plantilla, que por el límite de 15 nombres como máximo, exigía algunos cortes. Sin embargo, los elogios de Tyronn Lue a principios de octubre hacia Calderón, los temores a la inconsistencia de Rose, que luego se vieron reales, y la tardía recuperación de Thomas, aseguraban un puesto a Calderón.

LeBron, de base

Comenzó la temporada mal. La lesión de Rose ante los Bucks, en el segundo partido del curso, le dio la titularidad a Calderón para el tercer compromiso de la campaña, ante los Magic. Apenas 13 minutos y banquillo para el director de juego, que vio cómo pagaba el precio de la derrota ante Orlando con 0 minutos frente a los Bulls. Ese día, actuó de base, con todo lo que supuestamente podría significar eso para el propio Calderón. Luego, en esa mala racha inicial de derrotas de los Cavs, presencia residual de Calderón, adelantado por la derecha por la vuelta de Rose y, en última instancia, por Iman Shumpert una vez que el propio Rose volvía a caer en desgracia.

A Lue no le quedaban más opciones

A pesar de los elogios de pretemporada, sin Thomas, sin Rose, Lue optó entonces por Iman Shumpert para la dirección del timón. Pero este también fue pasto de las lesiones. A la vez que eso sucedía, en las vísperas de Acción de Gracias, Derrick Rose se iba literalmente de la disciplina de los Cavaliers para repensar su futuro profesional.

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En ese contexto, quizá pensando que lo que más necesitaban los Cavaliers era proseguir con la calma que habían logrado tras encadenar una buena racha de triunfos, y que se prolongaría hasta las 13 victorias seguidas, Lue le dio los mandos de la titularidad a Calderón a finales de noviembre. Y de ahí no se ha movido el ex de los Raptors, Knicks y Lakers, entre otros. Y no se ha movido porque, sin grandes excentricidades, sin grandes alardes vistosos, ha conseguido saber hacer lo que mejor sabe: dirigir. A eso hay que unirle un aumento de la confianza, que le permite mirar en ocasiones al aro y llegar a veladas de 17 puntos. No es necesariamente lo que más le van a pedir los Cavaliers, que buscan en Calderón la sobriedad y la veteranía de un base que sepa subir y distribuir la pelota con el mínimo riesgo.

Los elogios de James y de Dwyane Wade, que alaban su capacidad para no perder la pelota, su distribución de juego y su buena mano exterior, son la mejor muestra de que Calderón ha cogido el tino a su nuevo equipo. Y su nuevo equipo a él. “Ha tranquilizado las cosas”.

El debut de Thomas

Si no existe contratiempo de última hora, el ex de los Celtics debutará con Cleveland durante la primera semana de enero. Será el momento para que Calderón, presumiblemente, vuelva a la suplencia, donde seguirá ejerciendo ese papel de pieza fiable siempre que se le necesite, virtud que le ha permitido estar desde 2005 en la NBA sin interrupción. Virtud que le posibilita a los 36 años seguir demostrando que, por supuesto, tenía razón en su empeño de seguir en la NBA. Él sabía lo que había.


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