Los Celtics y la reforma Brad Stevens

Exteriormente concebido como cuadro de estar por casa y de honores lejanos al fuego real, los comienzos de abril han dado con los Boston  encaramados a la tercera plaza del Este. Esta misma noche, ante los Atlanta Hawks (01:30 hora española) dilucidarán sus opciones de podio ante el otro gran aspirante.

Sí, los, en octubre, solo amables y prometedores Celtics. Un grupo con un entrenador de 39 años y cuyo papel protagonista en la cancha no supera el 1,75 de altura está a las puertas de las 50 victorias (47-32). Luchando por las medallas en la Conferencia Este. Y ¿qué ha pasado, cómo han llegado hasta ahí?

Sencillamente, cada micra de los Celtics es mejor con  al aparato. El conjunto de Massachusetts ha levantado una curiosa estructura repleta de excedentes de otros tiempos y equipos, de temporadas pasadas, pero que encajan de muy buen grado en Boston.

Jugadores rebotados

, por ejemplo, es viva voz del apetito ‘verde’ este año. Con grandes temporadas a sus hombros, ni Kings ni Suns consideraron su validez para sendos proyectos. Ahora mismo, agrupa 18 partidos con 20 o más puntos, la dinámica más abultada en ese nicho estadístico a excepción de la de Kevin Durant (que lleva más de 60 noches seguidas). También ha sido All-Star y promedia 22,4 puntos o 6,2 asistencias.

Otro arquetipo de la restauración de Boston es el eterno ‘in-encasillable’ . Ni en Philadelphia ni en Indiana, ha tenido que ser Boston quien le apadrine con el espacio de la importancia.

Y sigue, como con estos casos, el patrón de jugadores rebotados de otros proyectos. Jae Crowder, Amir Johnson, Jonas Jerebko o, en un grado menor, Tyller Zeller también acudieron a terapia en Boston. De vagabundos NBA (unos más que otros), a añadidos rentables en los Celtics.

Luego, , Kelly Olynyk o Jared Sullinger no tuvieron que hacer de tránsfugas, pero sus cotas están bastante por encima de lo que podía pronosticarse sobre ellos a estas alturas.

El denominador Stevens

Todos los que han pasado por consulta convergen en el mismo punto de encuentro: el psicólogo Brad Stevens. Hasta el más recóndito retal de los Celtics actuales realiza una mejor labor con el técnico en el banquillo. Es decir, comparando cada productividad con la etapa anterior a las órdenes de Stevens.

Con su joven preparador, Boston calza ya mayoría de edad en defensa (cuarto mejor equipo cada 100 posesiones), ataque (cuarto mejor ataque NBA con 105,9 puntos) o el hambre y agresividad de competir contra cualquiera. Pudieron con los Warriors en Oakland, no se olvide el detalle.

El colectivo

Y todo ha llegado con Stevens (uno de los futuros nominados a Coach of The Year) a los platos. Sin una superestrella (Thomas ha sido All-Star pero no da para eso aún) y una descentralización excelsa en cuanto a juego de equipo e importancia de todos los elementos, los Celtics se han reinventado, han bautizado su reforma. Todo suma y cada uno sabe bien cómo hacerlo.

La reforma puede explicarse en las siguientes claves: velocidad (terceros en más ataques por 100 posesiones), atrevimiento (no hay más que ver a Isaiah), colectividad (circulación de pelota y reparto de importancia), combatividad (energía, actitud) y defensa.

Así, con su peligrosidad disparada en cosa de unos meses, los Celtics pelearán esta noche con Atlanta Hawks (récord de 47-32 también) por la tercera plaza de la Conferencia Este. Una obra culmen, la de Boston este curso, pero inacabada y precuela de lo que pueda caer en años posteriores. Y eso, sin una superestrella que amilane el vestuario. El astro es Stevens.

 


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