Hablemos de flopping (y otros asuntos)

Es oficial. Con las palabras de Adam Silver al respecto, el flopping pasa a ser debate nacional.

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Por David Sánchez

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Corría el año 2019. Golden State Warriors y Houston Rockets reeditaban en segunda ronda lo que el año anterior habían sido una finales de conferencia Oeste legendarias. Llevadas al séptimo partido (lesión de Chris Paul mediante) entre uno de los mejores equipos de todos los tiempos y un experimento creado con el único objetivo de derrocarlos. 

No fue exactamente un espectáculo para los sentidos. Sino más bien una guerra de trincheras en la que Houston tuvo que surcar continuamente los límites del reglamento para igualar la contienda. Los Rockets como organización habían estudiado al milímetro las tendencias del silbato y tenían en James Harden al mayor modulador de las mismas. Por eso, tras un Game 1 en el que los colegiados admitieron a Mike D’Antoni haberse equivocado en 3 acciones en el primer tiempo para volver a ‘tragarse el silbato’ en una jugada decisiva en la que Draymond Green punteó un tiro de la Barba para empatar el partido, Daryl Morey sacó a relucir un informe que llevaba un año cocinando. 

El ejecutivo presentó en auditoría ante la NBA un exhaustivo estudio de toda jugada arbitrada en su contra que se paraba con especial ahínco en el Game 7 de 2018. El equipo de analistas de vídeo de los Rockets había registrado 81 señalizaciones erróneas que hubiesen podido significar 18 puntos más para los Rockets, que perdieron por nueve. 

Hoy vivimos una histeria similar en torno a las polémicas arbitrales. El resto de análisis quedan en los márgenes con el enésimo recopilatorio de jugadas limítrofes de Shai Gilgeous-Alexander y los Oklahoma City Thunder circulando en el tablón principal de X/Twitter. Incluso voces que abordan el juego de una manera menos visceral han abrazado este acercamiento. Algo que, quizás se deba a la nostalgia o al dichoso algoritmo, no sucedía con igual prominencia durante aquellos Warriors-Rockets. 

Sea como fuere, es un debate que excede los límites de las redes sociales. Chris Finch, entrenador de los Timberwolves, ha sido el principal vocal del asunto desde que, ya el curso pasado, vino a decir que “los Thunder te están haciendo falta constantemente mientras tú no puedes tocar a Shai al otro lado”. Línea de discurso que llega hasta las últimas declaraciones de Stephon Castle. «Creo que, con la forma en que defienden, nosotros no tenemos el lujo de que nos dejen jugar tan físico al otro lado», dijo el base de los San Antonio Spurs tras el 5º encuentro de la serie. 

En medio de todo esto, a Mitch Johnson le preguntan por los tiros libres de SGA y admite que “gran parte de ellos son por nuestra falta de disciplina [ante las fintas]”. 

Como en todo, hay parte de críticas razonadas y otras que simplemente existen por hacer bulto. La cruzada contra OKC tiene tanto que ver con su estilo de juego como con que sean el equipo que ahora mismo domina la competición. 

Igual que en el debate que abrieron Rockets y Warriors, pese a ser los primeros los que llevaban el reglamento al límite, eran también los menos señalados de la contienda. En el Game 4 los Spurs mostraron un tono físico altísimo que se pasó por alto en la discusión general. En su lugar, las redes corrieron a señalar que Shai había hecho flopping en una acción con De’Aaron Fox (para quien escribe, falta). Jalen Brunson es un jugador dado a la simulación y, curiosamente, la estrella del equipo que ya está en las finales, pero está lejos de ser el blanco de todas las iras. El Pistons-Magic de primera ronda se jugó entre trompazos y bastante bula arbitral y a nadie pareció importarle. 

La muestra final es que el foco ha virado completamente desde que el arbitraje apenas permitía contactos a las defensas al flopping como rey de la conversación. Ayer, Adam Silver aparecía en el programa de Pat McAfee para dar su punto de vista: 

“Solo diré que hay una diferencia entre vender la falta, exagerarla, y un flopping real. Que es cuando realmente engañas a los árbitros. Creo que a veces, incluso cuando estoy en la grada, los jugadores quizás caen, quizás reaccionan a una señalización, pero entonces, para mí, si no tratan de engañar al árbitro es aceptable, los jugadores son educados para sacar faltas. ¿Puede el arbitraje mejorar? Claro, siempre estamos trabajando en eso. ¿Pueden engañar a los árbitros a veces? También revisamos eso continuamente. Pero el arbitraje [en la NBA] es increíble”

Al hilo de esas palabras, las de Tyrese Halliburton centrándose en eso de que “los jugadores son educados para sacar faltas:

“Sí, por supuesto que se está enseñando. No es tanto que el entrenador jefe lo incentive, sino la parte del desarrollo del jugador. Incluso antes de llegar a la NBA son cosas en las que trabajas de alguna forma. Por naturaleza, creo que los mejores anotadores son aquellos que más van a la línea de tiros libres. Así que es algo que definitivamente trabajan. Incluso en los partidillos de entrenamiento trabajan en cómo sacar faltas. Creo que es una parte del juego. […] Creo que él [Silver] ha hecho un gran apunte entre las faltas provocadas y engañar al árbitro. Soy de la opinión de que tenemos los mejores árbitros del deporte. De veras creo que, por ejemplo cuando vas a los Juegos Olímpicos o en FIBA, piensas: “joder”. Cada vez que voy a un torneo, vuelvo a los árbitros: “os he echado de menos, sois increíbles”. Creo que la mayoría de las veces hay más provocación de la falta que tirarse al suelo de la nada”

Por partes. La diferenciación que hace Silver, una que ya hizo de forma brillante Jaylen Brown hace un tiempo, es real. El atacante al final lo que busca en un 1v1 es desequilibrar al defensor y aprovechar ese desequilibrio en su beneficio. Ya sea levantando el tiro, sacando la falta o ambas. Y es obvio que eso se entrena y se trabaja desde etapas formativas muy tempranas (15 o 16 años). Desde que se trabaja técnica individual, se enseña también qué posición corporal o en qué situaciones es más fácil acabar absorbiendo la falta. No solo pasa con los atacantes, también con las defensas, acostumbradas a entrenar durante tramos de sesión con un volumen alto de contactos con manos y brazos para acostumbrarse a la vez a imponerlo de forma natural y a que los manejadores lo soporten. 

El problema para el árbitro, claro, está en percibir con el volumen de acciones y velocidad a la que se juega, cuándo un contacto es suficiente para incurrir en falta, cuándo se exagera un contacto, cuánto se exagera y si existe ese contacto en primera instancia. Y ahí el trencilla está desguarnecido. 

Se pide consistencia en lo que se pita cuando cada una de estas acciones apelan al criterio individual y subjetivo de cada árbitro. Es imposible arbitrar un Thunder-Spurs igual que un Knicks-Cavaliers.

La consistencia ni siquiera está garantizada dentro de un mismo partido desde que hay tres colegiados distintos que, por mucho que afronten cada encuentro con guías claras a compartir, tienen percepciones distintas de la realidad. La NBA debe exigir la máxima de las responsabilidades a sus colegiados. En ese sentido, son de sobra conocidos los exhaustivos entrenamientos que siguen los árbitros y los continuos exámenes a los que se someten para certificar su estatus y ser después designados para oficiar los partidos más exigentes del calendario. 

Lo que puede llegar a ser frustrante es caer en la cuenta de que la NBA ya tenía herramientas para afrontar los intentos de simulación y las ‘non basketball plays’. 

De cara a la temporada 2012-13, la NBA introdujo sanciones por flopping. Estas funcionaban de manera retroactiva, con un comité dedicado a estudiar las acciones fuera de los partidos para multar con 5.000$ a quien creyesen había simulado. Ciertamente, un castigo muy pobre que encima solo se solía aplicar sobre jugadores reincidentes.

El gráfico que veis arriba muestra la cantidad de multas que ha puesto la NBA desde que se introdujo la medida anti-flopping. El asterisco de la 2023-24 tiene que ver con un cambio de normativa en el que la NBA decidió que el flopping se pudiese sancionar dentro de los partidos con una técnica (que no sumase para ser expulsado) junto a la directriz de ser más duros con estas situaciones. Un recurso que, directamente, ya no se aplica

Lo mismo sucede con las ‘non basketball plays’, introducidas en la temporada 2021-22 sobre todo a raíz de que Trae Young sacase faltas imposibles de evitar tras haberle ganado la ventaja posicional al defensor. Pero también centradas en las acciones típicas de James Harden, DeMar DeRozan, Shai, Luka Doncic y compañía. Estas eran las acciones sobre las que ponía el foco el reglamento: 

Hay acciones, como soltar la pierna en el tiro o esperar al defensor frenando en seco, que se han dejado de pitar a favor del atacante. Pero las que tienen que ver con fintar para echarse sobre el salto del defensor o aprovechar sus manos bajas para levantar el tiro y sacar la falta, se siguen señalando prácticamente cada día. 

Entran aquí las detestables manías de laxitud que amparan al reglamento. Eso de ser muy duros con ciertas situaciones del juego para relajar el silbato pasados los meses. Eso de pitar en base al nombre del jugador. Esos dejes que realmente llevan al cinismo del aficionado.

Los grandes equipos siempre han intentado ir más allá de los límites de un reglamento que nunca se puede adelantar a las tendencias que marcan entrenadores y jugadores. Los Detroit Pistons de Chuck Daly y su influencia obligaron a la liga a introducir el hand-checking en 1994 y a reforzarlo ya de una vez por todas en 2004. Los Houston Rockets efectivamente obligaron a los árbitros a mirar a nivel microscópico cada acción, recayendo en la NBA alérgica al contacto que hemos vivido en el primer lustro de la década. 

OKC y su estilo han empujado al resto de la liga a ser más duros, con el silbato adaptándose a un juego que nadie controla como ellos. Los Spurs pueden igualarlo durante un encuentro, pero difícilmente lo pueden extender a una serie entera. Personalmente, yo estoy más quemado por el ruido generado alrededor de los Thunder que por sus peripecias. Creo que se les mira mucho más de cerca que al resto de equipos. Pero entiendo el enfado de que el equipo con más recursos de la NBA sea también el que más partido saca de las zonas grises del reglamento. 

De momento, las palabras de Silver apuntan a que no está demasiado preocupado con el tema y que sólo empezará a estarlo si el debate se prolonga en el tiempo. Dejando que el tiempo decida si el espíritu del juego lo preservan los jugadores y entrenadores, los aficionados, los líderes de opinión o los organismos que deberían velar por ello. 

Entender esto es aceptar que, muchas de las faltas que parece simular Shai son, en definitiva, faltas. Que los árbitros no pueden pitar todos los contactos de la defensa de OKC y que el reglamento poco puede hacer por modular su juego porque el talento e inteligencia del jugador siempre irá por delante de la normativa. Por desgracia, también será comprender que, si la liga llega a meter mano en cualquiera de estos asuntos, será por tiempo limitado y de manera selectiva. A la espera de que la feed de una red social vuelva a dictar el camino.

(Fotografía de portada de Brett Rojo-Imagn Images)

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