Gordon Hayward, LaMelo Ball y los nuevos Hornets


En Charlotte se respira un aire distinto. De cambio y renovación. Una transformación sustentada en una ofensiva fluida y eficaz que es capaz de maximizar las virtudes y ocultar las carencias de un equipo tan joven como vistoso y descarado.

No ha tardado demasiado James Borrego en dar con la tecla tras varios años de luchas, ajustes y decepciones. Después de un inicio de campaña dubitativo, los Hornets han asaltado la zona noble de la Conferencia Este con cuatro victorias consecutivas y un balance global de 6-5. Ningún otro equipo de la NBA, salvo los Boston Celtics, han ganado tantos partidos en los últimos diez días. Una realidad que exige un cierto análisis de la nueva situación que se vive en el panal de Charlotte.

Si seguimos las directrices de la pirámide invertida –de lo general a lo específico– el gran marco de esta metamorfosis apunta directamente al sistema ofensivo. Borrego ha conseguido plasmar en la cancha, por fin, su concepto mental de juego gracias a la presencia de las piezas necesarias. Estos Hornets mueven mucho la pelota, en una circulación de balón construida sobre el reparto de responsabilidad entre los componentes del roster. Ya sea desde el perímetro o hundidos en el poste bajo, los jugadores son capaces de encontrar a su compañero con rapidez, favoreciendo la apertura de la cancha y las buenas posiciones de tiro.


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