James Harden y Alex Caruso: antípodas entre arte y oficio


Los Lakers abusan de los Rockets. El 3-1 en la eliminatoria no es suficiente para explicar la autoridad angelina —salvo el despiste final— vista en el cuarto partido de la serie.

Los jugadores de Houston se mostraron como desganados, faltos de hambre —quizá cansados—, y los Lakers les birlaron el almuerzo cada vez que sonaba la campana. No hubo color en cuanto a actitud. Un bando, desidioso, vacío y sin arrojo para salir del escape room que montaron Frank Vogel y compañía.

El reflejo de tal situación fueron Alex Caruso y James Harden.

El escolta de los Lakers realizó el mejor partido de playoffs de su vida; con 16 puntos —techo personal en postemporada—. Se cascó 30 minutos en pista, anotó el triple clave que desplumó del todo a Houston (35 segundos para el final) y presentó una intensidad y concentración que le seguirán llevando lejos.

No hay que olvidar que hablamos de un jugador que viene de las catacumbas del deporte profesional. Tras cuatro temporadas en la Universidad de Texas A&M —compi del proscrito Danuel House Jr.— no fue drafteado en la edición 2016.

Había promediado 8,1 tantos en su último ejercicio de campus (22 años) y nadie en la NBA reparó en el. Firmó después como temporero circunstancial por los Lakers y se tiró dos temporadas actuando más en G League que con los mayores. 37 y 25 partidos, con rara vez más de 20 minutos, fueron su cosecha en las dos primeras temporadas.

No destacaba en ningún aspecto del juego excepto por su intensidad. Realizaba todo con un coraje, obediencia y gregarismo admirables. Por tales argumentos se fue haciendo cada vez mayor hueco en las rotaciones de los Lakers.

En dos años, Caruso ha pasado de que todo el mundo le vea como meme de visita obligada a Turquía —o a la maquinilla—, a uno de los compañeros más fiables de LeBron James. Un peón de lujo en un equipo candidato al título. Como Rajon Rondo, Caruso está mostrando una versión de lo más profunda en playoffs. Y eso, entre otros factores, está dando toneladas de oxígeno a su equipo.

“Cuando el partido está apretado, soy un competidor nato. Si estoy en la pista [en esos minutos finales] es por algo, y sé que mis compañeros y entrenadores confían en mí para estas cosas”, decía tras el Game 4 antes Houston.

Pues eso, carácter y cumplimiento casi esclavista de funciones concretas.

Por algo Alex Caruso es el único jugador de los Lakers que forma parte de los cuatro tríos con mejor Net Rating del equipo (al menos 50 minutos jugados en playoffs). No hay casualidad que valga. El dato es de Jacobo León.

La desidia de Harden

En las antípodas del servilismo carusiano tuvimos el concurso de James Harden en el Game 4.

Anulado por los dos contra uno casi constantes, Harden inauguró feria ambulante, de perfil muy bajo, usando una escopeta comprada en el peor de los rastros: 2/11 (18,2 por ciento) en tiros de campo y 1/6 (16,7) en triples. Desastre histórico.

Tanto que su tarjeta del jueves convirtió a Harden en el jugador que más partidos de playoffs —ocho— presenta con 20 por ciento de acierto o menos tanto en FG como en triples —diez lanzamientos mínimo—.

Una hemorragia del todo indigna para un jugador de su (sobresaliente) talla.

Los Lakers cumplieron tan bien con su ajuste de separar a Harden de la posesión cuando toca tirar que hasta Russell Westbrook (25,8% de acierto este curso) probó más triples que Harden.

El siguiente dato es una bola de demolición: en los primeros 17 partidos de los playoffs, Houston promedió 51,6 triples intentados. Y en los dos últimos, solo 31,5. El plan angelino de cerrar el grifo está funcionando mejor que el negocio de las mascarillas a partir de abril.

Lo que denuncio en este texto no es tanto el desacierto de Harden por brío de su rival. Es más la percepción de que su hambre se había apagado. Con un fallo detrás de otro y tres faltas personales a principios del segundo cuarto, el MVP de 2018 se tenía que haber cenado el parqué. Ganas, que el resto ya llegaría. Hizo justo lo contrario.

Imperdonable, pues, muestra de un Harden al que sigue persiguiendo su ausencia de Finales NBA liderando a los Rockets. Durante años, tuvo enfrente uno de los mejores equipos de siempre; de acuerdo. Ahora, unos grandes Lakers, no digo que no. Lo denunciable es lo vacío que lució su espíritu el jueves.

(Fotografía de portada: Sean M. Haffey/Getty Images)


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