Construyendo al nuevo Porzingis


Kristaps Porzingis representa a la perfección el paradigma actual de la gran transformación que ha tenido lugar entre los hombres altos de la NBA. En otras épocas –no tan lejanas, por cierto–, sus 221 centímetros de altura y 230 de envergadura hubieran servido de caballo de batalla contra el de restos de gigantes que habitaban el poste bajo. Una localización que han ido abandonando paulatinamente en pos de tierras más fértiles más allá del perímetro. Incluso una torre como el letón –cuyas dimensiones pueden convertirlo en un mismatch permanente– ha disminuido notablemente su producción en la zona, territorio casi vetado para él en las últimas fechas.

Nadie lo ha descrito mejor que el propio entrenador de los Mavericks, Rick Carlisle, quien salió en defensa de Porzingis y su nuevo rol en el sistema del equipo el pasado 26 de diciembre. “El juego al poste no es una buena jugada actualmente. No es una buena situación para un jugador de 2,21 metros. Es una acción de muy poco valor. Nuestros números son sustancialmente mejores cuando generamos espacios por detrás de la línea de tres puntos […].Tenemos que darnos cuenta de que el juego ha cambiado. Ha cambiado, es un hecho. Y Porzingis es un jugador que cuando está por encima del triple es uno de los mejores con un acierto increíble […].Alejémonos de todo ese debate de que Porzingis tiene que ir al poste. No, no tiene porqué. Me parece bien que vaya de vez en cuando, pero no posteamos con nadie.”

Las palabras de Carlisle no navegan a la deriva en el pozo de las especulaciones. El respaldo estadístico está ahí y podemos acceder a ello sin ninguna dificultad. Porzingis promedia actualmente 0,91 puntos por posesión en situación de spot-up –lanzar tras recepción, muy similar al catch&shoot pero sin recibir en movimiento– y 0,99 puntos tras pick&roll. Unos números muy por encima de su triste registro de apenas 0,57 puntos en situaciones de poste bajo, la peor marca de toda la NBA entre aquellos jugadores que han intentado, al menos, 75 lanzamientos de este tipo.

Su nuevo papel se ha ido construyendo y delimitando de forma progresiva pero cada vez más eficaz y definida. Luka Doncic es el astro rey sobre el que gira el resto de planetas de Dallas. Y Porzingis es el cuerpo celeste que atesora un mayor poder gravitatorio. Ambos conectaron muy bien desde el inicio y han mantenido su relación en la pista al ritmo del pick&roll. Una simbiosis estable y productiva que se volverá más sólida y elegante a medida que avance la temporada, mientras intentan alejar, por fin, al fantasma de las lesiones. A la espera de comprobar la integración y adaptación del recién incorporado Willie Cauley-Stein, el letón puede incrementar sus minutos como ‘5’ tras la lesión de Dwight Powell. La producción del pívot y Doncic había supuesto una de las grandes revelaciones de la temporada en Texas. Ahora, Porzingis podría tomar el testigo con una mayor cuota de responsabilidad interior y convertirse en una fuente sobre la que aglomerar los pases del esloveno.

El papel de Porzingis en la ofensiva de Dallas puede ser frustrante. Pueden dar fe de ello en Chicago, donde el limitado rol de Markkanen en ataque llega a desesperar a más de uno. Incluida la desidia del finlandés, por supuesto. Son dos casos con situaciones, características y particularidades distintas pero que pueden ayudar a completar la argumentación. En su momento fue el principal foco sobre el que giró todo el ataque de los Knicks. Ahora, habrá encuentros en los que deba adaptarse a un rol de simple tirador. Todo ello sin entrar en su gran importancia en el apartado defensivo, donde se ha asentado como un protect rim de élite.

No obstante, no debería haber cabida para el temor. Si hay un entrenador en la NBA al que le guste experimentar y probar nuevos conceptos y sistemas, ese es Rick Carlisle. Y podemos estar seguros de que le otorgará a Porzingis una dimensión mayor con el paso de los meses. Durante los cuatro partidos en los que Doncic estuvo fuera de juego por una lesión de tobillo, sus promedios ascendieron hasta los 22,5 puntos y 13,8 rebotes por partido con un acierto del 36,7% en triples. Unos números y un impacto que se tradujeron en triunfos importantes ante Milwaukee y Philadelphia. “Tenemos que tratar a Porzingis con cierto respeto por lo qué hace. Es un jugador increíble y hay que eliminar ya todas esas críticas que se le están haciendo”, finalizó en aquella ocasión Rick. Y no seré yo el que le lleve la contraria al entrenador que ha situado a una franquicia por la que nadie daba un duro este verano en la zona noble de la siempre complicada Conferencia Oeste.

(Fotografía de portada de Héctor Vivas/Getty Images)


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