Lo que el verano se llevó


Una vez han comenzado todos los equipos a competir de nuevo por el trofeo Larry O’Brien, nos permitimos la licencia de mirar hacia atrás, a lo que aconteció en el mercado de agentes libres y de traspasos de este pasado verano, para observar la reseñable cantidad de pesos pesados de la liga que ya no visten la misma equipación que la pasada campaña. Han sido muchos los cambios, y algunos muy sonados.

Bajo el paraguas del análisis siempre tendemos a avanzar lo que vendrá cuando un jugador ficha por un equipo. Lo pasado, pasado está. Pero eso será en otros aspectos de la vida, en el mundo del deporte sí tiene un componente que merece la pena no relativizar.

Observar lo que los nuevos jugadores aportarán a sus franquicias es necesario, es más que obvio, pero no conviene perder de vista lo que esos mismos jugadores dejarán de aportar en los equipos a los que pertenecían. Una vuelta de tuerca que pretendemos desgranar con los movimientos más sonados.

Durant, la joya de toda corona

El ’35’ llevaba toda la vida allí. La misma franquicia, que empezó en Seattle y ahora tiene Oklahoma City. Y ha ido pasando por distintos escenarios, evolucionando tanto él como el juego de sus compañeros. Pero siempre, tanto antes como ahora, se ha movido por un patrón: el ser un anotador compulsivo.

Con Brooks no era igual que con Donovan, con Harden no era lo mismo que con Roberson, pero era la referencia tanto de la fluidez como de ritmo en ataque. Sí, él y no Russell Westbrook. De hecho, el freno para el base lo compró el mismo Durant. Cuando faltó por lesión se notaba mucho, ya que la selección de tiro es lo que Westbrook más ha necesitado pulir en los últimos años por su falta de autocontrol cuando el balón corría.

Por otra parte, Kevin Durant sacaba de muchos apuros a OKC. Cualquiera que vaya a “sustituirle” no podrá. Quitando a un Ibaka que evolucionó en tirador, sus compañeros interiores siempre han sido más toscos que finos y él les abría un abanico de posibilidades pidiéndoles bloqueos en el centro de la cancha. La asombrosa capacidad de desborde a sus defensores era un caramelo para los compañeros que esperaban sin marca en el otro lado del campo, ya que o 2vs1 o hasta doble ayuda eran menester si se trataba de parar el camino de Durant hacia el aro. Por eso, dejando de lado sus tiros con la mano del defensor encima o sus suspensiones tras pick&pop, quedarán en la retina los tiros librados de Sefolosha o las continuaciones de Perkins.

Ahora le tocará otro estilo, pero en Oklahoma deja un verdadero solar. Los Thunder siguen siendo un muy buen equipo, no se engañen, pero los ítems específicos que Durant aportaba a la lista de tareas del equipo no lo podrán volver a saborear en mucho tiempo (salvo que fichen a LeBron).

Hoiberg echará de menos a Pau

Una experiencia vital. Una ciudad importante. Un equipo histórico. Y poco más. Eso es lo que se lleva Pau Gasol de Chicago, porque ha sido más un entretenimiento que un objetivo. Así se ve con el tiempo tras todo lo ocurrido.

Fred Hoiberg se enfrenta ahora a un dilema. Ya no sabe si su equipo tiene que correr o no. Por lo que han fichado y por lo que se fue, que en el caso de los Bulls ha supuesto una renovación casi completa de las piezas más llamativas del engranaje. Pau le aportaba esa diversidad de opciones que pocos consiguen. En transiciones y a la hora de empezar el estático, el mayor de los Gasol sabe qué hacer y tiene armas para hacer daño por varios flancos. Sólo Bobby Portis puede parecerse en alguna ráfaga temporal a esto, pero sin la templanza que la amueblada cabeza y la veteranía han otorgado al de Sant Boi.

Taj Gibson ya tiene más minutos y Nikola Mirotic se podrá ir olvidando de jugar como ‘3’ (por el momento). Eso puede ser positivo tanto a nivel individual como colectivo, se reponen roles, pero la pérdida de la inteligencia de un interior como Pau Gasol afectará negativamente a los pintorescos esquemas de Hoiberg en Illinois.

Bogut no es Pachulia

Un caso parecido al de Pau Gasol es el de Andrew Bogut. No para el implicado, al que disfrutarán en otro sitio, sino para el lugar de donde viene. Fue por necesidad, ya que los Warriors necesitaban deshacerse de ese contrato para pagar a Durant, no porque no les haya sido rentable el australiano.

Pese a que no fue un traspaso como tal, Zaza Pachulia y Andrew Bogut intercambiaron equipos. El primero, a los Warriors; el segundo, a los Mavericks. Un ‘pieza por pieza’ nunca fue tan engañoso.

Sí, hay similitudes. Más que diferencias. Pero es que esas diferencias son insalvables. El damnificado, el actual subcampeón de la competición. Pasa del caviar al sucedáneo.

Con Pachulia los Warriors ganan una seguridad física que no se puede cuantificar, ya que el lesionarse o no es algo que no se puede controlar, y defensa, aunque no sufrían con ello. Pierden al poste, tanto arriba como abajo, y sobre todo en el summum que Kerr quiere alcanzar con las circulaciones de balón, ya que Zaur entorpece cualquier posibilidad en la que él sea el que potencie la jugada.

Y viceversa con Bogut. En el juego alegre de Golden State ya no hay cabida para un pivote imaginativo.

Wade y la nostalgia

En Dwyane Wade hay que destacar por encima de todo la figura de líder, de institución. Wade deja Miami, la que siempre ha sido su casa en esta liga, para irse a su casa de verdad, Chicago. En los Heat deja todo tipo de recuerdos, casi todos positivos.

La desbandada ha sido importante en Florida. No sólo Wade, también Deng (y próximamente Bosh). La recontrucción a fondo va a ser necesaria, ya sin nigún superviviente de aquel Big-Three ganador.

Wade venía además de una temporada donde su espíritu había resurgido: más fresco, más contundente, más decisivo. Más de una década siendo el alma máter de Miami Heat se acaba este año.

Tyler Johnson asumirá parte del papel. Lo lógico es que le quede grande. Templanza, contacto en penetración, tiros desde cinco metros y decisiones acertadas, eso es lo que Spoelstra debe suplir en la medida en que encuentre a alguien adecuado para ello.

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De Horford a Dwight

Uno de los que más deberá replantearse la posición de pívot, una constante en este repaso, es Mike Budenholzer. Su equipo, Atlanta Hawks, pierde a Al Horford. Esta plantilla había logrado un equilibrio en el que el dominicano era una parte fundamental, sin una estrella definida pero con una idea de juego que ejecutaban con brillantez.

De nuevo, el pívot versátil. Además era acompañado por Paul Millsap, otro que tal baila. En esta nueva era en la que se tiende a tener cinco jugadores pequeños. Horford es un superviviente que se ha hecho a sí mismo. Budenholzer es de la escuela de Popovich, impuso el juego de circulación máxima y Horford se adaptaba a ello como el que más. Sus armas: buen juego de pies en poste, líbero perfecto para conatos de zonas, buen tiro de medio rango y triples liberados, agilidad en pase y penetraciones a canasta con dureza. Un diamante para un entrenador que quiere jugar alegre.

Han fichado a Dwight Howard para sustituirle, alguien que está en las Antípodas de lo anteriormente comentado. Un Howard que sale escaldado de Houston Rockets, donde Harden renegaba de su comportamiento por encima incluso de lo ya poco que aportaba al equipo. Deja allí a Clint Capela, un Howard 2.0 pero moldeable como D’Antoni y The Beard prefieran.

“Hay que saber de dónde venimos para saber adónde vamos”


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