De Jordan a Jones Jr. y de Wilkins a Gordon: la desvalorización del Concurso de Mates


Michael Jordan y Dominique Wilkins protagonizaron para el que muchos ha sido el mejor duelo en la historia de los Slam Dunk Contest. Un concurso que ha servido desde entonces como vara de medir para todos los que se han celebrado hasta la actualidad.

En ella se dieron cita dos de los mejores jugadores de la NBA de entonces. Dos estrellas en la cima de sus carreras. Dos jugadores que terminarían como los máximos anotadores de la temporada, enfrentándose cara a cara por un trofeo que era mucho más que eso. “Éramos enemigos y tuvimos grandes batallas”, admitió hace apenas unos días Wilkins en una entrevista para Associated Press.  Él mismo había vencido en la edición de 1985. Spud Webb se impuso a su compañero un año después, en una edición en la que Jordan no participó por lesión. Si lo haría en 1987 para llevarse el título, aprovechando en esta ocasión la ausencia del jugador de los Hawks por problemas físicos.

Clyde Drexler, Spud Webb, Otis Smith, Greg Anderson y el fallecido Jerome Kersey también participaron en aquella edición de 1988, “pero sabíamos que íbamos a estar en la final”, dijo Nique. Por supuesto, todo se redujo a un Jordan contra Wilkins. Tres mates cada uno para decidir el título. Ambos obtuvieron una puntuación perfecta, 50, en el primer intento de la ronda final. Wilkins recibió otro ‘50’ en la segunda ronda, mientras que Jordan tuvo que conformarse con un ‘47’. Eso significaba que el de los Hawks solo necesitaba un ‘48’ para asegurar la victoria sobre el de los Bulls. Wilkins jugó su última carta con un windmill a dos manos. Pero para sorpresa de todos la puntuación tan solo reflejó un ‘45’. Drexler los miró con incredulidad. Jordan también. “Me sorprendió su puntuación”, admitiría.

La puerta estaba abierta para Michael. Falló el primer intento. Pero las reglas permitían dos oportunidades. En el segundo firmó una de esas instantáneas que han perdurado hasta la actualidad. Uno de las mates más icónicos de todos los tiempos. Desde la línea del tiro libre. Puntuación perfecta, ‘50’. En el global: Jordan 147, Wilkins 145.

Jordan salió aquella noche del antiguo Chicago Stadium con el trofeo. “Tuve una ventaja por jugar en casa, sí. Pero estaba representando a Chicago y solo quería ganar”. Hasta el día de hoy, muchos creen que fue Wilkins el verdadero ganador de aquel certamen. “Fue, en mi opinión, el mejor concurso de la historia. El hecho de que todavía estemos hablamos hablando de ello 32 años después explica muy bien de todo lo que significó.”

El progresivo deterioro

Ninguno de los participantes de esta pasada madrugada es All-Star. Fue muy diferente en aquella edición de hace más de tres décadas. Jordan sería elegido MVP de la temporada, Wilkins fue sexto en las votaciones para dicho galardón y ambos fueron los únicos jugadores que superaron la barrera de los 30 puntos por encuentro.

Las cosas actualmente son muy diferentes. Por aquel entonces, las grandes estrellas de la NBA se peleaban por asistir al evento y dejar su huella. Actualmente, muy pocos, poquísimos, son los grandes nombres los que se dejan ver por el evento de otra forma que no sea como meros aficionados más. Muchos nos quedaremos con ganas de ver a jugadores como LeBron James o Russell Westbrook en acción. Además, poco es el atractivo de un evento en el que todo parece estar escrito. Salvo agradables sorpresas como las de Aaron Gordon en 2016, la creatividad y la innovación brillan por su ausencia.

“Ahora es todo muy diferente. Y probablemente sea mucho más difícil hoy porque, ¿cuántas veces puedes hacer los mismos mates una y otra vez?”, declaró Jordan. “Por lo tanto, se trata de crear cosas que la gente no haya visto y eso significa saltar sobre personas, coches y cosas así. Nosotros no teníamos que hacer eso porque no teníamos nada que nos precediera.”

El concurso de mates ha sufrido un gran número de altibajos desde entonces. No se celebró en las ediciones de 1998 y 1999. Fred Jones y Jeremy Evans, dos jugadores que apenas prolongaron su estancia en la liga durante siete años, vencieron en las flojas ediciones de 2004 y 2012. En 2014, la NBA probó un nuevo concepto de equipo con tres jugadores representando a cada conferencia que no fue bien recibido. Solo el aficionado más fiel probablemente recordará que el ganador del año pasado responde al nombre de Hamidou Diallo. Ha habido algunas estrellas, por supuesto, y concursos memorables, como aquel legendario del año 2000 en el que Vince Carter se impuso de manera categórica. O el espectacular duelo entre Aaron Gordon y Zach LaVine de hace cuatro años.

Sin embargo, la creatividad que tanto ansía este tipo de acontecimientos corre el riesgo de desaparecer definitivamente. La NBA, a través de su jurado, se ha dado un disparo en su propio pie, cuando su propósito era el de revivir este concurso. Pat Connaughton y Aaron Gordon fueron los únicos participantes que buscaron la innovación con el fin de sorprender al personal allí presente. La capa de Howard cumplió perfectamente su rol nostálgico, pero no aportó nada nuevo. Los mates de Derrick Jones Jr. fueron diferentes en puesta en escena pero similares todos ellos en ejecución. Brutales, eso sí. Tan solo los jugadores de los Bucks y los Magic insistieron en insuflar aires renovados al evento. El primero, tras un espectacular mate tras tocar el tablero después de saltar por encima de Giannis Antetokounmpo, no pasó el corte. Por su parte, Gordon volvió a sentirse despreciado (como ocurriera en aquella edición de 2016 en la que se elevó por encima de la mascota de Orlando) después de recibir tan solo 47 puntos tras volar por encima de los 231 centímetros de Tacko Fall.

¿Resultado? Uno muy importante al margen de la victoria de Derrick Jones Jr. La NBA ha perdido a uno de sus mejores dunkers de cara a futuros concursos. Además de su propia credibilidad de cara al público. Más allá de la controvertida decisión, por el hecho de que el jurado hubiera pactado previamente un empate, según una información de la periodista Ramona Shelburne. Las teorías de la conspiración son habituales en cualquier tipo de disciplina. Y en la NBA han sido numerosas a lo largo de la historia. Pero la manipulación previa de un evento de este calibre no hace más que manchar el nombre de la competición. Sí, es un negocio y como tal hay que sacarle partido. Pero hay que tener presentes dos cosas: ni el aficionado es tonto ni la vía de marketing la correcta.

“No importa qué ocurriera, los aficionados obtuvieron el valor de su dinero. Lo logramos”, explicaría Wilkins sobre aquel controvertido concurso en 1988. “Fue un auténtico robo. Aunque por todo lo demás, el fin de semana fue perfecto.”, fueron las palabras de Doc Rivers.

Valor. Es la palabra clave. Y calidad. El del All-Star Weekend ha ido menguando de forma paulatina y situaciones como la de esta pasada madrugada no hacen más que intensificar la problemática. Si la poca creatividad presente en el concurso de mates recibe este desprecio por parte del jurado (de la liga o de quien sea) solo se logra perjudicar al evento. Un fin de semana que, de momento, tan solo los numerosos homenajes a Kobe Bryant serán capaces de salvar.

(Fotografía de portada de Dylan Buell/Getty images)


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