Los grandes “olvidados” de la agencia libre

Apenas nos dio tiempo a pestañear un par de veces y lo más codiciado de la agencia libre ya volvía a estar bajo candado. En cuestión de días, los peces gordos del mercado amarraron su nuevo equipo, los equipos hipotecaron su futuro y el futuro se llenó de cuantiosos contratos a la espera de que los firmantes estén a la altura de ellos.

Aquellos (insensatos) que optaron por contemporizar, ver y observar, comprobaron como jugadores franquicia y segundos espadas apenas se detenían a degustar las mieles del lisonjeo y la seducción. Las reuniones se sucedieron, las pujas no tardaron en subir, y uno a uno los acuerdos (con nuevos destinos o contratos de renovación) se fueron cerrando hasta que apenas han quedado peces en el mar. En un soplo temporal, tan sólo un mes, el 80% de la agencia libre ha desaparecido del escaparate. Y ahora, queda ver si entre los restos aún queda algún chollo, algún diamante disfrazado de circonita, o solo saldos, óxido y migajas.

La imparable dirección que ha tomado la ‘free agency’ haría pensar que, quien no tiene ya un nuevo contrato en vigor es porque, probablemente, no ha despertado el suficiente interés de ninguna franquicia.

¿Realmente todo lo aprovechable ha firmado ya?. Si rastreamos ese 20% restante no tardamos mucho en encontrar nombres que sorprende, cuanto menos, verlos ahí. Más sorprende todavía su situación; su estancia en este limbo fenicio no es debido a que la subasta se esté alargando más de la cuenta, más bien todo lo contrario. En los rumores, en ese tanteo de cifras mareantes, en las idas y venidas de directores deportivos en busca del broche final a sus rotaciones, sus curriculums no suenan ni figuran, siquiera, entre los posibles.

Sin haber decretado todavía su elección, hay un buen lote de jugadores sabedores de que su futuro inmediato pasa por la NBA si así lo desean, y es solo cuestión de tiempo que elijan franquicia: Tristan Thompson (Cavaliers), (Cavaliers), (Clippers), (Pelicans), Jason Terry (Rockets),  (Lakers),  (Pistons) etc. Pero, ¿qué hay del resto?.

Quizás el mas relevante y más cueste comprender su orfandad de equipo. Marcado con fuego por su díscolo carácter, parece que ni su paso por China ni su renacer en los Miami Heat, en los que demostró ser todo compromiso, han sido suficiente. Elegido en el nº2 del Draft 2008, su insultante facilidad para anotar es vox populi. Nunca alcanzó el elevado listón que se le presuponía tras salir de la universidad, pero sus cifras no son malas en absoluto. En sus dos años en Miami promedió mas de 14 puntos, y al año siguiente en los Timberwolves, luciendo titularidad, se fue hasta casi los 20 puntos por noche. Desde entonces sus minutos empezaron a verse reducidos y, con ello, sus números.

Tras una mala campaña en los Suns volvía, reconvertido y con la intención de demostrar su madurez, a unos Heat aspirantes. Asumió su papel en el banquillo y cumplió con el rol anotador cada vez que salió al parqué. Tras 55 partidos, 15 minutos de media para 7,9 puntos, 3,1 rebotes y porcentajes del 49,9 en tiros de campo y 39,9 desde la línea de tres. En esa línea desconcertó que lo usara sólo en 4 envites en Playoffs. No obstante, los Grizzlies se fijaron en él, pero su idilio fue una veleidad, siendo despedido sin llegar a debutar y empujando a Beasley al ya famoso éxodo de jugadores norteamericanos rumbo a China. Medio año (y 59 puntos y 11 rebotes en su correspondiente All-Star chino) después, aterrizaba por tercera vez en Florida.  En esta ocasión, 8,8 puntos y 3,7 rebotes en 24 partidos y 21 minutos.

El 28 de junio de este año se repitió la historia, y desde los despachos decidieron no ejercer la opción de equipo que tenían sobre Beasley. En pleno corazón estival, y con varios equipos escasos de anotación, sobre todo en segundas unidades, roza el surrealismo que no haya dentelladas por un jugador que estaría dispuesto a firmar por el salario mínimo.

Se convirtió en uno de los mejores socios de Jeremy Lin durante el fenómeno ‘Linsanity’, lo cual, sumado a otra notable campaña en su año rookie en Nueva York, además de facilitarle ser parte en el Team Shaq del  Rising Star Challenge 2012, le granjeó un gran contrato de 20 millones en 3 años en los Toronto Raptors.

Desde entonces un bajón en su rendimiento sumado a un cúmulo constante de lesiones (107 partidos en 3 temporadas) que le han conducido al paulatino ostracismo en el que se haya. El alero se encuentra en plena madurez baloncestística (27 años), pero su nombre se ha difuminado de las quinielas, y la esperanza de recuperar a aquel jugador consistente del Madison Square Garden, también.

Andrew Bynum

Si en 2012, tras ser elegido como pívot titular para el All-Star Game, nos hubieran dicho que a estas alturas sería un proscrito de la NBA, pocos lo hubieran creído. Del joven de 17 años que irrumpiera en la NBA con desparpajo y paso firme poco debe quedar ya. Llegó con la intención de comerse el mundo, y durante unos años lo hizo, tiempo en el que se engastó dos anillos de Campeón de la NBA.

El 10 de agosto de 2012 en que se realizó el espectacular acuerdo a cuatro bandas que involcuró a Dwight Howard,  Bynum era arrancado de Los Angeles, donde ya se las veían venir, y vomitado en Philadephia. Su atraque en los 76ers llegaba cargado de rumores sobre sus rodillas, hechas de cristal. Dolor e hinchazón, maltrechos cartílagos, y lo peor, su torpe pasión por los bolos y una cuestionable actitud para cuidar su recuperación.

Quiso hacer borrón y cuenta nueva; primero en Cleveland y luego en Indiana. En ese tiempo nos quedaron claras dos cosas:

  • Que su calidad sigue intacta.
  • Que es posible que no se haya inventado aún tratamiento alguno para que sus rodillas le dejen volver.

En los Pacers, sin ningún ritmo de juego, mostró evidencias del jugador que nos estamos perdiendo: 11,5 puntos y 9,5 rebotes en sus dos únicos partidos. Su última intentona data del verano pasado, cuando probó suerte en unos entrenamientos con los Clippers. Pero sus rodillas parecen haber dicho basta y, a sus 27 años, no sabemos si de manera definitiva.

Otro caso Bynum pero mucho más grave y precoz. Este gigante de la NBA, llamado a dominar la pintura a placer durante una década, se nos quedó, demasiado pronto, en profecía incumplida.

El milagro parecía posible cuando los Heat lo rescataron de entre las muletas. 5-10 minutos a buen nivel parecían viables durante la primera temporada. Las cosas se estaban haciendo bien y con mimo; 6 puntos (2 mates) y 2 rebotes en su primera aparición 4 años después eran motivo de sobra para estar ilusionados. Tuvo sus oportunidades —breves— durante el curso, parones más o menos largos combinados con alguna titularidad. Y ahí quedo la cosa. De vuelta a la rehabilitación.

A esta experiencia le siguió otro año de barbecho en el que su nombre, en lugar de salir en titulares para otro posible retorno, despuntó por protagonizar un incidente de violencia doméstica con su ex-novia.

Y ahora, como un susurro eterno que se resiste a cobrar solidez, vuelve a despertarse el interés de algunas franquicias convencidas de que alguna chispa le debe quedar a este mechero sin piedra. Oden ha estado entrenando para los Memphis Grizzlies, formando parte de un ‘mini training camp’ junto a otros pívots que buscan labrarse un futuro en la NBA. Las sensaciones no debieron ser del todo negativas, pues a continuación estuvo trabajando también con los Charlotte Hornets y los Dallas Mavericks.

El cuento de nunca acabar, pero que aun podría regalarnos un final (el amargo ya lo tenemos) agridulce.

Las lesiones. No hay otra palabra para explicar como se torció fatídicamente la carrera de este jugador cuando pasaba por su pico más alto. Su trayectoria estaba en punto muerto en los New Orlean Hornets, pero entonces llegarón los Lakers y sacaron de su estancamiento a todo un nº12 del Draft. Tras una notable pretemporada se destapó con actuaciones más que destacadas en los primeros compases de la liga, incluyendo el día de su debut con 22 puntos en la victoria ante Los Angeles Clippers.

Sin embargo, las lesiones se cebaron con él haciendo que se perdiera 39 partidos de la temporada regular. Sufrió lesiones tanto en la muñeca izquierda como en la rodilla derecha, y para poner la puntilla se rompió el tendón de Aquiles. Lo que Byron Scott intuía como un mal augurio parece que se ha consolidado; Xavier Henry no ha vuelto a ser el jugador que era antes de lesionarse. Como decía el coach: “No es ese jugador explosivo que solía ser. No sé si podrá volver a serlo. Siempre me encantó su capacidad atlética y su forma de atacar la canasta”.

En diciembre de 2014 los Lakers tomaban la decisión de cortarle para contratar en su lugar a , y desde entonces deambula sin equipo tratando de volver a encontrarse. Solo tiene 24 primaveras.

Sanders, viviendo la prejubilación soñada (cerca de 20 millones en 7 años), dijo adiós por el momento al baloncesto, y a día de hoy no ha vuelto a golpear la aldaba. Sumido en un agujero profundo (drogas, depresión, despilfarros), el ex de los Bucks decidió que no podía seguir jugando al baloncesto y salió dejando la puerta entornada.

En la campaña 2012-13 se asentaba como uno de los referentes defensivos de la liga con 9,5 rebotes y 2,8 tapones por encuentro. Pero los Bucks agotaron su paciencia y Sanders perdió la fe. Ningún equipo, viendo su delicada situación, ha tratado de convencerle para una vuelta precipitada, y será Sanders quién, llegado el momento, tomaría las riendas de nuevo para una segunda oportunidad: “Amo el baloncesto. Estaría siempre jugando al baloncesto, pero que en este momento consuma tanta parte de mi vida y de mi tiempo… No es para mí, no vale tanto la pena”.

Y muy lejos…China

El país más poblado del continente asiático se ha convertido en tierra de redención, en un Resort para indómitos o en una Summer League vitalicia y bien remunerada para un grupo, cada vez más creciente, de exiliados NBA. El problema es que jugadores de talla sobrada para tener protagonismo—e incluso ser titulares— en varias franquicias de USA, optan por el camino fácil y la senda del acomodo. Donde algunos allí ven recuperación y desquite, otros otean su temprana pensión.

parece que ya ha tenido aventura suficiente y tras pasar por los Fort Wayne Mad Ants de la D-League, ha formado parte de la plantilla de los Mavs en las Ligas de Verano para tratar de hacerse un hueco en el roster definitivo.

Otro que no tiene tan claro su retorno, y habría que preguntarse seriamente por la nula capacidad de persuasión—o incongruente tacañería— de las 30 franquicias de la NBA, es Andray Blatche. Contrastado ala-pívot, poseedor de una desmedida calidad para su tamaño y unos movimientos al poste que roza el pecado no poder disfrutarlos en la mejor liga del mundo.

En el mes de marzo estrechó sus lazos con el gigante oriental a razón de 3 años y 7,5 millones de dólares. Mientras, en Estados Unidos, viéndolas pasar para, quizás, en el mejor de los casos, tratar de reclutarle la próxima primavera con los Playoffs en el horizonte.

Paciencia y crédito. Octubre queda lejos y tiempo para recapacitar, abunda.


EXTRA NBAMANIACS

Suscríbete a nuestra publicación especial y consigue acceso a contenido adicional como artículos y podcast.

NBA sin publicidad, sin amarillismos, sin clickbait, sin palabras clave, sin chorradas. No dejes que un algoritmo te diga lo que debes leer.


Anterior

El Team USA anuncia los 34 elegidos para su ‘minicamp’

Toney Douglas firmará con los Pacers

Siguiente