Gentry, ¿qué quieres de Jahlil Okafor?

Alvin Gentry me trae loco, pero más loco debe traer al pobre . De verdad lo digo. Estar en la carne del pívot en estas últimas semanas; en los últimos meses; en las dos últimas temporadas si nos ponemos holísticos, debe ser como despertarse cada mañana en el interior de la brújula de Jack Sparrow, y no precisamente en uno de sus pocos (y sobrios) días de lucidez.

Si me concedieran una monoentrevista, es decir, una charleta a una sola pregunta y una respuesta con Jahlil Okafor, lo tengo claro. Iría a cuchillo. A maldad.

“¿Te consideras un jugador importante en NOLA?”

Todo lo que no fuera reaccionar como Fernando Fernan Gómez ante aquel autógrafo pedido a destiempo por un admirador setentón que, desde ese día, suponemos que dejó de serlo, me parecería demasiado educado y servil. Porque la pregunta rezuma mala leche, por lo fatigosa de contestar.

Titular; suplente. Minutada; banquillazo. Veinte puntos; dos. Doce tiros en un encuentro; al día siguiente, cero. Tan accidentado e imprevisible es su año como lisa y llana la ciudad (New Orleans) en la que le apadrinaron, cuando nadie más le quería, para jugar.

Y a principios de temporada, todavía, podía entenderse. Pero ya no.

Por tres simples motivos:

  1. Okafor es un talentazo ofensivo (nunca ha dejado de serlo).
  2. Anthony Davis saldrá a final de temporada.
  3. Desde hace semanas, no hay absolutamente nada por arriba (playoffs) por lo que pelear.

Empezamos por lo simple y luego vamos a lo concreto de la progresión.

Okafor ha disputado en el presente curso 55 partidos, 20 de ellos de titular, y con un promedio de 14,8 minutos por encuentro. Ya tan solo estos tres datos… chirrían. Si le mostrásemos estas cifras a alguien que no ha visto a Okafor y a los Pelicans en su vida, sería incapaz de deducir el rol de este jugador.

Lo peor es que nosotros, tras sí haberle visto y seguido durante todo el curso… tampoco.

El 28 de enero, la piedra angular de los Pelicans provocaba el temido desprendimiento. Se quería marchar, así lo hizo saber a su franquicia y así botamos al enterarnos de golpe los medios de comunicación (pero nadie tanto como Magic, que, cuentan, horadó el techo de su despacho).

De un plumazo todo, TODO, acababa de dar un giro de 180º en NOLA. Las aspiraciones, los playoffs, la plantilla, el Draft, las cábalas salariales, el merchandising… pues toda la planificación a medio-largo plazo giraba en torno a un sólo ser: Anthony Davis. Y anunciada su marcha (aún pendientes del cómo y del a cambio de qué) el corto plazo, es decir, la actual temporada, prácticamente dejaba de tener sentido.

Tras un tímido arreón inicial por intentar mantenerse en la lucha por la octava plaza, no tardaron en bajar un par de marchas aún cuando la Liga les negó la opción de sentar a Davis y Gentry lo hizo deambular en pista los 20 minutos de rigor (ya muy lejos de sus números de MVP).

Cambio de planes. Tanking (súbitamente) es bien. Y en este contexto, el lado positivo –que también lo tiene– es la total libertad de staff técnico para experimentar. Carta blanca; el éxito a través del error. Hora de poner a prueba el roster y sacar a relucir todo su potencial oculto. En otras palabras. Era la hora de la ex estrella de Duke, campeón de la NCAA y pick 3 del Draft 2015. La hora de Jahlil Okafor.

Talentazo ofensivo

Tomamos como punto de partida, pues, ese 28 de enero. El día de la confesión de Davis y el rosetón de esperanza que debía abrirse, como corolario baloncestístico y racional, para el que se fichó en verano como su recambio.

El caso es que una semana antes, casualidad o sabueso oliendo lo que estaba a punto de explotar, Gentry había abierto el grifo de los minutos de su pívot suplente: 35, 31, 25, 36… y su pívot respondía y de qué manera: 20, 17, 18 y 24 puntos, tres de ellos con dobles-dobles en rebotes y un total de 11 tapones. Jah Freed…

La bomba mediática no hizo sino justificar más aún el nuevo rol de Okafor, quien durante los siete encuentros siguientes nunca estuvo por debajo de los 25 minutos… y él, más que menos, respondió (27 puntos, 14, 6, 25, 13, 8, 12). Las noches que no alcanzaba los dobles dígitos, no era por falta de puntería (la cual rozaba el 60%) si no por escasez de tiros. Cuestión de pizarra.

Y a partir de ahí, la anarquía. El sinsentido. Los minutos de Okafor empezaron a fluctuar al antojo y capricho del entrenador.

FechaMinutos
26/0217
28/02
3
2/038
3/0323
7/035
9/0317
10/038
16/0312
17/0318

Y así, en esta sucesión, sin patrón alguno identificable, hasta el día de publicación de este artículo. ¿Los ejemplos más recientes? 8 minutos y cero puntos ante los Haws (27 de marzo), para a continuación (29 de marzo) saltar a pista durante 21 ante Sacramento, ante quienes firmaría 12 puntos, 9 rebotes y 2 tapones… anoche mismo, otra vez titular: 15 puntos (con un 7 de 8) en 25 minutos ante los Lakers, y el único del quinteto inicial de NOLA que no acabó con +/- negativo.

Para los que no os convenza la estadística simple, ahí va algo de la avanzada. Okafor es el 12º de la plantilla en minutos, pero ello no es óbice para contar con el 5º mejor PER (Player Eficiency Rating), el 6º mejor PIE (Player Impact Estimate) o el 2º mejor EFG% (Effective Field Goal Percentage) de la plantilla.

El net rating, tan valioso cuando eres titular como de impacto relativo cuando sales de suplente, es un absoluto caos en el caso de Jah, quien sale tremendamente malparado. A pesar de sus buenos números ofensivos, comparte la mayor parte de sus minutos con los no-titulares [fruto de ello, presume del 5º mayor USG% (Usage) del equipo (19,3%)]. Tristemente acompañado, su OffRtg (Offensive Rating) cae más de siete puntos por debajo de la media aunque, curiosamente, mejora la defensa global en más de uno.

AD saldrá en verano

No será un julio precisamente dorado en materia de pívots en la NBA. En condición de agentes libres asaltarán el mercado, como lo más potable, DeAndre Jordan, Nikola Vucevic, Dwight Howard, Enes Kanter, Brook López y un viejo conocido de la franquicia… DeMarcus Cousins.

Centers interesantes pero ninguno por el que enloquecer (ya sea por edad, estado físico o gen ganador). Sin Davis y con el puesto de pívot en NOLA hecho un solar (Diallo es ‘4’ y Randle –cuya continuidad también está en el aire– un ‘5’ de circunstancias), Gentry debería estar reventando y atiborrando a minutos a Jahlil…

Su relación calidad/precio es casi una falta de respeto a las afirmaciones macroeconómicas más básicas de Smith y Ricardo. Con un salario actual de 1,56 millones y una opción de equipo de 1,7, los Pels manejan los hilos con el gracejo de un elefante bailando claqué. Pueden tener oro o arena en sus manos; sea lo que sea, lo están dejando escurrir entre los dedos.

Desastroso manejo de la heurística y de la fórmula ‘Ensayo – error’.

Nada por lo que pelear

Con esta última idea cerramos el círculo de lo planteado en el epígrafe anterior. Sin playoffs en el horizonte, darle importancia y minutos a Okafor es positivo independientemente del cristal a través del cual lo queramos observar.

  • Draft: su presencia, a pesar del rendimiento numérico individual, no afecta al tanking (22-32 con él en cancha).
  • Team option: ya sea para ejercerla o rechazarla, ver el nivel de química, impacto y liderazgo que puede alcanzar Okafor en pista, sólo se logra a través de minutos y continuidad.
  • Cotización: NOLA fue la única franquicia que apostó por él cuando ya se murmuraba su intento de redención en la liga china. Aunque a bruscos acelerones, la temporada ha servido para que Okafor recuperara parte del estatus perdido; algo que, si le permitieran redondear más sus números, les beneficiaría a la hora de buscar un hipotético traspaso o sign-and-trade.
  • Jugón: porque verle jugar en ataque es un espectáculo, y como él ya no quedan en la NBA. Fósil, reliquia, desfasado, anacrónico, inadaptado, de otros tiempos… ¿y qué si (en parte) es así? La Liga norteamericana que presume ser, por encima de todo, un showtime, una macrofunción al servicio del espectador, merece ver a Jah bailando durante minutadas y en back-to-backs en la pintura. En los actuales Pelicans, con la Ceja fuera y el curso a la deriva, no se me ocurre una atracción mejor.

(Fotografía de portada de Chris Graythen/Getty Images)


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