Las consecuencias de no jugar en la burbuja de Orlando, ¿castigo o recompensa?


La NBA tampoco quedó exenta de sufrir las secuelas propias de una pandemia mundial que situó la sociedad patas arriba. Después de meses de incertidumbre, el comisionado Adam Silver optó por organizar una burbuja en Orlando sujeta a un estricto protocolo sanitario y una reducción del calendario con tan sólo 22 equipos presentes.

A pesar del documento detallado sobre las numerosas medidas a seguir para garantizar la seguridad de los miembros presentes, las dudas sobre su efectividad se mantuvieron hasta última hora. Posteriormente no se detectaría ningún positivo durante los tres meses que duró la estancia en Disney World, pero una nómina de jugadores decidió, por uno u otro motivo, no acudir a la reanudación de la temporada.

La amenaza por el COVID-19 empujó a algunos jugadores a priorizar la salud sobre el juego y el dinero. Además, otras preocupaciones adicionales, como el riesgo de las lesiones tras una pausa inusual, el cuidado familiar y las multitudinarias reacciones contra la injusticia racial amplificaron esta situación.


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