Lo que Jordan te da, Clarkson te lo quita


Existen jugadores cuyo estilo de juego tan particular polariza a los aficionados, eliminando el equilibrio propio del punto medio. O los amas o los odias. O un poquito de ambos, en función del escenario y el momento. El nombre que seguramente nos viene a la cabeza en primer lugar es el de Russell Westbrook, quien precisamente ha hecho historia al superar el récord de triples-dobles de Oscar Robertson.

En escalones más bajos se hallan otras versiones del actual base de los Washington Wizards, en distintos soportes, formatos y estilos. Incluso en la fría y conservadora Salt Lake City habita uno de estos jugadores. Porque ninguno de nosotros va a descubrir a estas alturas de la película a Jordan Clarkson. Un auténtico microondas capaz de desatascar cualquier partido en un par de chispazos pero también de sacar de quicio al aficionado más paciente cuando se empecina en tomar, de todas las decisiones posible, la que menos se adapta a las necesidades del partido.

Durante el duelo que enfrentó esta pasada madrugada a Utah Jazz y Golden State Warriors pudimos presenciar ambas versiones en los 35 minutos que estuvo sobre el parqué del Chase Center. El guard comenzó dando muchas de arena y ninguna de cal. En concreto, ocho triples sin acierto y otras tantas malas decisiones en situaciones de aclarado que elevaron la temperatura de las redes sociales hasta casi su punto de ebullición.

Sin embargo, nadie esperaba la explosión anotadora que protagonizaría en el último cuarto. Hablamos de 24 puntos (41 en total) para neutralizar un déficit de 18 puntos en poco menos de ocho minutos. Una desventaja que había alimentado con sus propias decisiones y que ahora compensaría el pleno éxtasis anotador. Otro capítulo más que añadir en su camino hacia el premio al Sexto Hombre del Año.

Los triples empezaron a entrar (ya son 91 partidos consecutivos de regular season anotando al menos uno) y dos ‘2+1’ consecutivos ponían nuevamente a Utah por encima. Completada la gesta, sin embargo, la historia no se tiñó de final feliz: Clarkson fallaría sus últimos tres intentos y Stephen Curry pondría la puntilla con un game-winner tras rebote ofensivo de Kevin Looney.

Dentro de esta montaña rusa de aciertos, sensaciones y escenarios, es difícil hacer una lectura concisa de la actuación de Jordan Clarkson: ¿devolvió un saldo positivo o negativo a su equipo? Si nos ceñimos exclusivamente a los números, el resultado es el siguiente: 41 puntos en 33 intentos con un 48,5% de acierto en tiros de campo y del 31,2% en triples. A mayores, siete rebotes pero ninguna asistencias y un plus/minus de -17, con mucha diferencia el peor del equipo (el siguiente dato es el -6 de Derrick Favors y ningún componente del quinteto inicial devolvió réditos negativos).

Sigamos más allá. Sus 33 lanzamientos suponen la segunda máxima cantidad de tiros llevados a cabo por un suplente. La primera, 34, data del 13 de febrero de 2019… también por parte de Clarkson, cuando militaba en Cleveland, según datos del Salt Lake Tribune. Así, su ratio de acierto fue de 1,13 puntos por tiro, inferior a la general del equipo 1,19.

No obstante, el baloncesto es un juego en equipo y no solo de las cuestionables acciones iniciales de Clarkson bebió la desventaja con la que afrontaron el último cuarto. No supieron aprovechar la ventaja de Rudy Gobert en la pintura, permitieron demasiadas pérdidas ante unos Warriors muy peligrosos en transición y el férreo marcaje de Royce O’Neale sobre Stephen Curry facilitó que otros jugadores camparan a sus anchas de forma más libre de lo habitual.

Además, cabe mencionar que el impulso tirador de Clarkson coincidió con la necesidad del momento y aprovechó la ausencia de los dos jugadores llamados a marcar las diferencias en estos momentos: Donovan Mitchell y Mike Conley. Así, el partido ofreció múltiples lecturas y todas igual de válidas. Y, en medio, Jordan Clarkson, para lo bueno y para lo malo.

(Fotografía de portada de Patrick Smith/Getty Images)


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