Déjà vu: Durant, los Warriors y un decisivo Game 7

16 de mayo del año 2016. Arrancan las Finales de Conferencia Oeste en la NBA. Unas Finales que, para cuando concluyesen, habrían dirimido mucho más que su aspirante al título de campeón. Las secuelas de esta eliminatoria no sólo aún las vivimos hoy, sino que lo hacemos además con más intensidad que nunca. No es un Día de la Marmota pero casi: ‘Unos Warriors sin Durant; en frente dos bestias sin anillo; y un Game 7 en el estrecho horizonte con el poder de provocar un nuevo seísmo en la NBA’.

Oklahoma City Thunder era, de largo, el hueso de aquellos playoffs. Más incluso que los Cavaliers que luego les terminarían arrebatando el campeonato. Ojo al quinteto y al resto de la rotación:

  • Russell Westbrook – Andre Roberson – – Serge Ibaka – Steven Adams. (Terna de suplentes habituales: Dion Waiters, Enes Kanter y Randy Foye). En retrospectiva sólo se me ocurre decir: “MA-DRE-MÍ-A”.

Y en el bando de en frente… os sonarán. Stephen Curry – Klay Thompson – Harrison Barnes – Draymond Green – Andrew Bogut (sexto hombre por antonomasia: Andre Iguodala). Si esta noche Steve Kerr se diese la vuelta en el vestuario, tranquilamente podría creer por un instante que estamos en mayo de 2016 y que Barnes simplemente ha ido al lavabo.

Aquellos Warriors —cambio aquí/matiz allá— son estos Warriors. Aunque algo sí ha cambiado. Aquellos Warriors, el 24 de mayo de 2016 veían como los Thunder colocaban el 3-1… y sin embargo, o eso era lo que yo percibía entonces, no habían perdido la condición de favoritos. ¡Eran los tíos del 73-9! Los que durante seis meses nos habían demostrado de forma incansable que se podía jugar, a un tiempo, con la belleza del Ajax de Cruyff y la contundencia del Milán de Sacchi. Con la elegancia de Federer y la tenacidad de Nadal. Con el desparpajo de Ali y el talento de Tyson para dejarte KO en tres jabs de derecha (aquellos terceros cuartos…). Y lo hicieron. Sobre el alambre pero lo hicieron. Consiguieron remontar.

Ahora, estos Warriors casi gemelos, estos Warriors sin Durant, pero con Steph, con Klay, con Green, con Iggy, con Livingston… y sí, también con Bogut…dominan la serie por 3-2… y, sin embargo, todos respiramos ese tufillo a incertidumbre.. a inquietud… a miedo.

I’m just a little girl lost in the moment 
I’m so scared but I don’t show it 
I can’t figure it out 
It’s bringing me down 
I know, I’ve got to let it go 
And just enjoy the show

Sus rivales de ahora, los Houston Rockets de James Harden y Chris Paul. Y me pregunto, ¿son mejores acaso que los Thunder de Westbrook y Durant? En términos estrictos de plantilla, yo no lo creo. Pero… ¿y más eficientes? ¿Más definidos? ¿Saben a lo que juegan? Sí, sí y cien veces sí. Rotundamente. Y ahí reside el éxito de Morey y D’Antoni. Moneyball in the mix y pesadilla analítica de unos Warriors y de un Kerr que ve, además, cómo se le acaba el chollo trifálico del Hamptons Five, teniendo que retrotraerse al boceto de la Death Lineup, pero con McKinnie y Jerebko haciendo de Harrison Barnes y Kevon Looney de falso Festus Ezeli. Tenemos miga para cuatro salmorejos.

Vamos con una pequeña comparativa del papel de los hombres importantes de GSW en aquella serie histórica a siete partidos, y lo que están haciendo esos mismos hombres frente a Houston (van cinco encuentros), con la lógica permuta de Barnes por Durant.

Warriors – WCF 2016MIN%TC%3PTIROSPTS
Stephen Curry36,744,341,62027,9
Klay Thompson34,541,641,721,324,7
Draymond Green37,735,420,811,311,3
Andre Iguodala33,146,7356,48,6
Andrew Bogut18,333,33,34,9
*Harrison Barnes29,34852,67,18,7

De esta eliminatoria me parece interesante rescatar un par de hechos que de anecdóticos tienen poco. Lo primero es que en el Game 7, Steve Kerr se dejó de protocolos y alineó, sin demoras absurdas, de lo bueno lo mejor: por primera vez en la serie, Harrison Barnes era suplente y Andre Iguodala titular. Cuarteto de la muerte + Bogut a todo trapo.

Lo segundo es que en aquella misma noche, la definitiva, no hubo piedad con el banquillo. Si Russ y KD superaron ambos los 45 minutos por los Thunder, los cuatro pequeños de GSW estuvieron por encima de los 40 (con Iggy jugando más que el resto, 43:04 minutos).

Y un dato más. No de aquella serie, sino del febrero de 2016 y siguientes. En aquel All-Star Game disputado en Toronto, los Warriors que apabullaban en RS contaron, como era de esperar, con tres representantes. Curry, Thompson y Green. En 2017 con cuatro: los tres susodichos más Kevin Durant. Y en 2018 ídem de ídem.

Este 2019, sin embargo, algo se ha roto. No importa que los Warriors hayan vuelto a ser los mejores del Oeste en temporada regular. La franquicia sólo ha contado, en esta ocasión, con Durant y Curry como sus valedores en la noche de las estrellas. Y ahí es muy posible que resida el primer kid: ni Thompson es aquel (metralleta) Thompson, ni Green era (parece que tras la dieta milagro de los 11 kilos lo tenemos entero de vuelta) Green.

Warriors – WCSF 2019MIN%TC%3PTIROSPTS
Stephen Curry40,339,426,319,822
Klay Thompson41,942,736,116,417,6
Draymond Green40,858,3309,614,2
Andre Iguodala3460,541,26,48,6
Andrew Bogut
(3 partidos)
3,4
*Kevin Durant42,445,843,523,633,2

KD rules

Como vemos, Durant llegó el último al equipo pero hace ya tiempo que se puso el primero; sobre todo cuando llega la hora de la verdad. Su figura monopoliza casi enteramente el juego de ataque de los Warriors. Ante Houston ha lanzado a canasta más que nadie (casi 4 tiros más que Curry), y es normal, porque lo hace con mejores porcentajes que nadie, y con muchos de esos tiros siendo creados directamente por él. Los Splash Brothers son dos jugadores superlativos en ataque, pero ninguno de los dos tiene la capacidad de prescindir de la circulación y de las buenas pantallas tanto como KD para anotar con eficacia. Los 2,13 del forward sumados a su talento único, convierten su tiro desde cualquier posición en algo casi indefendible.

Y ahora, el jugador por el cuál –en nombre de la convivencia y el sentido común– tanto han tenido que renunciar las otras estrellas del equipo, no estará seguro en lo que queda de eliminatoria y, si se clasifican, puede que por algunos partidos más. Toca resetear. Toca recuperar aquellos Warriors de 2016. Y, casualidad o no, parece que no necesitaron ni dos segundos en empezar a hacerlo. Porque Curry, flojo toda la serie y nefasto en el Game 5 hasta la lesión de Durant, despertó de su hipersueño tras la sustitución de éste: 19 puntos en el último cuarto. Déjà vu. El de siempre. El alienígena. (‘El enfermo’, que dirían José & Sergio). Stephen Curry.

EquipoOffensive Rating
Warriors Finales 2016107,8
Thunder Finales 2016108,8
Warriors Semis 2019114,5
Rockets Semins 2019113,3

Cuando Kevin Durant decidió soltar la bomba y poner patas arriba la Liga, fue porque aquella eliminatoria ante Golden State, aquel 3-1 que terminó en un 3-4, fue la gota que colmó el vaso. Un vaso hasta el borde de ‘casis’, y de nueve años de insoportable condición de aspirante sin poner jamás el culo en el trono. Su siguiente paso lo condenó. Toneladas de hate (de fans de los Thunder y del mundo entero) soportadas bajo el poder de dos preciados anillos. Y como buen Lannister, se acerca la hora de pagar sus deudas; consigo mismo, con su linaje y con toda la NBA. Hora de redimirse. De volver a buscar la gloria en solitario. De construir un proyecto en donde sólo hay cenizas. ¿Hay en la Tierra un lugar mejor que los Knicks?

¿Y si…?

Pero… paremos un momento. Si los Rockets ganan esta noche el Game 6 y, por lo tanto, hay Game 7, serán los Warriors quienes sufran su propio déjà vu y todos correremos el riesgo de volver a la casilla de salida.

Perder el séptimo choque ante Cleveland (y no ante OKC), fue la única razón por la que en La Bahía iniciaron de inmediato la agresiva campaña de reclutamiento por Kevin Durant. Si Houston culmina la hazaña y elimina ahora a su rival, los Warriors se quedarán sin three-peat y Durant entenderá que él, su presencia en La Bahía, continúa siendo necesaria.

Más de un periodista importante y rumores infinitos ya visten a Durant con la camiseta de los Knicks, cuasi afirmando que la decisión lleva semanas, meses, tomada. Pero una eliminación no programada, podría reabrir un debate interno en KD, y relanzar a la par un plan de (re)reclutamiento del alero, poniendo Joe Lacob toda su maquinaria persuasiva a trabajar.

La dinastía de los 575 millones de dólares. Puede que sí, puede que no. Y puede que todo esto sean elucubraciones vacías y no importe nada en absoluto; y que Durant tenga decidido irse pase lo que pase. O quedarse. Yo que sé. O puede, y de hecho me parece lo más plausible de todo lo que he escrito hoy, que en once horas, Klay saque su fusil con la mirilla recalibrada, se ponga a disparar y no deje títere con cabeza ni fibra alguna de la red de Houston sin acariciar. Que ya le toca.

(Fotografia de portada de Ronald Martinez/Getty Images)


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