‘Pasotismo defensivo’ de Jabari Parker: un problema serio (y caro)

La excepción que confirma la regla, se ajusta al clásico proverbio españolazo, tan típicamente nuestro, que pese a su origen desconocido, ha aprovechado a un sin fin de artistas por el camino.

Una expresión muy recurrida por el malote. El cuñao. Por el genio y figura y por el listillo con muchas eses. Una expresión que si en su momento pudo pasar por ingeniosa y audaz, ahora no es más que el recurso último del torpe intelectual que se ha quedado vacío de argumentos.

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Y en la NBA, tengamos esto bien claro, no existe (o no debería existir) ningún jugador cuya nómina abrace los 20 millones al año y quede exonerado de la tarea de defender. No está previsto tal privilegio en ningún código ni lo concibe ninguna jurisprudencia.

Y si lo hubiera, si tuviéramos que indultar a alguien y señalarlo como la excepción, posiblemente hablaríamos de James Harden. Talento bipolar con quien, desde nbamaniacs, no hemos ahorrado en cera y soplete (aquíaquí, con su contrapunto aquí).

Por eso, cuando a se le escapó hace tres meses eso de “solo me atengo a mis fortalezas”, sembró la semilla de la duda la cual, para desgracia de su mecenas, ya ha empezado a germinar. Los Chicago sufrían anteayer el primer revés que refrenda la veracidad de aquellas mosqueantes palabras; derrota in extremis ante con cuestionable defensa de Jabari Parker sobre , que en breves pasaremos a analizar.

Jabari Parker peleó a Andrew Wiggins, con todas las de la ley, el número 1 de su Draft gracias a sus muchas virtudes. Ninguna de estas, ya se sabía entonces, se asociaba a su defensa. Las lesiones durante sus cuatro primeros años no nos permiten valorar con justicia el potencial defensivo del forward, que suficiente ha tenido con mantener el tipo en ataque tras dos roturas del (mismo) cruzado.

Pero el statu quo ha cambiado; ahora está fuerte, sano y fenomenalmente remunerado. Y uno espera que un jugador que ha perdido el aura de estrella pero que aún ilusiona con convertirse en lo que un día amenazó ser, aterrice en Windy City con muchas ganas de callar bocas y granjearse el ansiado (e inmerecido hasta ahora) máximo contractual.

Pero Jabari Parker empezó mal (de palabras) y está continuando aún peor (de hechos).

Defender ‘no renta’

Tan pronto sellaba su acuerdo con los Bulls, el ex de Duke concedía una entrevista en Bernstein and McKnight Show para hablar de su fichajeEn cierto momento, fue cuestionado sobre si esperaba convertirse algún día en tan buen defensor como anotador, a lo que el jugador contestó: “Bueno, no sé, solo me atengo a mis fortalezas. Mira a todos en la liga. No pagan a los jugadores para que jueguen en defensa. No voy a decir que no lo haré, pero decir que es una debilidad es como decir que es la debilidad de todos. He anotado 20 y 30 puntos sobre jugadores que afirman darlo todo en defensa”.

Sinceridad escalofriante. Pero aún faltaba lo mejor. “Bueno, si conoces el juego, sabes que todos son profesionales, ¿no? Y sabes que ciertos muchachos tienen un promedio (de anotación), y no importa lo que hagas, siempre obtendrán ese promedio”.

Alegato final: “Un gran ataque gana campeonatos”.

En otras palabras. Parker escurre el bulto y nos viene a decir algo así como “Si Durant va a enchufar ese jump shot, ¿para qué molestarte en puntearle?

Septiembre profeta

En su defensa (alguien tenía que defender por él), nadie podrá llevarse las manos a la cabeza a modo de sorpresa. Su desidia en trinchera es una realidad que en ningún caso puede ser tildada de sobrevenida. Desde la preseason, todo un gesto, ha tenido el detalle de ir dejando miguitas de pan.

Cinco partidos de pretemporada bastaron para comprobar que Jabari, para fulminar todo rastro de escepticismo, hablaba absolutamente en serio.

La mera observación deshojaba un jugador bajando a defender al trote, colocando pantallas tardías y perdiendo constantemente su marca en el pick and roll.

La estadística simple hablaba de un único robo y dos tapones. La avanzada confirmaba las graves grietas en la brecha; con 8 puntos de media concedidos en segundas oportunidades y 25,2 en la zona pintada, Parker cerraba la ronda de calentamiento como el jugador con peor balance defensivo de la plantilla al completo de los Chicago Bulls.

La hora de la (cruda) verdad

Y en dos partidos de RS, no hacer sino seguir hundiendo clavos en su ataúd. Sin amagos de revertir el sonrojante expediente. Ese que nos dice que en el curso 2017/18 (31 encuentros de muestra) rankeó en el puesto 79 de 84 entre los ala-pívots, en cuanto al defensive real plus-minus, con un -1,7 (superando solo a Zach Randolph, Ryan Anderson, Frank Kaminsky, Bobby Portis y T.J. Leaf).

Porque ante los Pistons, decíamos antes, con el partido empatado a 116 tras triple bárbaro de LaVine (otro free ticket en defensa, tal como evidencia el dato que lo sitúa con el ratio defensivo 84 de 97 de entre los point guards), el rival contaba con el último ataque del encuentro e Ish Smith tenía el balón.

La pizarra estaba clara. Hoiberg había dejado al cascarón en pista.

La jugada, fotograma por fotograma, es mucho más que el escurridizo zigzagueo y suave bandeja de Ish (¡Jugadón y olé! ¡No restamos mérito!). Y desde The Score se han tomado la molestia de analizarla y poner el ojo sobre la defensa de nuestro cuestionado protagonista.

Todo arranca con un doble bloqueo sobre LaVine que permite a Smith atacar la botella y medirse con sus dos únicos guardianes. Portis y Parker (recordamos quien era uno de los cinco PF que figuraban por debajo de Parker en empeño defensivo, ¿verdad?). Barricada de algodón de azúcar.

Detengámonos un instante en la disposición defensiva de Parker. Piernas juntas, pisada blanda y brazos estirados hacia atrás; pésimo encuadre para reaccionar, como lo exige, uno de los points guards con mayor aceleración de toda la liga. Fue casi demasiado fácil. Un ligero crossover bastó para arañar el metro y medio que ya convertía en inerte cualquier intento tardío de contención.

Brillante lectura del juego, por otra parte, de Dwane Casey. El COY entendió que con Parker en pista, y conociendo su historial, valía la pena descartar los dos ases de la baraja, esto es, Blake Griffin y Reggie Jackson, en beneficio de quien era capaz de explotar, como nadie, la debilidad del rival.

Mal Hoiberg

La jugada, además, vino precedida de un tiempo muerto, por lo que existió la opción, por ambos bandos, de hacer los cambios que sus entrenadores entendieran pertinentes. Pero Hoiberg descartó meter a Wendell Carter Jr. en pista y apostó por mantener a Jabari.

Así lo justificaba al término del encuentro. “Sus minutos en la primera mitad fueron realmente buenos y productivos. Estuvo ahí dejándose la piel. [En el último cuarto los Pistons] sacaron un quinteto pequeño y nosotros respondimos con un grupo que sentimos que era capaz de hacernos ganar el partido”.

Dicha contrarréplica consistió en una rotación compuesta por Cameron Payne, Justin Holiday, Bobby Portis, Jabari Parker y Zach LaVine. Y al César lo que es del César: su éxito fue irrefutable. El marcador, que entonces destellaba un 103-97, la death lineup de Hoiberg logró igualarlo merced a un parcial de 19-13.

No obstante, con el mutatis mutandis repicando, el coach prefirió desechar la oportunidad de hacer ese esencial ajuste (Parker por Carter Jr.) que ofrecía aquel último time out.

Y ahora, –desde The Athletic ya han dado la voz de alarma– emerge la moción de si estamos ante un problema con solución, o si ‘LaVine, Parker y Defensa’ son tres conceptos con un índice de correlación (y éxito) totalmente nulo.


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