La inusual metamorfosis de Bruce Brown


En su análisis de la temporada de los Knicks Kike García decía de Julius Randle que muchas veces encasillamos a los jugadores y que esto es un error. Pues, como las personas, están sujetos a sufrir cambios y evoluciones. Esta misma temporada hemos asistido a un cambio drástico en Zion Williamson y su absorción de balón. Lo mismo que Giannis Antetokounmpo en dirección contraria. Volviendo a Nueva York, nada tiene que ver el actual Rose con el que fue el MVP más joven de la historia que, a pesar de la merma de las lesiones, sigue siendo un jugador diferencial de forma completamente distinta a la de entonces.

Todos, y con ellos la mayoría de jugadores que alteran su juego de forma notable, comparten algo más que sus evoluciones: el protagonismo. Randle, Zion, Giannis o Rose son jugadores de elevado peso creativo ya sea para anotar o generar juego para el resto. Sumar capacidad de bote es muchas veces el primer paso para abrir las puertas del resto de facetas que llevan a ser un jugador total. La infinita confianza que provee tener el balón en las manos sin que cunda el pánico alrededor le otorga al jugador cierta carta blanca para la improvisación, de la que surge el cambio y avance técnico hacia el control de distintas situaciones.

Por ello es mucho más usual observar estas reconversiones en jugadores en los que se atisba potencial de estrella. Bruce Brown desde luego no pertenece a este grupo de privilegiados. De hecho, cuando Detroit le escoge en el número 42 del Draft de 2018 se esperaba que con suerte fuese un jugador de rotación potable. Un base de dirección de juego y penetración aseado, pero sin pretensiones. Las circunstancias de la vida le han llevado a ser el alero titular del favorito al anillo durante las semifinales de la conferencia. Casi nada.

Ruta alternativa al cambio

Lo interesante aquí es el camino que ha seguido su juego para adaptarse a las necesidades de los Nets. De manera totalmente opuesta a los casos expuestos, el repertorio técnico de Brown prácticamente ha defenestrado el bote. Y, por si fuera poco, reduciendo sus intentos de tres a la mitad. El ahora combo guard se ha convertido en un gran intérprete sin balón, habilitándose siempre en distancias medias que las actuales defensas tiendan a poblar poco. Desde unos pasos por delante del tiro libre es donde Brown siempre habilita su último impulso, que rara vez no llega en carrera, ya sea bandeja o floater.

En cifras de NBAStats, Brown ha pasado de promediar 8,5 penetraciones con bote el año pasado a 1,8 durante la actual temporada. El curso pasado tocaba el balón 55,9 veces por partido a razón de 4,53 segundos cada uno y utilizando una media 4,12 botes cada vez que contactaba con el cuero. Sus números de regular este año son 39,6 toques, 2,16 segundos y 1,38 botes. Datos que reflejan a la perfección esa regresión en su juego con el esférico, aunque su anotación solo haya descendido 0,1 puntos por partido.

El tercer partido de la serie que actualmente disputan Nets y Bucks es el mayor ejemplo de lo que puede aportar el nuevo Brown. Durante el primer cuarto —en realidad durante la mayoría del partido— la defensa de Milwaukee consiguió atosigar las acciones en aclarado de Kevin Durant y Kyrie Irving, que acabaron precipitando una gran cantidad de acciones. Los once puntos anotados en ese primer periodo por los Nets son el peor dato que han registrado en toda la temporada.

Sorprendentemente, los neoyorquinos consiguieron desahogar el juego en el segundo cuarto utilizando como principal recurso el pick-and-roll con Bruce Brown poniendo la pantalla y continuando hacia su zona favorita. Con esta sencilla secuencia Brown se fue a los 10 puntos anotando cinco de los seis tiros que realizó en el cuarto, fallando únicamente un triple. Fue también el segmento en que los Nets más asistencias repartieron, consecuencia de las líneas de pase que facilita su inteligencia sin balón.

Esta metamorfosis total de su juego es inusual a varios niveles. Primero, porque los jugadores secundarios que renuncian a cierta cuota de balón suelen hacerlo con el fin de ejecutar más triples y abrir la pista. Ahí está el claro ejemplo de Brook López, que sustituyó su juego en el poste por tiros desde más allá del arco. Y en segundo lugar, por cómo reinventa los bloqueos sobre manejador en los que la pantalla la pone un jugador pequeño.

Normalmente este tipo de acciones se utilizan como una forma encubierta de aclarado. El poseedor recibe un bloqueo de un jugador pequeño para provocar el cambio de emparejamiento defensivo y atacar a una pieza más débil. Lo usual es que el que pone el bloqueo se marche pitando para limpiar esa zona o se abra rápidamente al triple para generar una primera duda en la defensa. Bruce Brown, siendo base de formación, pone el bloqueo para ejecutar una acción clásica entre base y pívot, aportándole los matices de finalización mencionados. Su robusto tren superior hace que las pantallas no sean mucho menos duras que si las pusiese un interior grande.

El hecho es que a partir de lo visto esta temporada, no cuesta imaginar a Brown en distintos roles a lo largo de los años. Siempre con su inteligencia espacial y aceptable capacidad defensiva por bandera. Hace un tiempo Rob Mahoney apuntaba de forma acertada en The Ringer que las lesiones de sus grandes estrellas han empujado a Steve Nash a hacer probaturas durante todo el año. Poco después el propio técnico descubría que Bruce Brown había sido la llave maestra de su ductilidad, al que definió como “una navaja suiza“.

(Fotografía de portada de Tim Nwachukwu/Getty Images)


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